Cuando una editorial recupera para el público la ópera prima de un autor de reconocido prestigio como lo es Amos Oz (Jerusalén, 1939), no podemos más que preguntarnos las razones, los porqués, y ya desde ese punto comienza a desarrollarse un proceso de curiosidad. El motivo por el que Siruela decide sacar al mercado Tierra de chacales se encuentra según nos vamos adentrando en la lectura de esta colección de diez relatos (el primero de ellos da título al volumen) que conforman, como las pequeñas teselas de un mosaico, la visión completa del origen del estado de Israel.
Amos Oz (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007; Premio Goethe 2005; candidato en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura) los escribe entre los años 1962 y 1966 (revisados por él mismo aproximadamente diez años después). En ellos nos hace sentir la vida difícil de los kibutz, en los que vivió hasta su ingreso en la Universidad Hebrea de Jerusalén (desde donde narra precisamente estos cuentos).
Tierra de chacales nos mete en un terreno inhóspito, duro, a veces cruel, donde los sentimientos están ocultos, y estallan en mil pedazos cuando estos salen a la luz. Sus personajes están tan sutilmente construidos que en numerosas ocasiones nos traen recuerdos de los creados por Chejov.
Los textos transpiran violencia contenida (El monasterio trapense), y por los poros de la piel del lector va penetrando poco a poco la idea del surgimiento de un país hecho a macha martillo, tras un parto tan, tan difícil que aún hoy escuchamos los ecos del dolor.
“De tanta hambre y tanto frío, tal vez de pura pena, uno de los chacales de Belén empezó a llorar amargamente. Al instante, desde los montes de Beit Safafa, desde Sur Baher, desde la colina del monasterio de San Elías, le respondieron coros de chacales con un estallido de risa perversa y regocijo…”
Lo animal se funde con lo humano y la figura de los chacales estará presente en casi todos los cuentos (“Nómadas y víbora”, “La inercia del viento”...), hasta encarnarse prácticamente en un protagonista más en “Antes de tiempo”.
Pero también Oz, fundador junto a otros del movimiento pacifista Shalom Ajshav (“Paz Ahora”), deja espacio a la nostalgia a través de unos personajes, emigrantes en su mayoría, que añoran los sonidos de las tierras lejanas abandonadas en pos del sueño de la “tierra prometida”. Y, como no podía ser de otra manera, encarna en el protagonista de “Arreglar el mundo” su lado más crítico hacia el estado de Israel:
“Vinimos para materializar un sueño y resulta que todo es cine y todo es Hollywood. Eretz Israel es una prostituta. El que odia a su país es llamado traidor. Pero el que odia a la puta traidora es quien es leal al sueño traicionado. Si duelen los ojos hasta la locura, aún es posible salir a la oscuridad…”
Los relatos de Tierra de chacales nos llevan a la reflexión, a preguntarnos por conceptos tales como identidad, patria, traición, lealtad, coherencia, locura… todos ellos intrínsecamente ligados a la actualidad que hoy nos rodea.