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Cuba: el olvido

miércoles 26 de julio de 2017, 19:49h

Punto de referencia ideológico de 1955 a 1971, Cuba ha pasado al olvido histórico. Ni siquiera la Venezuela chavista-madurista tiene como punto equidistante a Cuba. Con un sistema comunista, estatista, autoritario y cerrado, los puntos comparativos se refieren sólo a Corea del Norte y algunas dictaduras africanas, porque China, Rusia e Irán han tenido que abrirse a la modernidad tecnológica y sobre todo política, aun manteniendo restringidos sus sistemas de gobierno.

Cuba dejó de ser un referente para América Latina, después de que lo fue todo en los años sesenta. Revolución guerrillera en un continente forjado en la cultura de la guerrilla ideológica y elitista, la cubana fue una utopía intelectual; pero poco duró su tiempo histórico: los intelectuales que encumbraron a Fidel Castro, a la Revolución Cubana y al socialismo cubano, tardaron apenas doce años en llegar al desencanto para bajarlo del pedestal.

La responsabilidad, hay que decirlo fue mutua: Fidel Castro potenció a la revolución como un fenómeno cultural --la cultura revolucionaria en un continente sin esperanza y saqueado por la economía estadunidense-- y los intelectuales encontraron en el socialismo caribeño, festivo, ideológico, una parte del futuro del continente. El escritor chileno José Donoso cuenta en Historia personal del boom que en un viaje en tren a Chile al comenzar los sesenta el escritor mexicano Carlos Fuentes, después de escuchar a Alejo Carpentier hablar de la revolución educativa en la isla, afirmó que dejaría la literatura y que sólo escribiría de política y del futuro del socialismo. Y vale la referencia revisar los análisis de Mario Vargas Llosa en el The New York Times sobre Cuba como una utopía realizable.

Pero los intelectuales ascendieron a Castro al cielo de la historia y luego lo bajaron. Un análisis frío deja la impresión que esos intelectuales habrían buscado un pretexto para bajarse del tren cubano, del furgón de cola --referencia de Juan Goytisolo sobre el papel de los intelectuales en la política-- y lo encontraron en Heberto Padilla en 1971: el poeta cubano fue arrestado por la policía política de la isla, torturado sicológicamente y obligado a escribir una auto confesión incriminatoria. Los intelectuales que ensalzaron a Castro en los sesenta en ese 1971 lo defenestraron con dos desplegados en Le Monde. La respuesta autoritaria de Fidel fue la de siempre, sólo que ahora los escritores se dieron cuenta que el rey estaba desnudo.

Diez años antes, en 1961, la revolución en proceso de radicalización autoritaria por el acoso estadunidense, chocó con los intelectuales cubanos que la había apoyado: una reunión de Fidel Castro con ellos en junio mostró el rostro autoritario del socialismo: no se permitiría más la crítica, los intelectuales tenían que sumarse a la producción en las fabrica y campos o cantar loas al proceso revolucionario. En esa reunión que duró dos días, Castro hizo su pronunciamiento de definición de la revolución: “con la revolución, todo; contra la revolución ningún derecho”. Los intelectuales latinoamericanos miraron a otro lado en ese 1961.

En los años posteriores los intelectuales cubanos, iberoamericanos y europeos vieron pasivamente el endurecimiento cultural de Cuba, muy al estilo estalinista de la creación subordinada al poder. A finales de 1969 ocurrió un debate que debería de ser reactivado para entender los fracasos intelectuales ante el poder: en un artículo y una entrevista en la revista Marcha de Uruguay, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa fueron debatidos por el escritor colombiano Oscar Collazos; los dos primeros establecieron la tesis de que la creación literaria no dependía de la realidad y Collazos señaló que la realidad debería someter a la creación. Como punto culminante, Collazos escribió que el punto de referencia de la literatura debían ser los discursos de Fidel Castro, a quien calificó de intelectual.

Cortázar y Vargas Llosa notaron un enfriamiento en sus relaciones con La Habana, sobre todo con la Casa de las Américas como el centro de la agitación revolucionaria de la cultura. Los cubanos habían criticado a Cortázar por el intelectualismo y --dijeron-- evasión de 62: Modelo para armar, de Cortázar, y Cambio de piel, de Fuentes. El reclamo indirecto fue en el sentido que el llamado boom latinoamericano --irrupción comercial de escritores latinoamericanos en el centro cultural español-- había sido gracias al posicionamiento de la Revolución Cubana.

Gabriel García Márquez, cuyo nombre había sido incluido en los desplegados de 1971 sin su autorización, se desligó del grupo y prefirió la amistad personal con Castro, incluyendo algunos reportajes ideológicos sobre las luchas cubanas en Vietnam y Africa. Y Cortázar hizo hasta lo imposible por tener el perdón de Fidel, pero nunca lo logró, aun cuando sometió su literatura a los dictados de la realidad; su Libro de Manuel y su poema lamentable Policrítica a la hora de losa chacales fueron su aportación sumisa a la literatura de la revolución. Fuentes simplemente borró a Castro de sus referentes: ni elogios, ni críticas.

Al caer de la gracia de los intelectuales, la Revolución Cubana y Fidel Castro perdieron parte de su encanto intelectual y pasaron a ser un hecho real de poder. Entre 1971 y 1983 ocurrieron choques entre grupos procubanos radicales y dictaduras latinoamericanas. El punto culminante de Castro en América Latina fue la victoria en 1979 de la revolución sandinista, aunque su proceso de corrupción la ahogó en 1990. El fin de las dictaduras abrió un proceso de institucionalización política que ya no pasó por La Habana, salvo el apoyo político de Castro a Higo Chávez.

Este 26 de julio cumple Cuba cincuenta y ocho años de triunfo de la revolución y su control del poder, un año más en tiempo histórico que los cincuenta y siete que tuvo Cuba como país independiente. Sin Fidel, con Raúl Castro sin encanto y una revolución cubana que socializó la pobreza y quebró las expectativas, Cuba sigue sin esperanza.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5762 | Romel H. Zell - 29/07/2017 @ 01:29:19 (GMT+1)
    Tiene el valor de ser el único comentario que he encontrado sobre el 26 de Julio en los medios, salvo los cubanos, naturalmente. Tiene el defecto, para mi, de centrarse en los intelectuales y no en los que lucharon por una Cuba mejor que la existente en 1,958. R.

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