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POR LIBRE

El terrorismo de la CUP, alentado por Podemos

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 13 de agosto de 2017, 16:37h
No se trata de cuatro gamberros apedreando un autobús de turistas o pinchando las ruedas de unas bicicletas de alquiler. Las acciones de la CUP se han convertido en puro terrorismo, el bautizado como kale borroka, que estremeció el País Vasco hasta que ETA se rindió, aunque aún no se haya disuelto. Su objetivo es también el mismo: destruir y desestabilizar España para lograr la independencia de Cataluña o del País Vasco. Y ahí está Bildu que ha encontrado la oportunidad de volver a lo que más le gusta: la violencia callejera.

En realidad, la llamada turismofobia es una simple coartada. Antes fue la campaña contra la Fiesta Nacional, que logró que se prohibieran las corridas de toros en Cataluña y que muy pronto ocurrirá en Baleares. Podemos criticó las procesiones de Semana Santa y la Feria de abril de Sevilla, aunque luego se arrugó por miedo a quedarse sin votos en Andalucía. Porque para estos partidos radicales que se sitúan en la extrema izquierda y que se comportan como fascistas, España es el enemigo a batir.

La CUP, que tiene bajo la bota a Puigdemont y a todo el Gobierno de la Generalidad, está dispuesta a incendiar Cataluña como cortina de humo para lograr que se celebre el referéndum ilegal y forzar luego la independencia. Tiene diseñada con todo detalle la estrategia para extender la violencia callejera antes y después del 1 de octubre: manifestaciones, ataques a las sedes del PP, encierros...

Los proetarras de Bildu, que hasta hace poco protagonizaban la política vasca, se encuentran arrinconados y olvidados. El PNV, con Urkullu a la cabeza, se dedica a gobernar desde la moderación y la sensatez. Y no tiene reparos en pactar con el PSOE en Vitoria y con el PP en Madrid. El resultado no puede ser mejor: la economía se ha recuperado, se ha esfumado la dictadura del miedo impuesta por las pistolas de ETA y los abertzales se han quedado sin guión. A Otegui ya solo le hace caso Pablo Iglesias. Por eso, Bildu ha encontrado la oportunidad de salir del ostracismo siguiendo los pasos de la CUP con los ataques a los turistas.

Podemos se frota las manos con las revueltas callejeras, el mejor caldo de cultivo para sus intereses. Dañar al turismo supone dañar también el mayor negocio español, el que crea más riqueza y más empleo. Porque el partido morado nació por la crisis, pescando votos entre los desesperados, los parados, los desahuciados; amén de los radicales puros y duros. Como le dijo Rajoy a Iglesias, en el circo de la moción de censura, para Podemos, cuanto peor vaya España, mejor para sus intereses. La anunciada salida de la crisis supone una desgracia para las perspectivas electorales del partido morado.

También Pedro Sánchez disfruta desde la barrera contemplando el espectáculo. La crisis política provocada por el desafío secesionista y las revueltas callejeras de la CUP y Bildu, poniendo al Gobierno contra las cuerdas, le permite presentarse como el salvador de la patria con sus recetas de la plurinacionalidad y la reforma de la Constitución. Y por lo que parece, hay españoles que se lo creen. Al tiempo, por difícil que lo tenga, sigue soñando con ocupar La Moncloa de la mano de Pablo Iglesias. De modo, que, al igual que su pareja de baile, se apunta entusiasmado al "cuanto peor, mejor".

Y el Gobierno aparece abrumado. Ha encargado al Tribunal Constitucional que se ocupe de impedir el referéndum ilegal, aunque los independentistas ya han proclamado en todos los idiomas, incluido el español, que no acatarán las sentencias. Y para combatir la violencia callejera, el Ejecutivo ha encargado a la Abogacía del Estado que descubra y denuncie a los delincuentes, más bien terroristas. Rajoy, eso sí, asegura que no se celebrará el referéndum y critica con dureza los ataques a los intereses turísticos. Pero nadie sabe ni cómo impedirá el desafío secesionista ni cómo frenará la violencia callejera. Aunque le aterra, quizás no tenga más remedio que acudir a la Guardia Civil, como ha hecho con el conflicto del aeropuerto de El Prat, con gran éxito de crítica y público. Aunque, como era de esperar, la CUP y Podemos andan indignados. Pues doble éxito.

Si el verano transcurre caliente políticamente, el otoño puede ser un infierno para el Gobierno y para España. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias disfrutan como niños en la playa. Esperan agazapados su oportunidad de asaltar el palacio de La Moncloa. Y Rajoy con lumbago.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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