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TRIBUNA

¿Ceguera o mentira?

Natalia K. Denisova
sábado 26 de agosto de 2017, 19:45h
Actualizado el: 28/08/2017 19:10h

El atentado de Barcelona ha marcado un hito. Nada seguirá igual después del fallido atentado a una docena de iglesias y la catedral del gran Gaudí. Las autoridades políticas y policiales tratan de salir del embrollo como pueden, pero su reputación está tocada, en algunos casos manchada por incumplimientos flagrantes de la legalidad y torpezas en sus actuaciones. Algunos no tienen reparo en mostrar su torpeza al decir que el cabecilla de la célula terrorista no parecía un radical porque vestía vaqueros… Dudo de que parecidas afirmaciones muestren la experiencia del funcionario en cuestión. También los altos cargos de los mossos han hecho afirmaciones extravagantes, por ejemplo, el número dos de esta policía no toma en cuenta las denuncias a los sospechosos de radicalismo porque él es un funcionario sumamente formal y serio y no le importan “las denuncias e informaciones que no le llegan revestidas en formularios correspondientes al caso”. Estamos ante un burócrata enloquecido. En realidad, autoridades, policías y funcionarios de la Generalidad han tenido un comportamiento propio de país tercermundista ante un atentado de esta magnitud.

Si las declaraciones de los políticos y policías nos plantean más interrogantes que soluciones, tampoco las manifestaciones de la gente de a pie son más tranquilizadoras. Verbi gratia, los familiares y cercanos a los terroristas de Ripoll nos plantean un grave problema con sus miradas azoradas ante la realidad de que sus hijos o amigos eran terroristas radicales. ¿Es posible no notar la radicalización de un ser cercano? ¿Porqué nadie de ellos ha notado nada? Ni siquiera la desgraciada trabajadora social que insiste que el “chico” era muy tranquilo y bueno. Dos son las
posibles conclusiones. Por un lado, podemos suponer que la trabajadora social no es apta para su trabajo, ya que no ha merecido ni una pizca de confianza de su pupilo, lo mismo que la desintegración de la familia, donde no hay verdadera confianza. Por otro lado, hay otra posibilidad: la aceptación de la radicalización de los muchachos por su entorno próximo. ¿Acaso no publicó el menor de los hermanos en facebook que quería aniquilar a los infieles? ¿Quién nos sacará de todas estas dudas?

Nos es imposible responder a estas preguntas ni vale la pena cavilar en vano sobre ello. Pero la ceguera en que estamos sumergidos es a veces temeraria. Hace unos días entrevistaron a un imam de Fuenlabrada quien reprochó a “los cristianos” por atentar y matar a los musulmanes. Cuestionable declaración. Me gustaría saber a qué atentado se refería el imam. La periodista pasó y no volvió a preguntarle a qué se refería. Tuve que ir repasando el pretérito más cercano, luego muy lejano, sólo pude encontrar que sí son muchos los musulmanes que mueren a causa de los atentados, pero éstos son ejecutados por los musulmanes, pertenecientes a una interpretación diferente del islam. Ciegos y mentirosos somos todos ora por no querer darnos cuenta de la realidad, ora por empeñarnos en ocultarla.

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