www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

Contra la islamofobia

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 20 de agosto de 2017, 19:05h

Amenazas de muerte - “Vais a morir” “putos moros”, “moriréis”- en la fachada de una mezquita en Montblanc (Tarragona). Vandalismo contra el consulado de Marruecos en Tarragona, cuya pared apareció manchada de pintura roja que parecía sangre. Un grupo de neonazis que rompen el minuto de silencio frente al Ayuntamiento de Madrid y exhiben una pancarta infame (“vuestro buenismo nos mata”). Otro cartel frente a una mezquita en Granada: “quien financia esta mezquita financia el terrorismo”. Un cartelón en un céntrico edificio madrileño ocupado por neonazis: “El islam destruye Europa mientras le abrimos las puertas”. Una mezquita en el Albaicín ha sufrido un ataque con bengalas.

Estos mensajes y estas agresiones deberían avergonzarnos como sociedad y preocuparnos como ciudadanos.

Los asesinos del DAESH que el jueves pasado sembraron la muerte en España quieren acabar con todo aquello en lo que creemos. Quieren convertirnos en lo que ellos ya son: unos desalmados, unos criminales, unos terroristas. Los yihadistas ya han optado por la brutalidad y la barbarie. Sus actos dejarán en ellos y en su recuerdo una huella indeleble de ignominia. Esa misma que acompaña a quienes los aplauden, a quienes los justifican y a quienes los apoyan.

No debemos convertirnos en lo que ellos ya son.

No cabría mayor victoria para los terroristas que una traición a nuestros valores. No habría mayor triunfo para el ISIS que una renuncia a nuestros principios. En el territorio bajo su control, el autodenominado Estado Islámico ha impuesto una tiranía sobre sus habitantes cuya extensión solo podremos conocer cuando se consume su derrota total. Desde la esclavitud hasta los degollamientos, no ha habido horror que estos asesinos hayan ahorrado a las personas por ellos oprimidas. Eso quieren implantar. A eso quieren someternos. En eso quieren convertirnos.

Frente a esa sinrazón, debemos plantar cara con la claridad moral de quien se sabe asistido por la razón y el derecho. La islamofobia los contradice a ambos. Al igual que el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, este discurso de odio es una traición al fundamento de nuestra civilización: la dignidad intrínseca de todo ser humano. Estas agresiones -cuya gravedad no ha de soslayarse- deben servirnos de aviso frente al peligro de convertirnos en algo que no queremos ser. A fuerza de miedo, de rencor y de ira, no venceremos a aquellos que se sirven del odio, el resentimiento y la violencia para alimentar el terrorismo. Debemos ser mejores que los propagandistas del odio.

He tenido la dicha de vivir junto a musulmanes. He trabajado con ellos, he reído con ellos y con ellos he llorado. Me han enseñado y me han hecho recordar mucho, muchísimo, sobre Dios, sobre el mundo y sobre mí. Algunos de ellos me honran con su amistad y su cercanía. ¿Hay que insistir, una vez más, en que la inmensa mayoría de los musulmanes condena el terrorismo? Me resisto a esa exigencia constante de autojustificación que se les pretende imponer después de cada atentado. Me repugna la condena colectiva que se hace gravitar sobre ellos por el solo hecho de la fe que profesan. ¿Hay que seguir recordando que el islam no es lo que los yihadistas pretenden? Estoy algo cansado de repetir que la Comisión Islámica de España y otras muchísimas organizaciones islámicas de todo el país han emitido comunicados de condena de los atentados.

Pongamos otro ejemplo. La Guardia Civil ha puesto un anuncio de la desaparición de una niña. Difunde la fotografía. La menor lleva velo. Llegan mensajes de respuesta tan miserables como éste: “Sí [sic] ha desaparecido será por algo, ni acercarse, puede explotar o te puede apuñalar”; “Yo no quiero que le pase nada, pero por mi esta [sic] bien desaparecida. No veo manifestaciones de ellos en contra de la barbarie. En fin [sic]”, “No quiero que a nadie le pase nada pero yo no gastaria [sic] un euro del dinero publico [sic] para buscarla, lo siento”.

Estos mensajes me indignan. No reconozco en esas palabras a la España acogedora, solidaria y valiente que plantó cara al terrorismo de ETA después de décadas de cobardía. No reconozco al país que envía mantas y alimentos en cada catástrofe humanitaria que golpea a nuestro planeta. No reconozco, en fin, a la sociedad libre y abierta en la que creo.

que España, Europa y Occidente deben volver a sus raíces humanísticas que nacen de la tradición judeocristiana y de la herencia de Grecia y Roma. Estos mensajes de odio son una traición a lo que esas raíces representan. Estamos en Occidente. Aquí una persona es libre de profesar la religión que quiera, de cambiar de religión o de no profesar ninguna en absoluto. Aquí no existen las culpas colectivas. Aquí uno responde por lo que hace, no por lo que es. Esto somos y, si nos traicionamos a nosotros mismos, pronto no quedará nada que defender frente al ISIS y sus cómplices.

Debemos hacer frente a los terroristas con la mayor fuerza moral de las sociedades democráticas, con la mayor confianza en el futuro y con la mayor fortaleza de nuestras convicciones, valores y principios, que reconocen derechos inalienables para todo ser humano. Debemos afirmar y defender quiénes somos y qué creemos, no traicionarlo ni dejar que otros lo traicionen. Ese es el Occidente en el que yo creo. Esa es la Europa que quiero construir. Esa es la España en la que me siento reflejado.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(3)

+
2 comentarios