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PABLO IGLESIAS

sábado 22 de julio de 2017, 19:16h
Vaya por delante que estoy en las antípodas políticas e ideológicas de Pablo Iglesias y no sé si también...

Las redes sociales multiplicaron este artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo y que reproducimos a continuación.

Vaya por delante que estoy en las antípodas políticas e ideológicas de Pablo Iglesias y no sé si también en las culturales porque no recuerdo haber mantenido con el líder podemita conversación alguna. Escribo, pues, desde la objetividad, al margen de descalificaciones excluyentes.

Pablo Iglesias, que encarna el comunismo del siglo XXI, es uno de los políticos más importantes surgidos en España en los últimos tiempos. En un par de años, ha pasado de la nada a acumular 5.000.000 millones de votos y 70 diputados. Hay quienes le niegan el pan y la sal. Forman legión los que lo descalifican, los que vaticinan que naufragará en las próximas elecciones. Discrepo de raíz. Iglesias es un hombre muy inteligente, un político audaz y provocador, un profesor universitario prestigioso, un intelectual de notable cultura. Tiene, sin duda, defectos, como los tenemos todos, y los del dirigente podemita son bien conocidos porque sus rivales se encargan todos los días de subrayarlos. Durante las 14 horas de la moción de censura, demostró serenidad y solidez. Sin un aspaviento, sin un gesto de cansancio, desplegó su capacidad dialéctica, descargó su ironía, multiplicó sus sarcasmos y encandiló a los suyos. Ni Ciudadanos ni el PP deberían desdeñar la calidad política de Pablo Iglesias. El fundador de Podemos no es un ave pasajera ni una anécdota fugaz en la vida pública española. Permanecerá durante largos años.

No sé si será capaz de alzarse con la representación de la izquierda española, que es lo que pretende. El PSOE es todavía mucho PSOE. Pero, desde su leninismo flexible, está sometiendo a Pedro Sánchez a una eficaz lidia al natural, preparando la estocada hasta la bola, que es lo que temen muchos socialistas encabezados por Felipe González. La tentadora muleta de la presidencia del Gobierno está sabiamente desplegada y Pedro Sánchez terminará, quizá, por embestirla. Difícil anticipar lo que ocurrirá en las próximas elecciones generales. Está claro que en el actual Congreso la única persona capaz, con Sánchez como presidente, de articular la mayoría absoluta contra Rajoy es Iglesias. Gravísimo error, en fin, despreciar al líder podemita como hacen cada día destacados dirigentes de Ciudadanos y del PP.

“Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura. Destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie. Entrad en los registros de propiedad y haced hogueras con sus papeles, para purificar la infame organización social que padecemos. Levantad a legiones de proletarios, de manera que el mundo tiemble ante sus nuevos jueces. No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares. Destruid la Iglesia, luchad, matad”. Pues no. Estas palabras no fueron escritas por Iglesias para estimular a los indignados de Rodea el Congreso, sino por Alejandro Lerroux en 1906. Aquel político del extremismo radical cultivó el periodismo y dirigió el diario El País. Sin abdicar una sola de sus convicciones, supo moderarse poco a poco y llegó a ser presidente del Gobierno. Y además se estremeció en silencio ante los errores de la República excluyente que terminó provocando la guerra incivil.