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TRIBUNA

Vuelve el horror a México 32 años después

jueves 21 de septiembre de 2017, 11:48h

Hoy México está de luto. Como lo estuvo en 1985. Treinta y dos años y seis horas después de que la Ciudad de México sufriera el terremoto más devastador de su historia, un temblor volvió a sacudir la capital mexicana y las regiones centro, sur y occidente del país.

La tragedia de 1985 ha seguido presente todos estos años en las conciencias de los habitantes de la Ciudad de México. Tanto, que cada aniversario del terremoto se dedica un homenaje en memoria de las víctimas en el Zócalo, en el que se iza la bandera nacional a media asta. A las 07:19 horas en punto. Y algo muy importante: en el transcurso de la mañana se realiza un simulacro de evacuación en escuelas, universidades, hospitales y edificios públicos, después de haber aprendido hace 32 años que de la capacidad de desalojar pronto los edificios depende que no se multipliquen las víctimas.

Ayer a las once de la mañana realizamos todos el simulacro. Hay que tener localizadas las salidas de emergencia y salir a un lugar seguro rápido y ordenadamente. Dos horas después la alarma era real. Estoy seguro de que haber realizado este ejercicio ayudó mucho a que, dentro de la tragedia, las consecuencias no fueran mayores.

Hace 32 años, el 19 de septiembre, yo estaba en la Ciudad de México. Vivía en Madrid porque estudiaba Periodismo en la Universidad Complutense, pero estábamos de vacaciones, así que pasaba unos días con mi familia. A las 07:19 horas una fuerte sacudida me despertó. Corrí a colocarme bajo el quicio de la puerta y me sujeté con fuerza. Recuerdo que sentía que aquello no terminaba nunca. Las paredes y el suelo crujían y los libros caían al suelo. Mi papá me contó después que nunca imaginó que yo fuera capaz de gritar tantas groserías en tan poco tiempo. Estaba mucho muy asustado.

La verdad es que, cuando el temblor paró, nunca pensamos que hubiera tenido tan terribles consecuencias. Cuando regresó la luz poco a poco fuimos sabiendo que muchos edificios se habían derrumbado: una torre de más de 15 pisos en Tlatelolco, donde vivían familiares de Plácido Domingo; el emblemático Hotel Regis, que tenía unos famosos baños de vapor a los que fui muchas veces; el edificio de la cafetería Súper Leche, el Cine Internacional, el Hospital Juárez, numerosas casas de la Colonia Roma y dos de las tres gigantescas antenas de Televisa en la Avenida Chapultepec, sepultando bajo toneladas de hierros a decenas de empleados de la cadena de televisión más importante de México.

El famoso periodista de la televisión Jacobo Zabludovsky era de los pocos que en aquel entonces tenía teléfono en el coche, así que realizó una histórica crónica para la radio mientras recorría la ciudad y describía la tragedia, al mismo tiempo que alertaba a las autoridades sobre dónde era más urgente la ayuda.

El terremoto de 1985, de 8.1 grados en la escala de Richter, tuvo su epicentro en el Océano Pacífico, cerca de la desembocadura del Río Balsas, y duró aproximadamente dos minutos. Se calcula que la energía que generó fue equivalente a la liberada por 30 bombas atómicas como la que destruyó Hiroshima. Aún hoy se desconoce el número total de víctimas mortales. Sin embargo, la mayoría de los conteos o estimaciones rondan los 10 mil muertos.

A dos de los fallecidos los conocía bien: Don Ramón Higueras y su esposa, Luz, él de Algeciras, picador de toros retirado, y ella valenciana. Vivían en el último piso del edificio de la cafetería Súper Leche, en Eje Central, “la Gran Vía mexicana”. Eran los padrinos de mi hermana Gabriela y no tenían familia en México, así que nos dimos a la tarea de buscarlos. Al día siguiente del temblor estaba yo en la fila de las oficinas de la Delegación Cuauhtémoc con mi hermana Maite intentando conseguir alguna información cuando volvió a temblar. Juro que vi volar zapatos de tacón mientras todos los que estábamos en la fila huíamos despavoridos. Tardamos cuatro horas en regresar a la casa y encontramos a mi papá en la más absoluta desesperación. Desgraciadamente nunca pudimos saber qué fue de Ramón y Luz Higueras.

El terremoto de ayer fue de 7.1 grados, uno menos que el de 1985, pero el epicentro fue ubicado más cerca de la Ciudad de México: entre los estados de Morelos y Puebla. Con mortificación vemos que las zonas de la capital más afectadas entonces son precisamente las que ahora resultaron con más daños. El caso de una guardería y escuela primaria en el sur de la ciudad que se derrumbó es tal vez el que más dolor ha causado. Gracias a los teléfonos inteligentes y las redes sociales la información ha fluido con enorme rapidez, y se multiplican los testimonios del horror.

Los dos terremotos, el de 1985 y el de ayer, enlutaron al país entero, pero han permitido mostrar la enorme solidaridad de la que es capaz el pueblo mexicano.

Hace 32 años y ahora gente de toda clase se abalanzó para ayudar en lo que pudiera: removiendo escombros en busca de personas atrapadas, preparando comida, donando medicamentos, trasladando heridos en autos particulares o simplemente dando un techo a los que lo perdieron todo.

En esos días, como ahora de nuevo, los mexicanos han tenido frente a sus ojos la evidencia de que basta tener voluntad para levantarse del peor de los infiernos.

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