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Corrupción: un debate pertinente, pero a destiempo

jueves 31 de agosto de 2017, 12:55h
El PSOE y Podemos, con el apoyo de ERC, PNV, PDeCat, Compromís y Bildu, y la abstención de Ciudadanos y UPN, consiguió que Mariano Rajoy compareciera ayer en un pleno extraordinario del Congreso de los Diputados. El presidente del Gobierno era así llamado a explicar su presunta responsabilidad política en el caso Gürtel. A finales del pasado mes de julio, Rajoy declaró como testigo por el mismo asunto en la Audiencia Nacional y en el propio Parlamento hay varias comisiones de investigación sobre el tema.

¿Pensaban los convocantes que este pleno iba a discurrir por un camino distinto al previsible? Seguramente no, pero quisieron forzar la comparecencia, siguiendo un empeño muy especial de Pedro Sánchez que la planteó como una de sus iniciativas estrella nada más volver a la Secretaría General del PSOE.

Con independencia de que la oposición fuera muy libre de pretender esta comparecencia, está claro que su objetivo fundamental era desgastar a Mariano Rajoy, intentando ponerle contra las cuerdas. Algo que no lograron ni por asomo. El jefe del Ejecutivo tuvo en líneas generales una actuación impecable y volvió a demostrar que, guste o no, es un excelente parlamentario. Su discurso estuvo bien argumentando y recordó la existencia del mecanismo de la moción de censura, exhortando a la oposición a presentarla. Todo lo que sucedió en la comparecencia tuvo un componente de dejá vu, incluidos los rifirrafes dialécticos y las apelaciones al “y tú más”. Dicho esto, Pablo Iglesias acertó cuando le advirtió al Presidente que, en ese punto y hora, su presencia en el Parlamento no era para debatir, sino para contestar determinadas preguntas que el líder de Podemos concretó en seis, muy determinadas y bien formuladas. Y, aunque Rajoy supo zafarse de ellas con habilidad, ahí quedan.

La corrupción, que ha manchado a prácticamente todos los partidos, es sin lugar a dudas una lacra que ha de erradicarse por completo, habilitándose el máximo de medidas para que no vuelva a repetirse algo que es historia y debería seguir siéndolo. Pero poco se logra con convocatorias que resultan finalmente inútiles. Máxime en unos momentos en los que España tiene sobre la mesa acuciantes y gravísimos problemas, como el órdago soberanista y el terrorismo yihadista, a cuya resolución -nada fácil-, hay que dedicar todos los esfuerzos.
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