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Las “justificaciones” de los secesionistas

miércoles 30 de agosto de 2017, 14:55h

En su huida hacia ninguna parte, los secesionistas ya no saben que “justificaciones” buscar para llegar al paraíso de algunos e infierno de los más. Esta semana, quisieron encontrar un amparo “legal” y presentaron un verdadero bodrio seudojurídico pomposamente denominado Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, la principal de las “leyes de desconexión” prevista para que entre en funcionamiento inmediatamente después del 1 de octubre. Ese 1 de octubre en el que amenazan con celebrar un referéndum ilegal.

Ahora, rizando el rizo y cayendo en el más absoluto de los esperpentos, el conseller de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, se ha descolgado con unas declaraciones que podrían entrar en lugar preferente en cualquier antología de los disparates. Forn ha dicho ni más ni menos que la secesión es necesaria, pues es la única vía “de subsistencia” que han encontrado, ya que los catalanes se sienten “amenazados”. El victimismo que los secesionistas han convertido en mantra repetido hasta la saciedad ha hallado en Joquim Forn una cima difícil de superar.

Después de las declaraciones de su conseller, Carles Puigdemont ha proclamado que una “Cataluña independiente” necesita contar con un ejército, inteligencia militar y una política de defensa. El presidente de la Generalitat ha explicado que eso sería para combatir la amenaza yihadista. Una amenaza que, naturalmente, piensan poder hacer frente en solitario, cuando hoy en todo el mundo se está poniendo de relieve la exigencia urgente de una política común y unitaria ante el envite asesino de la Yihad. Pero, nos preguntamos, ¿para la formación de ese supuesto ejército, no está pensando Puigdemont en otras “amenazas”?

En el asunto de la secesión acaba de terciar el lehendakari Íñigo Urkullu animando, con un curioso criterio de equidistancia, a Puigdemont y a Rajoy a que eviten el choque y se sienten a hablar en un “diálogo constructivo”. Muy “constructivo” es difícil que sea un diálogo en el que una de las partes ha entrado no solo en la ilegalidad, sino en una contumaz sarta de cada vez más despropósitos.
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