Ya desde hace tiempo sabemos que el llamado "Proces" es, en realidad un golpe de estado revolucionario, o quizá, al menos, tumultuario. El único que no parece enterarse o no quiere hacerlo es el Gobierno.
Pero, además, quien encabeza la revuelta, anima y lanza a las masas a hostigar a Guardias Civiles y Policía Nacional es el propio Govern, lo cual convierte la situación en explosiva. La escena -ya que en este año de 2017 cumplimos un siglo de la revolución bolchevique- es que Lenin y Trotsky no están organizando el asalto del Palacio de Invierno contra el gobierno Kerensky. El problema es que los promotores de la revolución están dentro del Palacio. Puigdemont y Junqueras son los instigadores de este golpe de estado y los agitadores que lanzan a las masas, de gentes presa de un ataque de alucinación colectiva, contra la Guardia Civil y la Policía Nacional.
Es, pues, una situación extremadamente grave y con un riesgo evidente de que degenere en tragedia. Es preciso que el Gobierno actúe con celeridad y firmeza para expulsar a los golpistas del Govern. Procedimientos impecablemente constitucionales está a disposición del Gobierno central y Rajoy debe aplicarlos de inmediato. El retraso hace cada vez más complicada la situación e incrementa el riesgo.
¿Negociar?. Desde luego, en cuanto los golpistas abandonen de forma fehaciente de declaración unilateral de independencia y regresen a la legalidad.