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BLESA: CONDENAR EL DELITO, COMPADECER AL DELINCUENTE

miércoles 19 de julio de 2017, 12:49h
Las personas educadas en los principios del humanismo cristiano suelen atenerse a este criterio: hay que...
Las personas educadas en los principios del humanismo cristiano suelen atenerse a este criterio: hay que condenar el delito y compadecer al delincuente. En España, la envidia, el rencor, la frustración suelen desembocar en la triste práctica de hacer leña del árbol caído, de fracturar la presunción de inocencia, de golpear con saña al delincuente o al presunto delincuente. La pena del telediario se ha hecho rutina en la vida española.

Miguel Blesa se había convertido en un apestado. Nadie quería estar con él, hablar con él. Todos huían de contaminarse. Se le fustigaba sin piedad. Más dura será la caída. Estuvo muy alto en el mundo económico y descendió de golpe a los infiernos. Se necesita una entereza especial para resistir los embates de la opinión pública desbocada. Hacer frente al acoso de los medios de comunicación requiere de una fortaleza psicológica extraordinaria. Siempre he admirado la forma como Mario Conde resistió la persecución y la cárcel.

Acosado por todos, desdeñado por los que se llamaban sus amigos, ninguneado por los políticos del más vario pelaje, Miguel Blesa no ha resistido finalmente la presión sobre él ejercida. Durante varios años intentó defenderse y aguantó las acometidas. Desgraciadamente no ha podido más y se ha quitado la vida, si bien veo algunas zonas oscuras en el suicidio y tal vez se trate de un accidente. Todavía habrá algunos que aprovecharán la desgracia para ahondar más en sus delitos con el propósito de hacer daño a José María Aznar o al Partido Popular. Se equivocan. Ante la oscura penumbra del más allá, solo cabe la compasión, la tristeza y la oración. Que Miguel Blesa descanse en paz.