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LETRAS DESDE MÉXICO

¡Viva Juana!

viernes 04 de agosto de 2017, 20:16h
En el año 1965 Louis Mallé hizo en México una película malísima llamada ¡Viva María! No tenía nada de nada excepto el deslumbramiento de las dos mujeres más seductoras del mundo en la misma pantalla (ambas fueron sus amantes, para envidia del resto del planeta). Eso fue suficiente.
Brigitte Bardot y Jeanne Moreau. A una de ellas la conocí y aún no lo puedo olvidar. A la otra no y sigo arrepentido. Pero esa es otra historia. El asunto aquí es evocar el símbolo de Jeanne Moreau.
A diferencia de Brigitte, quien era como una pasión de fósforo, explosiva, incendiaria, con la rubia melena al viento y al desorden lúbrico, la Moreau era como una meditada concupiscencia. Si la Bardot daba la idea de un pecado venial, JM era el más mortal de los pecados. Dicho de otra manera: una era sensual, la otra erótica.
La sensualidad es un llamado, una voz arcaica, un murmullo reproductivo y biológico de siglos; el erotismo es destino; es vivir en el amor, es morir hasta el último aliento de la carne y el espíritu.
La escena más memorable de todas en las cuales admiré a Jeanne Moreau es quizá la más intrascendente de todas. No recuerdo siquiera en cuál de sus películas. Está frente a un espejo. Se arregla para una cita y la blusa le unta los pezones en la tela. No quiere mostrar sus mínimas protuberancias y se pone dos tiras adhesivas en los pechos. Erótico e inolvidable.
Jeanne Moreau fue amiga de Marguerite Duras. Como ella cometió todos los excesos en busca de una puerta liberadora por la cual pasear altiva en su condición de mujer libre. Por siglos esas circunstancias fueron incompatibles. La sumisión, el dominio femenino fue el pacto de los siglos. Hoy se ha roto.
--No creo en hombres o mujeres, decía la Moreau y con ella todas las autónomas del mundo: creo en personas. El sexo no es moral ni inmoral. Es, a veces, una cuestión biológica y en otras un puente para expresar el amor. El puente más largo, el más feliz, el infinito”.
La muerte de esta mujer nos hace recordar cómo la liberación sexual femenina abre el campo para la creatividad humana. Sin su libertad esta mujer no habría sido actriz, directora, cantante, escritora, pero por encima de todo no habría sido ella misma.
No sé si estas líneas en verdad sean suyas, las hallé en un rincón de la red. Si no las escribió para un amante como el de la Duras, con quien desde temprano todo fue demasiado tarde, bien pudo haberlo hecho. Es una carta de amor muy femenina.
“Claro que me encuentras más linda porque me encuentras más "mujer"... Me descubres cada día, me disfrutas y disfrutas a esta mujer en la que me has convertido, la que has enloquecido con la lengua y la rabia de tu encanto, cuyo cuerpo amasas una tarde y otra... Nuestro gran idilio”.
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