No es una novedad. Estamos acostumbrados. A lo mejor es que tiene que ser así, pero a veces resulta provocativo que desde determinados sectores sociales y políticos se siga confundiendo cualquier acto de estricta aplicación de la ley por parte de los jueces con una orden del partido que sustenta al Gobierno o que se diga que Rajoy es el culpable de todo lo que está sucediendo en Cataluña porque no dialoga.
Sabemos que no es así, que una mentira mil veces repetida no la hace verdad, pero resulta inútil explicárselo a un público ansioso de esa “realidad inventada”.
La comunicación política nunca ha sido el fuerte del PP. En España, la izquierda tradicional o moderna y, ahora especialmente, los nacionalistas le han venido “comiendo la tostada” sin mayor dificultad. Lanzan ideas fuerza en contra del Gobierno y, aunque falsas, calan en el ideario popular hasta el punto de convertirse en una verdad difícil de rebatir. Además, si se intenta explicar, se corre el riesgo de pasar automáticamente a ser calificado, incluso, de facha.
Así, inútil resulta tratar de argumentar que el PP sí intentó negociar con Puigdemont, pero que ha sido siempre el Gobierno de la Generalitat el que sólo ponía sobre la mesa las condiciones de un referéndum que es ilegal. ¿Por qué? Porque todo el mundo piensa que Rajoy no negocia.
Igual de infructuoso es negar que el Gobierno esté utilizando a la Fiscalía para anular derechos civiles por la simple razón de que no se está anulando ningún derecho civil, pero es lo que se piensa en la calle. Vuelve a fallar el concepto de legalidad por parte de los nacionalistas y formaciones afines como Podemos. ¿Por qué? Porque todo el mundo piensa que Rajoy usa la Justicia a su antojo.
Nada que hacer cuando tratas de convencer a un independentista de que el derecho a decidir no existe. Quien habla de este concepto, eufemismo a todas luces, en realidad lo que quiere decir es derecho de autodeterminación, es decir, independencia, que sí existe, pero tiene unos trámites legales que seguir. ¿Por qué? Porque todo el mundo acepta un lenguaje inventado expresamente al servicio del argumentario independentista y que desde el PP no se ha sabido frenar.
Al PP le queda mucho trabajo por hacer en este campo, pero tampoco habría venido mal, por aquello de evitar tanta explicación, que PSOE y Podemos hubieran hablado más claro sobre la cuestión. Sobraba ambigüedad. El PSOE parece que se queda en el lado de los que apoyan la Constitución, aunque a veces no lo parezca, y Podemos ya ha dejado claro que está por los que se pueden separar cuando uno quiera y en las condiciones que a uno le dé la gana.
El ministro portavoz asegura que ha dado 43 ruedas de prensa en la que ha explicado que el Gobierno siempre ha tendido la mano a la negociación, pero desde la legalidad. Se ve que no ha servido de mucho. Que estudien por qué siguen diciendo todos los partidos que Rajoy no ha negociado. Interés político, está claro. Intento de sacar tajada, vergonzoso pero es así.
Habría sido un ejercicio sano para la transparencia política saber qué habría negociado Pedro Sánchez como presidente si le dicen que se quieren separar de España, si le piden que haga algo que no puede hacer, si le proponen un día tras otro que se tiene que saltar la ley. ¿Le habría dado las mismas facilidades a todas las nacionalidades que encuentra en nuestro territorio para independizarse?
Por otra parte, da miedo pensar en esa misma negociación con Pablo Iglesias. España ya sería un queso de Gruyère si del líder máximo de Podemos hubiera dependido.