El gobierno colombiano celebró como un éxito, el respaldo que recibió de los gobiernos de España y Francia y de la UE en la gira que acaba de realizar camino a Davos. La decisión de mantener a las FARC en la lista de terroristas, ha sido interpretada como un fuerte respaldo al manejo que le ha dado el Presidente Uribe a un posible Acuerdo Humanitario con la guerrilla de las FARC.
El apoyo representa un momento de respiro para un gobierno que lleva meses sometido a la más dura de las presiones para que ceda a la exigencia guerrillera de propiciar una zona de despeje, que posibilite la negociación para la liberación de los rehenes en poder de las FARC.
Primero fue la presión del gobierno francés por la liberación de Ingrid Betancourt que llevó a que el gobierno colombiano liberara al guerrillero Rodrigo Granda, como una muestra de su voluntad para buscar el acuerdo. Luego fue la caminata solitaria de un profesor de secundaria que, por más de mil kilómetros con una cadena al cuello, llegó hasta Bogotá, para exigirle al gobierno y a las FARC la liberación de su hijo, un suboficial que cumplía más de diez años en poder de la guerrilla.
Mientras que la presión francesa progresó hasta llevar el tema a la Cumbre del G8 en Alemania y después a la Asamblea de Naciones Unidas en Nueva York, la caminata del profesor terminó forzando a que el Presidente Uribe nombrara al Presidente Hugo Chávez, como mediador para una negociación hacia un Acuerdo Humanitario y a la senadora Liberal Piedad Córdoba como facilitadora del proceso.
En su mediación, Chávez logró dos resultados claves: 1) Que las FARC aceptaran negociar en territorio venezolano y redujeran la petición de una zona de despeje a unos pocos días para la entrega de los secuestrados; y 2) Que los jefes guerrilleros "Simón Trinidad" y "Sonia", extraditados para ser juzgados en los Estados Unidos, aceptaran que sus nombres no fueran incluidos en la lista de "canjeables" que presentaría las FARC para el intercambio humanitario. Se trataba de dos inamovibles que el gobierno colombiano había planteado con toda claridad.
Pero la mediación de Chávez solo duraría 3 meses. Una llamada telefónica del mandatario venezolano a un general del ejército colombiano, llevó a Uribe dar por terminada la gestión. Inicialmente, Chávez aceptó la decisión, "como un acto soberano del Presidente colombiano". Pero la compostura, se disolvió varias horas después, cuando Uribe afirmó que Chávez y Córdoba habían sido "idiotas útiles de la guerrilla". Los ataques de lado y lado se desataron, con la acusación de Chávez a Uribe de torpedear la entrega de las pruebas de supervivencia enviadas por las FARC. La reacción de Uribe, al acusar a su vecino de una cruzada expansionista, se acalló muy rápido cuando el venezolano anunció que las relaciones comerciales se verían afectadas y que, más de 5 mil millones de dólares que Colombia recibía por el comercio binacional con Venezuela, quedaban expuestas ante la amenaza de una suspensión abrupta.
Hasta ese momento, Uribe llevaba la peor parte. Mientras que la posesión de Cristina Kichner, como Presidenta de la Argentina, se convertía en la prueba de acidez que revelaba cuan aislado estaba el gobierno colombiano en el continente, las FARC aumentaban las presiones sobre el gobierno colombiano. Se comprometían con Chávez, a la liberación de dos secuestrados: Clara Rojas, asistente y formula presidencial de Ingrid Betancur, y Consuelo Perdono, ex congresista del departamento del Huila, al sur de Colombia. Con ellas iría Emmanuel, hijo de Clara, nacido en cautiverio. Se trataba, sin duda, la carta más fuerte que podía jugar las FARC, pues la liberación de la madre y su pequeño se habían convertido en un reclamo permanente en noticieros y programas de opinión.
El Presidente Chávez, que había recibido el aval de los familiares de los secuestrados para seguir buscando su liberación, no tardó en asumir la iniciativa política. Para garantizar la seguridad de los liberados y el compromiso de las FARC, movilizó un importante apoyo internacional. Ante miles de televidentes, expuso los pasos que seguiría el proceso de entrega. En plena intervención, pasó cuenta de cobro a Uribe al decir que, "en ese mismo momento, se está entregando al Canciller de Colombia una solicitud de autorización para desarrollar el operativo". El gobierno colombiano, no tuvo otro remedio que aceptar.
Si había algo que mortificara a Uribe era que se le diera el mismo tratamiento que a las FARC. Y ahora lo estaba recibiendo por cuenta del mandatario venezolano y de la comunidad internacional que lo acompañaba. Eran siete comisionados nombrados como garantes por los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador, Francia y Suiza. Todos los detalles eran transmitidos en vivo y en directo por las emisoras de televisión y radio de Colombia y Venezuela, que habían desplazado hasta la zona a sus periodistas.
El punto ciegoEn la misma mañana en que las FARC enviaban una comunicación en la que informaban al Presidente venezolano que suspendían la entrega, argumentando que los operativos militares estaban poniendo en peligro la vida de los rehenes, Uribe toma una decisión arriesgada. Sin tener todos los elementos de juicio, plantea a los delegados internacionales la hipótesis de que las FARC no cumplirían con la entrega de uno de los secuestrados, pues Emmanuel el pequeño de tres años hijo de Clara Rojas, estaría en un lugar de acogida en Bogotá.
Con la entrega suspendida de manera indefinida, la batalla se desplazaba al ámbito internacional. Las FARC para demostrar que los operativos militares habían impedido la entrega. Y el gobierno, que las guerrillas habían engañado a los familiares y la comunidad internacional.
Los primeros días, el gobierno Uribe fue el derrotado.
El diario Clarín de Buenos Aires, aportaba las primeras pruebas de que el gobierno colombiano hostilizaba la entrega. Afirmaba que "… (Uribe) primero quiso quebrar la cohesión de las delegaciones: hasta las separaron físicamente en distintas fincas, lo que prácticamente les impedía reunirse. Ni hablar de las operaciones de espionaje. La estancia donde se alojaba Kirchner era sobrevolada permanentemente por un avión fantasma; 'había micrófonos hasta debajo de la cama' y militares hasta en los lugares más privados, revelaron fuentes de la misión".
Luego, es el propio ejército colombiano el que aporta la otra prueba. En su página oficial informaba, que "dio muerte a un guerrillero considerado hombre de confianza de la cúpula de las FARC el 31 de diciembre, mientras se realizaba el operativo para recibir a tres rehenes que esa guerrilla debía liberar". Según el comunicado, el rebelde fue muerto en una zona cercana a uno de los aeropuertos escogidos por Chávez para la liberación de los secuestrados, y "era emisario y hombre de confianza del secretariado de las FARC".
En los días 4 y 5 de enero se producía la información que demostraba que las FARC habían engañado a todos. Una prueba de ADN confirmaba la hipótesis de Uribe. El niño que estaba en el orfanato en Bogotá, era efectivamente el pequeño Emmanuel, hijo de Clara Rojas. Esta vez eran las FARC las que recibían un golpe contundente a su credibilidad.
Sin embargo, para el gobierno colombiano la ventaja duraría poco. La entrega de las secuestradas y la posterior solicitud de estatus de beligerancia para las FARC, que hace Chávez durante una intervención ante la Asamblea Nacional, vuelven a cambiar el escenario. Lo reconoció como un ejército formal, con control territorial y una jerarquía definida. La disposición a acompañar la propuesta venezolana que, por vías no oficiales, expresaban algunos países, de nuevo puso al gobierno colombiano contra las cuerdas.
Aprovechando su participación en Davos, Uribe organiza una gira de urgencia que lo llevaría a París, Bruselas y Madrid, en busca del apoyo para contener la propuesta de Chávez. Uribe propone el restablecimiento de la mediación de los gobiernos de Francia, Suiza y España, que un año antes, había avanzado en una propuesta para la liberación, sin éxito.
La aceptación de la propuesta de Uribe y el compromiso de no excluir a la guerrilla de las FARC del listado de terroristas, le da un respiro al gobierno colombiano. Pero sólo es temporal. Mientras que el gobierno suizo condiciona su participación a que "dispongan de garantías de independencia que permitan un margen de maniobra suficiente", Sarkosy pidió "no excluir a nadie que pudiera ayudar en la negociación".
El doble condicionamiento, se produce en momentos en que las FARC anuncian nuevas liberaciones de secuestrados. Estos dos factores no sólo le ponen límites a la actuación del gobierno colombiano, sino que además le abre las puertas a una posible participación de Chávez en el proceso. No de otra manera se explica cómo, en el mismo momento en que recibía a Uribe, Sarkozy enviaba a un emisario al Palacio de Miraflores en Caracas, para definir "los próximos pasos a seguir en el proceso para lograr la liberación de más personas cautivas". Un ingrediente que le da un grado de complejidad a la mediación, que los gobiernos de España y Colombia, enfrentados con Chávez, tendrán que manejar con guante de seda.