El jugador español espera a Federer o Del Potro antes de la final.
Rafael Nadal se enfrentaba este miércoles a un viejo conocido. En su camino hacia la final del US Open y en cuartos de final -los primeros desde 2013- se cruzó el ruso Andrey Rublev, de 19 años. Esta perla del deporte de la raqueta entrenó cerca de la leyenda española hace años y ya, entonces, el manacorí se rindió a su talento incipiente. "Tenía una calidad de bola muy superior" a su edad y "este chico va a romper", vaticinó en su día. En esta jornada se veían las caras por primera vez como profesionales.
El número uno de la ATP, que se mostró feliz por haber recuperado el ritmo cometitivo de 2017 en los octavos ante el ucraniano Alexandr Dolgopolov ("Los primeros partidos me han costa un poquito (....). Ahora queda una parte muy difícil, pero creo estar preparado para eso", declaró en la resaca de dicha cita), auguró un partido indigesto ante Rublev, al que catalogó como "incómodo para todo el mundo". "Tiene un potencial muy alto (...). Va ser un partido muy difícil porque "es uno de los mejores jugadores del mundo o lo va a ser", expuso.
Pero la experiencia y el peso de los focos de Nueva York parecerían sintonizar mejor con el zurdo de 31 años, que solventó el primer set con un 6-1 fulgurante. En 23 minutos. Los dos siguientes corrieron las misma suerte: la segunda manga se cerró con 6-2, en 35 minutos, y la tercera repitió marcador y concluyó en 38 minutos. El dominio del jugador nacional resultó abrumador en toda faceta del juego. El ruso no pudo oponer resistencia, si bien sólo dejó muescas de su categoría incipiente, amarrado por la seguridad y consistencia de un jugador que está lanzado en pos de la consecución de su segundo Grand Slam.
La agresividad, concentración, finura en el golpeo y derroche en la defensa característicos de Nadal evidenciaron una de sus versiones irresistibles, corroborando la mejoría mostrada en octavos de final. Una hora y 37 minutos duró un duelo convertido en trámite por la excelencia industrial del zurdo y el nerviosismo del ruso.
El mejor jugador del momento acribilló a Rublev en cada parámetro estadístico: conectó más saques directos (4 a 1), se apuntó una mayor efectividad en la consecución de puntos desde el primer servicio (84% frente a 55 por ciento) y también desde el segundo saque (55 a 29%), y conectó un mayor volumen de puntos al resto (45 a 16) y en golpe ganador (21 a 18). Su brillantez en el control del juego se reflejó en la victoria, también, en la relación de breaks (7 a 1) y en el menor número de errores no forazos (el ruso cometió 43 por los 20 del español).
"Estoy muy feliz de volver a estar otra vez en las semifinales aquí en Nueva York, ante este público, y os lo agradezco. Muchas gracias por vuestro apoyo", avanzó el manacorí en la comparecencia posterior al partido. Pero este astro que ha recuperado la sintonía entre el hambre y el acierto, por la vía del desarrollo sobresaliente del servicio, no para. Y ahora mira hacia el posible rival en la siguiente fase.
"Va ser muy difícil (el partido de semifinales), pero la energía de esta pista es muy especial, tengo una gran conexión con este público y espero que sea un gran partido en una noche mágica", expuso antes de confesar que el triunfo de este miércoles es una "gran noticia" porque lo logró de nuevo en tres sets, en un año "emocionante" en el que está jugando "muy bien" en casi todos los torneos después de las lesiones.
"Es un partido que quiero ver, al que claro que voy a prestar atención, son dos grandes jugadores y será un gran show", arguyó sobre el Federer-Del Potro que le deparará el rival en semis y finalizó su análisis asegurando que la posibilidad de medirse al helvético es "un poco extraño" porque, aunque se han cruzado en muchos otros torneos, nunca se han enfrentado en el Abierto de Estados Unidos. "Es algo que echamos de menos y sería mucho más especial si pudiera ser en una final, pero no es posible esta vez, así que vamos a intentar volver otro año y lograrlo",