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TRIBUNA

La crisis del Vaticano

Natalia K. Denisova
sábado 22 de julio de 2017, 19:46h

El debate dentro de la Iglesia católica es serio. Así al menos lo veo yo si presto atención a determinadas declaraciones. Recordemos. El día 9 de julio apareció en Il Mattino una entrevista al expresidente del Senado de Italia, Marcello Pera. Allí el político, liberal y católico, expresa su punto de vista sobre la actuación del Pontífice. Destacamos una frase que es la clave para entender la actuación de Bergoglio como Pontífice de la Santa Madre Iglesia Católica: “Todo lo que hace el Papa es porque detesta a Occidente, su aspiración es destruirlo y hace todo lo posible para alcanzar este objetivo. Como aspira también a destruir la tradición cristiana, el cristianismo tal como se ha realizado históricamente”. Marcello Pera no admite medias tintas. Puede parecer una exageración, sin embargo, el breve análisis de las declaraciones, las entrevistas y encíclicas papales para ver que su crítica tiene el mismo blanco: los regímenes liberales, los EEUU, el mercado y el capitalismo. Por el contrario, las referencias de Francisco a las dictaduras son tibias, nada críticas. El Papa no esconde sus preferencias, no trata como iguales a los Trump y a Maduro. Sólo hace falta comparar las fotos tomadas durante sus respectivas visitas para saber a quien recibe el Papa de buena gana o con distancia y desprecio. Además, su llamamiento a abrir las fronteras a todos los migrantes sin excepción, a lo que lleva no es al bienestar de todos, sino a la perdida del precario bienestar conseguido por los países occidentales.

Otro matiz a la situación grave que vive la Iglesia es el introducido por el breve discurso del Papa emérito. El día 15 de julio aparece en The American Conservative un fragmento del discurso que dedicó Ratzinger al fallecido cardenal Joachim Meisner, representante de los conservadores dentro del Vaticano y uno de los principales opositores del Papa Francisco. Las palabras de Benedicto XVI describen la situación de la Iglesia de siguiente manera: “Sabemos que para este ferviente pastor era especialmente difícil dejar su puesto en los tiempos como ahora, cuando la Iglesia se encuentra en urgente necesidad de que los convencidos pastores que son capaces de resistir la dictadura del espíritu de la época y que vive y piensa la fe con determinación. Sin embargo, lo que más me ha conmovido es que, durante el último periodo de su vida, él aprendió a olvidar y vivir de la profunda convicción que el Señor no abandona su iglesia, ni siquiera cuando la nave ha cogido tanta agua que está al borde de naufragar.” Añadamos a esto que Marcello Pera, quien tienen un libro escrito con Benedicto XVI, subrayó en su entrevista que la sustitución de la teología por la doctrina política que ha llevado a cabo el Papa, podría haber causado un grave conflicto dentro de la Iglesia. He aquí la completa coincidencia entre Marcello Pera y Ratzinger: la profunda crisis que la Iglesia tiene que enfrentar y que no puede ser resuelta eficazmente por un Papa politizado y que vive fuera de la realidad.

Ni el discurso de Benedicto XVI ni la entrevista a Marcello Pera han trascendido mucho en la prensa española ni tampoco mundial. Lo contrario sucedió con la información sobre los abusos en el coro de Ratisbona. El 19 de julio The New York Times y su fiel seguidor El País publican artículos sobre los abusos cometidos con más de 500 niños del coro, especialmente entre los años 1964 y 1994. Los periódicos hacen un especial hincapié en estas fechas porque es cuando el hermano mayor de Benedicto XVI, monseñor Georg Ratzinger, dirigía el coro. No lo acusan de delitos y reconocen que él desconocía los abusos sexuales, pero lo responsabilizan por no actuar frente a los castigos corporales severos.

No hace falta ser muy listo para concluir que las declaraciones de Marcelo Pera, del 9 de julio, y el discurso de Ratzinger del 15 de julio, por un lado subrayaron que la Iglesia con el Papa Francisco se está sumergiendo en un grave crisis, mientras que los medios de comunicación siguen en busca de escándalos pasados, que no faltan sin duda, para ocultar el principal escándalo: el actual Papa parece odiar a Occidente y su régimen democrático.

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