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ENSAYO

Samuel Beckett: El mundo y el pantalón

domingo 01 de octubre de 2017, 18:07h
Samuel Beckett: El mundo y el pantalón

Epílogo de Jean Frémon. Elba. Barcelona, 2017. 96 páginas. 12,50 €.

Por Francisco Estévez

Al principio el silencio antecedió a la palabra, que ocupó la parte sustancial del edificio humano, pero tras ella, hoy, parece haber sólo lugar para un extraño guirigay que denominamos ruido. Tal situación se manifiesta de manera trágica en aquellos que se ocupan de las palabras de la tribu. Si la segunda mitad del siglo XX se ocupó de la simbólica sustitución operada entre los términos “obra” y “texto”, en la actualidad el drama de la erosión se ha traslado al polo del autor. El concepto de “escritor” ha quedado embarrado en tierras pantanosas. Ahora bien, pocos discutirán la capacidad de Samuel Beckett para concitar la reverberación del lenguaje y el desafío al silencio de la vaciedad circundante. Lo decible torna en el sangriento siglo XX desde su muñeca en un inefable decir, valga el oxímoron, bajo una lacerante aflicción. La fuerza arrolladora del teatro del irlandés, encarnado de forma principal en ese drama terminal y agónico a donde nos hemos venido abocados todos que es Esperando a Godot (1952), y más allá esa tan simbólica como demoledora conciencia que implica el título de Final de partida (1957), han eclipsado de forma singular la múltiple obra del gran escritor “extraterritorial”, como bien lo categorizará la sagacidad de George Steiner en libro memorable para los estudios de teoría literaria. Una invisible cárcel forjada por el propio ser humano en los provisionales avances que se ha dado con el filosofar y la constatación del vaciamiento de significado del lenguaje operado es una de las experiencias que pone de relieve la dramaturgia de Beckett con un descarnamiento humano que lo emparenta filialmente a Friedrich Nietzsche.

Las formas breves eran las más apreciadas por el escritor del teatro del absurdo (etiqueta angosta para tan potente experimentalista) y, sin embargo, en España no contamos aún de una edición que englobe todos sus cuentos y escritos cortos que arroje medida precisa del ingenio irlandés. Un esfuerzo importante fue, en su día, la publicación por Tusquets de tres magistrales prosas (“La imagen”, “Fuera todo lo extraño”, “Mal visto mal dicho”) bajo el título Manchas en el silencio (1990), hoy descatalogado, donde se presentó el muy valioso “El mundo y el pantalón” con la traducción sagaz del experimentado poeta y profesor Jenaro Talens. El breve texto fue redactado por Beckett al calor del estímulo de las exposiciones de los pintores Bram y Geer van Velde en 1945. Lo valioso es el inmediato paralelismo que fácilmente brinda para otras artes la palabra metafórica de Beckett. Otra cosa es la relevancia que han ganado aquellas líneas en el último cuarto de siglo.

Por fortuna, el texto vuelve a ponerlo en circulación con acierto la editorial Elba, además con la vestidura de una nueva traducción preparada por Manuel Arranz. Añade esta edición a su vez “Pintores del impedimento”. Y también se incluye una de las tres cartas al crítico francés Duthuit, “Carta a Georges Duthuit a propósito de Bram van Velde”. Fechada en París principiado el año 1949 la misiva presenta una breve pero jugosísima reflexión a cuenta del pintor abstracto Bram van Velde pero valida en su extensión para el artista en general y para el arte literario en particular. Aquí atisba el intento artístico como una conexión, la primaria con el exterior, y la importante, aquella interior. Si bien el propio irlandés no establece mayor deslinde entre interior y exterior que una débil conciencia y al artista lo considera “como aquel que está siempre frente a”. La escritura de Beckett es en sí un gran rifiuto y de aplicar las divagaciones de estos párrafos así mismo podríamos aseverar que su literatura escribe la imposibilidad de escribir pero con la ininteligible necesidad de vomitar sobre la página el propio ser.

El epílogo del ensayista Jean Frémos “A Samuel Becket le aprietan los zapatos” tiene la perspicacia francesa habitual. A partir de un chisme biográfico que se hizo popular, aquella manía juvenil de Samuel Beckett por copiar a su admirado James Joyce en todo lo cotidiano, incluso en el tipo de zapatos eleva una honda reflexión. Aquel zapato encarnado en símbolo obsesivo que al andar de su obra aparecerá y de constante tropezarán con él los personajes. En suma, Becket escribió aquello que impide escribir. Tuvo las palabras adelantadas para consignar la ausencia. O por decirlo en palabras de Hamm en Fin de partida “El fin está en el comienzo y sin embargo continuamos”.

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