Desde América, el atentado en Barcelona nos advierte tres cosas: Daesh/Isis/Estado Islámico ni están muertos ni se detienen. No importa como los denominemos. Que su modus operandi automotriz amenaza cualquier acera del mundo (y especialmente las europeas, sin duda) y que no caben miramientos, consideraciones ni defensoría de derechos humanos o libertades fundamentales donde en su nombre, inadaptados malparidos comenten estas barbaries.
La más mínima consideración terroristas lamentablemente ya suena a zarandaja cuando hay muertos de por medio.
Porque justamente la sabida defensa de derechos –a la religión, así clame odios desde e sus ministros, a preservar costumbres si suponen agraviar la cultura de acogida, a no integrarse en las sociedades de acogida, a no desear la renuncia a sus más bajos instintos cuando viven en un estado de bienestar mucho mayor que allí de donde provienen ellos o sus padres o sus abuelos, tanto monta, es el caparazón y el escudo bajo el cual actúan, buscando protegerse y torcer la esencia de todos esos principios para matar y luego lloriquear sus derechos humanos. Ellos o sus defensores, esos que sacan raja política al hacerlo, embaucando bobos que los secundan.
Decir mano dura a esos miserables malnacidos despierta resquemores en quienes defienden los derechos humanos bajo el argumento de que primero su respeto, luego pedir cuentas.
Me temo que en ese orden seguirán sucediendo atentados. Porque se envía un innecesario mensaje de debilidad, bien aprovechado por los terroristas. Porque se requieren ya medidas extraordinarias en situaciones extraordinarias. Y no digo contra toda la sociedad, sino contra quienes a los ojos de todos, la retan. Y desde antes de estrellar un vehículo contra una acera.
Y no, no es propagar el odio por respuesta al terror. Es frenar de tajo ataques terroristas allí donde pueden evitarse si no se permite que cuajen. ¿Qué tampoco? ergo respóndase ¿y para qué fue el atentado en Barcelona? Porque también merece responderse sin falsos pudores por parte de quienes lo perpetran y que no vengan con que es por llevar terror a todo el mundo y aleccionar. Den sus razones y posiblemente sean una de putrefacta intolerancia a la cultura occidental. Derecho lo tiene a sentirse agraviados, pero no a perpetrar atentados contra ella. Porque no sería parejo clamar el respeto que no pueden prodigar.
No se puede acusar a todo migrante o a sus descendientes de terrorista, pero igualmente no es posible denominar a todos de inocentes a priori. Y visto lo visto, menos. Y en efecto, ha habido terroristas locales que no eran descendientes de migrantes. Si es la palabra “migrante” lo que da escozor, ergo entonces pasemos a la siguiente: ¿ya es ciudadano? Con mayor razón aplique usted la ley más severa. Menuda tarea cribar la semilla buena de la mala para identificar terroristas. En eso consiste la fortaleza de los terroristas, sean o no islámicos, para seguir actuando. En eso consiste el fracaso de las palabras de Trump hace unos meses al decir que el Estado Islámico estaba a punto de caer. Pues va a ser que no.
Ni Trump y acaso buena parte de las sociedades modernas europeas. particularmente ellas, no acaban de enterarse que este terrorismo no morirá por la aniquilación de un país o de una facción. Por capturar sus banderas o por enjuiciar a sus líderes. Eso es lo que lo hace dramático y convierte en un galimatías buscar cómo abatirlo. Entiéndase que esos asesinos están en todas partes todo el tiempo. Que apuestan a un ojo por ojo y acaso va siendo hora de tomarles la palabra. O quizás no. Su actuar es de una modalidad nueva, es una nueva ruta que ya no puede ser atendida con viejos mapas, incluso con un respeto absoluto e inquebrantable a las libertades.
Ya desde los primeros atentados en París en años recientes lo dejaron claro los islamistas: Europa olería el miedo. Y donde digo Europa será el mundo entero. Francia lleva meses en estado de excepción. No alcanzarán bolardos y macetones en las aceras para evitar una nueva miserable manera de matar lanzado autos contra ellas.
No alcanzo a comprender qué es lo que los servicios de inteligencia no están consiguiendo. No puedo decir que están rebasados, pero algo no está cerrando el círculo contra los terroristas.
A España nadie le puede contar lo que es el terrorismo. Desde la miserable mentalidad de ejecutarlo y justificarlo en sus autores, hasta en los políticos que no lo condenan y medran buscando beneficiarse de ello. De las marchas antiterroristas a los anuncios eternos de desarme o de que también, dicen, ya están aniquilados, cuando que ahí siguen facciosos y separatistas. De la liberación de terroristas 30 años después y en plan de no arrepentirse al asesinato de ciudadanos de a pie. Ha visto todas las etapas.
Por eso confío en que sabrá enfrentar este nuevo terrorismo. Así se trate de esta modalidad tan sofisticada como impredecible hasta cierto punto. Un primer paso es que su clase política cierre filas. Es tiempo de unidad no de sectarismos. Y si en efecto, negarse o poner remilgos sirve de andanada contra Podemos, será culpa de Podemos, no de la sociedad española.
Y haré una pregunta a la alcadesa barcelonesa y al señor Puigdemont: ¿le contaron a Rajoy y al Rey en la Plaza de Cataluña sus planes antiterroristas en la nueva nación independiente catalana? Más les vale tenerlos porque los van a necesitar más que nunca fuera de la protección del Estado español que repudian. No los vimos muy enterados del tema, a decir verdad.
Desde el exterior expreso mis condolencias al pueblo español que no merece semejante agresión como la ocurrida en Barcelona. Deplorable y absolutamente condenable, como las mezquindades de ciertos políticos aplaudidores de los mismos que la han perpetrado.