Entre la prudencia y la valentía solo un peldaño marca la diferencia. Si eres persona no sujeta a obediencia superior, el ser prudente responde a un mecanismo de autocontrol. Esta opción puede ser ejemplo del buen hacer cuando impera el diálogo y la ponderación de actos acercaentendimientos pacíficos entre dos polos opuestos. Si este proceder fracasa, el siguiente escalón en orden ascendente sería la valentía, o sea, echarle huevos al asunto.
La Guardia Civil ha sido prudente porque está a órdenes. Les han vejado, saqueado y se han llevado hasta su propio armamento. No han movido un solo músculo. Impertérritos en su labor de obedecer dieron un ejemplo de firmeza disciplinaria que a mí, cuanto menos, me hubiera ocasionado un desarreglo intestinal de larga duración. Y dicho esto, sin ningún ánimo de caer en la tentación de referirme a Cataluña, no tengo otra que hacerlo por imperativos del desmadre político, social y económico que toda esta consentida situación está afectando a nuestra fisonomía como país.
Atentar contra las fuerzas de seguridad del Estado nos debe hacer reflexionar a todos. No debemos plegarnos ante la bajeza de unos actos que nos señalan en lo más pueril de lo incívico. La Guardia Civil en este país es y ha sido siempre el referente de la custodia ciudadana. Resulta humillante, por tanto, que una sinrazón política traiga causa de poner a prueba la integridad de quienes cumplen con un deber repleto de honor la defensa de unas garantías constitucionales de plena vigencia, a pesar de quienes pretenden utilizar la Carta Magna a modo de papel higiénico. Aquellos que atentan de palabra u obra hacia las fuerzas de seguridad del Estado son seres de imposible encaje conceptual, pero está claro que la orgía desatada incluye todo tipo de actuaciones contra quienes representen lo contrario de lo impuesto en la hoja de ruta del señor Puigdemont y su club de fans.
Uno se pregunta si todo esto se podría haber evitado. Pues permitan que mis dudas se apoderen de la realidad más palmaria porque los nacionalismos se retroalimentan de pensamiento único. Esta corriente de autogobierno forma parte de la doctrina inculcada desde las aulas y es que el independentismo se ha cuidado de formar cultura diferenciadora haciendo valer que Cataluña es una nación oprimida por España desde su ocupación por las tropas borbónicas en 1714; de tal manera que Felipe V tiene la culpa de todo y así hasta nuestros días.Ya me dirán si desde entonces no se han contabilizado los suficientes diálogos, pactos, prebendas ycucamonas por parte de los diferentes gobiernos que han tenido a Cataluña entre algodones, eso sí, con cargo a nuestros bolsillos y además rindiendo pleitesía.
Y de igual manera uno se pregunta por los catalanistas no sediciosos, ya saben, la otra mitad que siendo catalanes también defienden la españolidad sin articular estridencia alguna salvo su NO a la independencia como ejercicio de libre disposición.Confieso que me preocupa esta mayoría que vive en primera persona el hostigamiento y la falta de libertades que para igual se debe en un estado de derecho. Fea coyuntura si el gobierno del señor Rajoy, además de las medidas que viene tomando al respecto, no aplica el rigor de la valentía. Hablamos de millones de ciudadanos de orden ideológico discrepante y que han de convivir con quienes no aceptan otra idea distinta que la de ser sediciosos de pleno derecho. Para los insurgentes, al parecer, lo de ser catalán y español es una doble figura que contamina el genoma del nacionalismo más puro.
Y en esas estamos cuando el FC Barcelona se abandera como adalid del independentismo pretendiendo con su arrogante equidistancia dar lecciones al resto de España de que el deporte no está reñido con la política. Lo mismo como otros tantos deportistas de mayor o menor éxito regocijándose de su no españolidad. Bien por ellos si contundente es la respuesta que se debe dar desde las diferentes federaciones para que estas formaciones o individuos dejen de beneficiarse a costa del erario español. Exclusión inmediata de toda competición a la que estén adscritos y se acabó la rabia. Quienes sientan vergüenza de ser españoles que se vayan con su progresía y con su pan se lo coman.
Por ello creo, en definitiva, que aunque pueda resultar un perverso placer la autoflagelaciónque se infringen cuantos exigen el quedarse con Cataluña saltándose todas las leyes enmarcadas en la Constitución, el resto de los españoles deberíamos simbolizar con pacífica conducta nuestra mejor identidad como bandera de unidad. Me viene a horma de buen pie una cita hecha por mi admirado Juan Manuel Rodríguez: Hace mucho tiempo, un pastor luterano alemán y antinazi escribió un breve pasaje que decía así: "Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar".
En fin, sería lamentable que el día 2 de octubre los catalanes declarasen la independencia unilateral porque en ese mismo instante descubrirían que los Reyes Magos son los padres, o sea España.