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ISABEL II Y FELIPE VI

sábado 15 de julio de 2017, 17:38h
Juan Carlos I pronunció discursos en el Parlamento Británico, en la Duma de la Unión Soviética, en el Congreso...

Reproducimos a continuación un artículo publicado por Luis María Anson en el diario El Mundo.

Juan Carlos I pronunció discursos en el Parlamento Británico, en la Duma de la Unión Soviética, en el Congreso de los Estados Unidos de América, en la Asamblea de la República Popular China… Cuatro intervenciones extraordinarias para el Monarca que trasvasó a España desde la dictadura a la democracia y supo robustecer en todo el mundo, junto a su prestigio personal, la imagen de la nación que representaba.

Son tantos los problemas que amenazan a nuestra nación, fragilizada por el órdago de los secesionistas catalanes, que conviene reflexionar de vez en cuando sobre los incontables aspectos positivos de España, visitada el año pasado por 75 millones de turistas extranjeros. Vale la pena, por eso, subrayar el viaje, sabiamente preparado por Jaime Alfonsín y el Gobierno español, del Rey Felipe y la Reina Letizia a Gran Bretaña. Tras el encuentro en Tokio con el Emperador del Japón, que encarna la Monarquía más antigua del mundo, Don Felipe ha estrechado la mano de la Reina británica. Isabel II, que contempla desde sus 91 años un reinado ejemplar, supo en su día rectificar, conforme a las indicaciones del primer ministro socialista Tony Blair, y rendir a la Princesa Diana el homenaje que se merecía tras el accidente atroz que le costó la vida en plena juventud. Después de aquellos meses “horribles” en los que, astillado el matrimonio de Carlos y Diana, empalidecidos los días de amor y rosas, abrumado él por las heridas de la Historia todavía sin cicatrizar, encendidos en ella los ojos de cierva azul y engañada, las cenizas sexuales se derramaron sobre la Monarquía más firme del mundo que sufrió fisuras de relieve.

Isabel II consiguió, en un discurso memorable, que no se desvinculara la Corona del sentimiento popular. La Familia Real, lo mismo en Inglaterra que en Holanda o Noruega, es o debe ser, en cierta manera, la familia de todos los ciudadanos. Las hilanderas de la Historia no pueden tejer otros tapices en el siglo XXI que los de la voluntad popular. Porque el Rey está para el pueblo, no el pueblo para el Rey. “Que el reinar es tarea -escribió nuestro clásico- que los cetros piden más sudor que los arados, y sudor teñido de las venas; que la Corona es el peso molesto que fatiga los hombros del alma primero que las fuerzas del cuerpo”.

Todo esto lo sabe muy bien Felipe VI porque se lo explicó su abuelo, el inolvidado Juan III, y se lo enseñó Juan Carlos I, el Rey que ha encarnado uno de los cuatro reinados más grandes de la Historia de España, junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III. En el Reino Unido, en la nación de todas las vanguardias, recibe Don Felipe las máximas atenciones: la cena ofrecida por la reina Isabel II y el discurso ante el Parlamento Británico, sede de la soberanía nacional.

Por razones de edad, no parece posible que la Reina británica pueda devolver la visita a Don Felipe. Recuerdo muy bien cuando Don Juan Carlos y Doña Sofía la recibieron en Madrid, así como las dos cenas que se celebraron: la del Palacio Real, ofrecida por nuestros Reyes, y la del Palacio del Pardo, organizada por Isabel II, que quiso invitar a los sectores más representativos de la sociedad española. Estuvo impecable, por cierto, en su atención a todos, como lo estará Felipe VI y la Reina Letizia en este viaje al Reino Unido que engrandece la imagen de España.