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TESTIMONIO

Clinton Romesha: El Pelotón Rojo

domingo 10 de septiembre de 2017, 18:38h
Clinton Romesha: El Pelotón Rojo

Traducción de Hugo A. Cañete. Crítica. Barcelona, 2017. 398 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Adrián Sanmartín

El Pelotón Rojo no es una novela bélica pero está concebida y se lee como una de las mejores del género. Con el añadido de que todo cuanto se relata sucedió realmente en el dantesco escenario de un Afganistán dominado por los talibanes. Y que lo narra no un escritor que se ha documentado con más o menos profusión, o se apoya en testimonios recogidos, sino alguien que lo vivió, que estuvo allí en carne y hueso, que, junto a sus compañeros, se jugó la vida. Ese alguien nada tiene que ver con la escritura ni la creación, pero aquí se revela como un autor en posesión de numerosos recursos narrativos, que maneja con soltura.

Todo comienza cuando en octubre de 2009, el Pelotón Rojo, liderado por el hoy exsargento norteamericano Clinton L. Romesha -autor del libro y narrador en primera persona-, recibe la orden de cerrar el puesto de combate Keating, en el este de Afganistán. Se encuentra demasiado aislado y es difícil de defender. Pero los talibanes no van a permitir que los soldados se vayan de rositas. Unos trescientos talibanes atacan el puesto, con una considerable superioridad numérica. Pero esto no va a arredrar al sargento Romesha ni a sus hombres, que han de proteger a la cincuentena de combatientes que estaban en el puesto.

La batalla se desarrolla en un infernal combate de cerca de quince horas, en el que mueren en torno a ciento cincuenta talibanes, más o menos la mitad de los atacantes, y ocho soldados del pelotón, además de, por el lado norteamericano, más de una veintena de heridos. El sargento Clinton Romesha, que se retiró del Ejército en 2011, cuenta con numerosas condecoraciones, incluida la Medalla de Honor, concedida por el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, que se la entregó en una emotiva ceremonia en la que el militar recordó a sus compañeros caídos.

Precisamente la memoria de esos compañeros ha sido el impulso fundamental para escribir este testimonio: “Aunque -confiesa Romesha- inicié este proyecto con alguna reticencia y vacilación, mi convicción se fue afianzando con el paso de los meses. Finalmente, llegué al convencimiento de que contar esta historia, nuestra historia, era la única forma de honrar lo que habíamos hecho. Por extraño que pueda parecer, también llegué a la convicción de que esto podría permitirme cumplir con la parte final de mi deber para con todos mis camaradas de Keating que no lograron sobrevivir. Era la única manera que tenía de traerlos a casa”.

Un relato detallado, épico, emocionante, pero que no oculta la angustia, la terrible tensión, incluso el miedo, que atenaza en el combate. Romesha y sus hombres realizaron una acción heroica, pero no eran héroes ni superhombres. En la guerra, en todas las guerras, se enseñorea el horror, por eso “que nadie hable de consuelo: hablemos de tumbas, de gusanos y de epitafios”, como reza la impresionante cita de Ricardo II, de Shakespeare, que encabeza el libro. Sin embargo, por encima de todo, incluso de sí mismos, resistieron y cumplieron con su deber. Se merecen todo el reconocimiento.

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