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TRIBUNA

Excuse me, ¿puedo hablar en español?

domingo 27 de agosto de 2017, 19:11h

Todo apuntaba a que iba a comentar en mi artículo de opinión de esta semana el discurso pronunciado por Trump sobre la estrategia para combatir el terrorismo y a los talibanes en Afganistán en una guerra que lleva ya 16 años, a pesar de los ingentes costes humanos y económicos, sin haber alcanzado grandes logros. Sin embargo, mi elección por el tema varió esta tarde cuando entrando en un hospital de la ciudad de Washington, la recepcionista de origen hispano me pidió permiso para dirigirse a mí en español. Confieso que llevo diecisiete años viajando varias veces al año a los Estados Unidos y es la primera vez que he tenido la sensación de que el español es un idioma prohibido o maldito.

Como me trató de explicar la recepcionista en inglés, hay que tener mucho cuidado porque se considera el uso del español un acto “grosero” que puede comprometer a algunas personas hispanas hasta el punto de jugarse la salida forzosa del país. De ahí –me explicaba- que entre las normas del hospital se incluya la obligación de hacer siempre uso del inglés aunque el paciente no domine más que el español. Eso sí, formalmente, se puede solicitar el apoyo de un intérprete para que ayude al paciente con la lengua en las entrevistas con el médico.

La situación no deja de ser rocambolesca. Pensemos que de los 308 millones de estadounidenses censados, hay 57 millones de latinos, de los que 40 son hispanohablantes. A pesar de que las cifras hablan por sí solas, la hostilidad institucional al español se respira en el ambiente.

Es cierto que se ven algunos guiños a nuestro idioma pero son demasiado tímidos y resultan hasta ofensivos cuando uno lee los carteles en español con erratas, con faltas de ortografía o gramaticales, o bien escucha locuciones en español que parecen dirigirse a una población poco instruida o poco capacitada. Verdaderamente uno llega a sentir vergüenza.

Desde que llegó Trump a la presidencia, las cosas se han ido complicando para nuestro idioma todavía más hasta el punto de tener que pedir permiso para hacer uso del idioma español entre los propios hispanos cuando uno se mueve en la esfera pública, en muchas ocasiones, por el miedo a una posible deportación.

Es evidente que la nueva administración quiere relegar el español al ámbito de la intimidad familiar y mucho cuidado con manejarlo en el ámbito público porque ello puede despertar la sospecha de estar ilegalmente en el país o no estar verdaderamente integrado, lo que también es un problema a corto plazo.

Han cambiado mucho las cosas desde aquel día en que Jacqueline Kennedy se dirigía en español a los hispanos para solicitarles el voto para su marido, que en aquel momento ostentaba el cargo de senador. Sin duda alguna, más cercanos en el tiempo están los breves guiños al español de George W. Bush cuando a pesar de no dominar el idioma se atrevía sin complejos con alguna frase en sus discursos.

Creo que es un grave error pretender vivir de espaldas a la realidad. La población hispana sigue creciendo año tras año en los Estados Unidos y no sólo en términos cuantitativos. Gracias al esfuerzo integrador de muchos hispanos, los encontramos asumiendo puestos relevantes en el ámbito de la economía, de la política, de la cultura, hasta en el ámbito académico. Consuela eso sí percibir en la calle una relación fraternal entre los hispanos independientemente de la procedencia, conscientes de que hay algo enormemente potente que nos une: el idioma.

Es por todo ello por lo que creo que sería sumamente beneficioso que se abrieran en América del Norte más sedes del Instituto Cervantes. Tengamos en cuenta que el Instituto Cervantes es la institución pública creada por España en 1991 para promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español, contribuyendo a la difusión de las culturas hispánicas en el exterior. Debido a que el Instituto Cervantes atiende al patrimonio lingüístico y cultural que es común a los países y pueblos de la comunidad hispanohablante, sorprende constatar que a pesar de numerosos intentos frustrados, todavía no existe una sede del Instituto Cervantes en la capital de los Estados Unidos.

Estamos obligados como hispanohablantes a no avergonzarnos del uso de nuestro idioma en el ámbito público, mucho más ahora que peligra su pervivencia desde que llegó Trump al poder. Se está tratando sin disimulos de inculcar un patriotismo absurdo y mal entendido desde la nueva administración, lo que me hace vaticinar el surgimiento de tensiones sociales y falta de cohesión social. Es evidente que no hay signos por parte de Trump de perseguir un gobierno inclusivo.

Si se recuerda, a diferencia de sus predecesores, George W. Bush y Barack Obama, que tuvieron páginas en español, Donald Trump optó por cerrar en enero la web de la Casa Blanca en este idioma, alegando que era por motivos de rediseño y que en breve se reabriría, lo que a día de hoy seguimos pacientemente esperando.

El gobierno de Trump no da puntada sin hilo, al haber suprimido de su equipo de comunicación al funcionario que se encargaba de atender a la prensa hispana. Estratégicamente, por el contrario, sí que se han actualizado los mensajes en español en el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), órgano que se ocupa de la deportación de ilegales indocumentados. No digo más. Los hechos hablan por sí solos.

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  • Excuse me, ¿puedo hablar en español?

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    6021 | charnego - 28/08/2017 @ 20:46:19 (GMT+1)
    En cambio aquí.algunas tv, te ponen el título de las películas en inglés,algunos repelentes periodistas deportivos dicen "hac trick".o como narices se escriba, en vez de "triplete",etc,etc.¡País¡

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