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Paz necesaria pero imposible

sábado 05 de julio de 2008, 22:13h
Israel no es precisamente el país más popular entre el mundo árabe. De hecho, casi todos le han declarado la guerra en algún momento, con idéntico resultado. Siria, Jordania y Egipto son tres ejemplos de ello. Con los dos últimos, las cosas son diferentes. Tel Aviv, El Cairo y Amán llegaron a la conclusión de que el entendimiento es bastante más rentable que la confrontación. Y no sólo –que también- en réditos políticos, sino, fundamentalmente, económicos. Los conflictos son caros. No generan riqueza ni prosperidad; antes al contrario, sólo acarrean destrucción. Ahora, algo que parecía imposible, tiene visos de salir adelante: las negociaciones de paz entre Israel y Siria, auspiciadas por Turquía. Es ésta una de las enemistades más enquistadas de los últimos tiempos, pero ha quedado patente que no hay como tener voluntad para que la esperanza se abra camino.

Quien se intentó abrir camino con una excavadora hace pocos días fue un palestino en Jerusalén, matando a cuatro personas e hiriendo a otras cincuenta. Hamás se apresuró a reivindicar el atentado, en una clara muestra de cuáles son sus intenciones reales. En este espinoso asunto, no puede afirmarse que Israel esté libre de pecado. Pero es un hecho que en los últimos tiempos, tampoco quien tira la primera piedra es israelí precisamente, sino palestino. Naciones árabes tradicionalmente hostiles con Israel han hecho un esfuerzo para llegar a acuerdos. Lo mismo puede decirse de Israel. Pero mientras Hamás sea quien lleve la voz cantante, hay poco que hacer. Son terroristas, y hacen lo único que saben: matar y destruir. El pueblo palestino tiene una importante responsabilidad, cual es la de elegir a quienes gestionen sus intereses por la senda correcta. La Administración que Arafat dejó en herencia estaba trufada de nepotismo y corrupción. Caldo de cultivo perfecto para que los terroristas de Hamás accedieran a un poder que jamás debieron detentar. El exterminio de la población vecina no se antoja una forma aceptable y práctica de hacer política. Si el pueblo palestino quiere, se acabará el terrorismo. Para ello, debe dejar de dar su respaldo a Hamás. Inshalláh.
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