“Vuelve a la patria la razón perdida”
Lope de Vega
Recuperar la idea de patria genera fanatismo. Así lo destaca el entrecomillado que da título a la entrevista. Pero no es eso lo que declara en ella Javier Marías. Sino que: “Existe hoy, de nuevo, una recuperación de algunas ideas de patria que está provocando fanatismo”.
Ignoro si al escritor la diferencia le incomoda o le deja indiferente. En la entrevista cuenta que lo de empeñar la vida por una patria le parece ridículo, y como género literario patético, facilón, previsible y estúpido. “Siempre me ha costado mucho entender el patriotismo”, confesaba hace unos años.
Es difícil, efectivamente, comprender el patriotismo desde la displicencia: “Porque no se trata de una mera realidad económica, o política, o cultural, ni de una mera conciencia de unidad histórica, sino de una fuerza, de una viva potencia actuante que nos penetra, nos domina y nos mueve y conmueve, porque es una emoción. Es algo que afecta al alma y al cuerpo, que persuade y humedece los ojos, que enorgullece y provoca rubor, que tensa los músculos y estremece”.
Así entendía Julián Marías su patriotismo europeo en 1951. Y así lo reiteraba pensando España cuarenta años más tarde en su memorial tribuna La justificación del patriotismo. Conviene recordar al discípulo, al amigo de Ortega, ahora que el patriotismo vuelve a emerger como oportunidad y como riesgo.
Peligro, sí, porque ciertamente: “El patriotismo ha sembrado de errores, atrocidades y crímenes la historia del mundo”. Pero ¿por qué?, se pregunta el filósofo: Porque se lo ha confundido con otras cosas. Y sobre todo porque no se ha entendido a qué tiene que aplicarse. Por errar la circunstancia.
La razón principal y más honda de que exista el patriotismo es la condición circunstancial de la vida humana, transparenta Marías: “La cuestión es saber cuál es en verdad mi circunstancia, y por tanto cuál puede y debe ser la configuración y el contenido del patriotismo”.
Comprensión, pues, de la sucesión de planos que desde la raíz de la cuna se dilatan hasta abrazar la realidad entera. Ni patriotismo estrecho de parcela que recela del resto, ni la insinceridad del salto a lo lejano que olvida lo propio de lo que se está hecho.
En el patriotismo español, inteligible, nutricio, se puede vivir. Porque abisagra la intimidad doméstica de la provincia con el ancho de la ultranación europea y el ultramar americano. Porque es nuestra puerta efectiva al patriotismo occidental y a la transmigración honrada hacia otros mundos, ajenos pero hermanos por su instalación en la condición general humana.
Sostener hoy en crudo que recuperar la idea de patria genera fanatismo, me parece lo que a Javier Marías las novelas de género patriótico. El brete que rasga hoy España por Cataluña resulta justamente de haber deconstruido un Estado sobre la base de su propia desnacionalización. Sucede por haber estigmatizado y falsificado en España la idea de patria.
Es decir, por no tener del patriotismo más concepción que la secuestrada por Franco. Cuando sin ir más lejos: “Los liberales de todos los pueblos hispánicos lo han sido siempre por patriotismo”. Como apuntaba otro alumno de Ortega, el transterrado socialista José Gaos, en ese Méjico nuestro donde el polígrafo Alfonso Reyes rubricaba en su Cartilla moral:
“En esta división del trabajo que es toda la existencia humana, nuestro primer paso y a veces el único que podemos dar, en bien de la humanidad en general, es servir a la patria. De modo que este deber no se opone a la solidaridad humana, antes la refuerza y la hace posible (…) Se ha dicho que quien ignora la historia patria es extranjero en su tierra. Puede añadirse que quien ignora el deber patrio es extranjero en la humanidad”. Certero dardo de un grandísimo humanista.
Por solidaridad volverá Cataluña a entender de mala gana que forma parte del troquel de la raza. Como España a tomar conciencia de sí misma gracias a Cataluña. El resto es falsear la circunstancia. Devueltos por la fuerza a la razón, vuelva a la patria la razón perdida.