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“¡No en mi nombre!”, pero con denuncias

lunes 21 de agosto de 2017, 10:22h

Nada más perpetrarse los brutales atentados en Barcelona y Cambrils, la comunidad musulmana asentada en nuestro país emitió un comunicado de condena. Y no fueron pocos los musulmanes que participaron en la concentración y el minuto de silencio de la Plaza de Cataluña. Ayer, miembros de asociaciones islámicas y de la comunidad musulmana se manifestaron en Barcelona y Madrid al grito de “¡No en mi nombre!” y coreando lemas como “Soy musulmán, no terrorista” y “El islam es paz”. Y el portavoz del Centro Islámico Camino de la Paz ha señalado que la comunidad islámica de Cataluña está preparando una nueva concentración que esperan más nutrida.

Bien está, sin duda, que se hayan producido todas estas muestras de rechazo de la criminalidad yihadista y de solidaridad con las víctimas. Las madres de los terroristas, en medio del llanto, han subrayado su repudio a la violencia. Así, la madre de Younes Abouyaaqoub -presunto conductor de la furgoneta asesina, y en busca y captura por las Fuerzas de Seguridad- ha declarado: “Quiero que se entregue. No quiero que maten a los demás, el islam no dice eso”.

Pero solo la condena cuando se producen atentados es insuficiente. En la batalla contra el radicalismo y la Yihad asesina son una pieza clave los propios musulmanes que deben mostrar con enérgicos hechos su rechazo a la violencia y su compromiso con la paz. Han de hacerlo sin necesidad de atentados con declaraciones, artículos y debates públicos en los medios. Constantemente. Y han de hacerlo de manera clara y decidida a través de información y denuncia en el mismo momento en el que sospechen de procesos de radicalización, que, obviamente, no se producen de la noche a la mañana y que, por mucho que quiera disimularse, ofrecen signos a las personas más cercanas. Los padres y familiares de los terroristas han dicho que “alguien les había lavado el cerebro”. ¿Pero no vieron nada en ellos de ese lavado?

¿Y los musulmanes de Ripoll no sospecharon nada del imán Abdelbaki Es Satty, presunto organizador de la célula yihadista de la localidad gerundense? ¿De sus extrañas desapariciones? Hoy se sabe que había viajado a Vilvoorde, en Bélgica, en su día uno de los mayores feudos yihadistas europeos, junto a Molenbeek, barrio de Bruselas, y que tuvo relación con algunos de los detenidos por el bestial atentado del 11-M en nuestro país.

En el mismo sentido: ¿dónde está el conductor de la furgoneta asesina y los miembros del comando que siguen huidos? ¿Quién les ha dado refugio?

Compartimos la consigna, “No en mi nombre”, pero sería mucho más real y efectiva si se acompañara de información y denuncias a la policía de los radicales que se arrogan matar en nombre de Alá y que ni por asomo piensan que “el islam es paz”. La Yihad es solo muerte y destrucción. Las propias comunidades musulmanas deben eliminar cualquier sombra de que en ellas pueda ejercerse una suerte de omertá, de ley del silencio.

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