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LA ESPAÑOLA CONQUISTÓ WIMBLEDON (7-5 Y 6-0) CON 23 AÑOS

Garbiñe arrolla a Venus Williams y entra en la historia

Garbiñe arrolla a Venus Williams y entra en la historia

sábado 15 de julio de 2017, 16:28h
Muguruza ha firmado un torneo espléndido que aceleró su rendimiento después de eliminar a la número uno de la WTA, Angelique Kerber.

El tenis español buscara este domingo su Grand Slam número 33, el segundo para Garbiñe Muguruza. La nueva referencia del deporte de la raqueta de nuestro país, de 23 años, buscaba en esta jornada coronar un rendimiento excelso en el All England Club. Al fin logró la pupila de Conchita Martínez comar sus nervios y la presión generada después de ganara Roland Garros para ofrecer toda su clase, agresividad y seguridad que la convierten en una de las jugadoras más peligrosas del circuito. Su confinaza se disparó en octavos de final, cuando remontó a la número uno de la WTA, Angelique Kerber, y sus rivales en cuartos de final y semis, simplemente, han sido barridas.

Pero el brete dominical, en pos el entorchado que a punto estuvo de conquistar en 2015, resultaba un examen más complicado que sus últimos triunfos resplandecientes ante Svetlana Kuznetsova y Magdaléna Rybáriková. No obtsante, la pista central de Wimbledon se engalanó para acoger la novena ocasión en que Venus Williams arriba a la final del campeonato britñánico (lo ha ganado cinco veces). "Lo que me sorprende es que todavía siga jugando, que tenga la motivación de jugar, y siga viniendo a los torneos. El hecho de que todavía tenga esa hambre. No me imagino yo así", comentó la hispanovenezolana sobre su rival de 37 años.

Arribó a la pista Garbiñe sabiéndose "mejor jugadora". La caraqueña aventuró el núcleo de su presente ganador y lo hizo en comparación con su derrota en la lucha por el torneo inglés de 2015: "Esa final salí bastante nerviosa, todo era nuevo, y además contra una de las mejores de la historia (Serena Williams). Ahora me siento más fuerte como jugadora, con mas solvencia, con mas confianza de haber hecho muchos resultados buenos antes de estar aquí, y más preparada". En efecto, el apartado mental ya no le juega en contra y eso le permite desplegar su irrefrenable tenis. Pero, en la previa, avisó: "Me veo con más oportunidades que hace cinco días. Quiero salir a la pista y pensar que puedo ganar y creérmelo. Pero Venus es de las mejores en hierba que ha habido y voy a tener que jugar muy bien".

"Voy a tener que tener acierto y salir a la pista lo más tranquila posible, tampoco hay mucho secreto", diagnosticó la española antes de salir a la hierba inglesa. A pesar de la similitud en los estilos de ambas contrincantes, la española habría de localizar la forma de revestir los 14 años de diferencia y el peso del cansancio como uno de los factores determinantes. Su tarjeta de presentación (sólo 39 juegos y un set cedido en todas estas semanas) le bastaba para resolver los nervios y las dudas. Ya se ha granjeado un estatus de favorita.

Se alzó el telón de la batalla desnudando dos de los parámetros clave: si los puntos se alargaban y la estadounidense debía desplazarse, sufriría; y si Muguruza conseguía domar a sus inseguridades podría resplandecer. Así, el primer juego fue ganado, desde el saque, por Venus, pero con dificultades. Sólo dos errores no forzados de la española le dieron aire. Y la caraqueña arrancó con una doble falta en el juego siguiente. Sin embargo, cuando entró en sintonía arrasó, por desgaste, a su oponente. Su primera subida a la red marcó la finura de piernas de la que goza.

Otro par de imprecisiones y un resto magnífico volvería a poner por delante a la jugadora que no gana un Grand Slam desde 2009. Le costaba más defender su servicio porque la hispanovenezolana devolvía la pelota y le obligaba a jugar una bolas más. La Williams, acostumbrada a resolver con latigazos precoces, se empezaba a mostrar algo incómoda. Y, al tiempo, Garbiñe allanó el 2-2 por la vía de los puntos gratis gracias a su tino en el primer saque y a prolongar los juegos gracias a las defensas pegajosas. Pero no iba a resultar sencillo: la americana autografió el primer juego en blanco para el 3-2.

A pesar de flaquear en el aplomo (firmó su segunda doble falta en el sexto juego) y el control de los errores no forzados (a estas alturas había cedido 7, por 3 de su rival), la española salvó la primera pelota de break y supo huir hacia adelante para volver a empatar el igualado set. Lo haría con su primer ace. Acusaría la frustración Venus, concedería sus tres primeras dobles faltas y sufriría para reaccionar. Daba la sensación de que la defensa de Muguruza se estaba metiendo en la mente de la múltiple campeona en Londres. Y, de hecho, rozaría la jugadora nacional la ruptura que confirmaría su sólida salida.

Con 4-3 las dos finalistas afrontaban el resto de la primera manga tras desaprovechar la oportunidad de distanciarse. Estableció un respingo Venus al verse contra la cuerdas, acumulando ganadores, pero Garbiñe supo neutralizar el oleaje reclamando la iniciativa. Mover a su rival y rematar en la red fue la hoja de ruta, plena de personalidad, que recuperó las tablas para el electrónico. Y un nuevo 40-0 en favor de la mayor de las Williams volvió a colocar la bola en el tejado de la española. Y la tuerca volvería a estrujar a la caraqueña con dos pelotas de break y de set en contra. Entonces, la personalidad de Muguruza estalló para fijar el 5-5 tras implementar una remontada con apariencia de inyección de moral.

De nuevo acusaría la frustración la americana. Concedió una doble falta más, mandó fuera y estrelló en la red una buena defensa de la española y ofreció a Muguruza una pelota de ruptura valiosa. Con la tensión por las nubes, la tenista nacional perdonó en primera instancia pero castigó los síntomas de cansancio de la veterana contrincante. Un ejercicio de achique extraordinario apagó el incendio de ganadores intentado por Venus y se puso en ventaja con el primer break y para el 6-5 y saque.

El carácter y la clase de Garbiñe le llevó a remontar el juego y a sellar para sí el peleado set inicial. Un globo in extremis, como respuesta a un soberano latigazo de Venus, que cayó en la pista zanjó la primera magna descriptiva (7-5). Fueron 51 minutos de tú a tú. Finalmente, el trabajo de erosión ante el estilo de puntos cortos de Williams reprodujo un aumento en la efectividad de la española, que llegó al parón con menos errores no forzados que su contrincante (10-15). Jugó mejor al resto, ganó más puntos en la red y corrió menos que la incómoda estadounidense. El plan estaba engrasado.

"Dejarle bolas cortas a media pista" estaba prohibido, confesó la española en la previa. Y se cuidaría mucho de evitar ese escenario, aunque la refrescada verticalidad de los cañonazos de Venus patrocinaron varios puntos sencillos por ese cauce en el arranque del segundo set. Quería acelerar y acortar el tiempo de juego la hermana mayor de Serena, pero las defensas de Muguruza desquiciaban la consistencia de la estadounidense. De este modo, en ese intento continuo por conducir la dinámica al pentagrama que más favorece a cada una, la española sobresaldría y arrancaría la segunda manga con un break. Provocado, ni más ni menos, que por una doble falta ajena.

La mentalidad dirigía el viento en favor de la hispanovenezolana. Las imprecisiones de la Williams eran una sangría que inscribieron el 2-0 con placidez. El orgullo provocaba algunos chispazos y borbotones inconexos de la lucidez de la americana en medio de una deriva protagonizada por la solidez de la aspirante a leyenda.

En esta ocasión no le fue abrasiva la presión por ganar a Garbiñe. Una derecha sedosa y dos passing (uno cruzado y otro paralelo) acomplejaron a Venus y le quitaron de su mapa los puntos en la red. Su agresividad, argucia para salir del hoyo en tantos torneos, había sido cercenada por la lectura de juego y la frescura anatómica de la española. Tres a cero, con Juan Carlos I disfrutando en el palco de un clínic psicológico y tenístico de la nueva bandera del tenis en nuestro país.

Defendiendo su saque con arrojo y sentido consiguió Muguruza ampliar la renta hacia el 4-0. Otro revés angulado sabroso derrumbó la enésima subida a la red infructuosa de la norteamericana, desorientada y fuera de eje. "Mis golpes siempre han estado ahí" pero los ha ido mejorando "con el paso del tiempo, pero el cambio más grande ha sido como saberlo llevar en los entrenamientos, dejar las quejas de lado", reflexionaba la española antes de la final sin saber que hoy iba a llevar a cabo ese crecimiento desde la ortodoxia. Y Venus bajó los brazos y su concentración desapareció para concluir con dos juegos en blanco y un 6-0 histórico. Acumularía la campeona ocho juegos encadenados tras salvar una bola de break en contra en el set inicial.

Ninguna jugadora española había logrado ganar dos Grand Slams diferentes. Muguruza rompió esa barrera histórica, negó a Venus la posibilidad de alzarse con el honor de ser la ganadora más mayor de Wimbledon y regresó, exitosa y más madura, tras caer ante Serena en al final de 2015. "No llores porque ganarás muchos trofeos como este", le consoló entonces la leyenda estadounidense. Este sábado se ha hecho realidad la profecía de la menor de las Williams.

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