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TRIBUNA

El Rey dio ejemplo

Juan José Vijuesca
miércoles 30 de agosto de 2017, 20:27h

Se puede ser monárquico o republicano, faltaría más, ahora bien, tenemos en Felipe VI a un Rey de sólidas convicciones. Lo viene demostrando y el mejor exponente fue el afrontar la realidad con el sentido de unidad como hizo al asistir a la manifestación de Barcelona. Demostró coraje porque la hostilidad la tenía garantizada; pero supo anteponer lo ciudadano a la corona. Estuvo impertérrito. Los separatistas hicieron su trabajo y Don Felipe el suyo.

No es cuestión de ser o dejar de serlo, porque en esta vida de permanente taquicardia social cobra especial carta de naturaleza la semblanza y el apoyo de quienes aportan el valor de lo que representan. Cada cual se retrata a sí mismo y la unidad en tiempos tan convulsos es cuando más se precisa el dar la cara. Se puede ser antimonárquico, por supuesto, pero la unidad de fuerzas es lo que permite creer en algo mejor. Los que aspiramos a gozar de una vida de orden sin menoscabo de los cambios de mejora, sabemos apreciar el papel de aquellos que saben estar tanto en las duras como en las maduras.

Mientras haya quienes aplaudan, festejen y justifiquen actos de terrorismo sin rubor alguno frente a víctimas de cualquier orden y condición, se desacreditan en la mayor de las ignominias humanas, como es la falta de entrañas. La política, llevada a lo superlativo, carece de relevancia, por eso la diferencia está en la objetividad de los actos de quienes se supone están para representar a unas instituciones que han de ser modélicas en respeto. No hay sociedad perfecta porque tampoco hay seres humanos que lo sean, de ahí quienes tienen el privilegio de salvaguardar la unidad han de ser ciudadanos antes que políticos en los momentos de la verdad. Lo contrario es retratarse con ese doble juego de estar contra el sistema, pero a su vez cobrando de quienes contribuimos a que el método siga funcionando.

Sabido es que la unidad comunitaria o social viene a estar vinculada con el propósito de unirse entre todos, dejando a un lado las diferencias para el logro de una meta en común. Eso lo ha sabido interpretar muy bien Don Felipe al ser capaz de afrontar con su presencia la manera de dar la cara frente al sanguinario terrorismo. Con ello ha demostrado que no sirve de excusa politizar el acto para sacar un rédito distinto al que se merecen todas y cada una de las víctimas habidas hasta el momento. El resto es puro artificio.

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