TIRO CON ARCO
Un minuto de silencio
domingo 20 de agosto de 2017, 21:03h
Actualizado el: 24/09/2017 01:08h
Hay quien opina que los minutos de silencio son una cursilada que no sirve para enfrentar el terrorismo yihadista. No se han fijado en las virtudes de este pequeño ritual de respeto y homenaje a las víctimas, la principal de las cuales es que todo el mundo está, precisamente, en silencio. No es poca cosa, conseguir callar a algunos, aunque sea tan sólo durante un minuto. Durante ese tiempo, por ejemplo, no se escuchan idioteces como la de separar a las víctimas del atentado de Barcelona entre catalanes y españoles. Nadie opina, como es costumbre, sobre yihadismo e islam, ni sobre las consecuencias sobre el procés; no se dice nada sobre cómo afectará el turismo, ni se permite que alguien resalte, con sonrisa boba, que esto sí que es turismofobia. Nadie sugiere que las condolencias de Madrid eran más protocolarias que sentidas, como he leído en la prensa catalana. Tampoco se habla sobre noticias que resultan falsas, rumores o bulos, como las que proliferaron desde el primer momento. Ni se escuchan extrañas discrepancias sobre la operación policial entre el Gobierno y las autoridades catalanas. Ni reproches en una actuación que hasta ahora había evitado otros atentados. En silencio es como mejor se escucha la tragedia, que ya tiene todo un protocolo en Europa ante unos atentados que siguen una rutina, las mismas reacciones a los mismos ataques de terrorismo low cost repetidos a lo largo y ancho de Europa, los mismos mensajes corriendo por las redes sociales, la necesidad de tener que decir algo, algo sentido, algo importante, un lema, una consigna. En silencio no habrá debates, como los que también se han publicado en las últimas jornadas sobre si tener miedo o no tener miedo -ese fue el cántico que sucedió al silencio: no tinc por, no tengo miedo- para dar o no dar gusto a los malnacidos terroristas. Mientras se está en silencio no se escuchan las ya consabidas discusiones tan comunes en estos casos, a un lado los preocupados por la islamización, al otro los preocupados por la islamofobia. Los minutos de silencio, al menos durante ese breve instante, ahorran discursos precipitados, llenos de vagas generalizaciones, de tópicos. Soy consciente de que escribo días después del atentado -todavía no se puede escribir de otra cosa- y de que lo hago con incomodidad, porque ante una tragedia así, lo mejor es guardar silencio. Pese a las muchas evidencias de que un atentado de estas características podía producirse en cualquier momento, todos debemos intentar estar a la altura cuando llega.