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DESARROLLO DEL 155

jueves 12 de octubre de 2017, 11:16h
Cuando Juan José Ibarreche lanzó en el año 2003 su plan secesionista, algunos apelamos a la puesta en marcha del artículo 155...

Cuando Juan José Ibarreche lanzó en el año 2003 su plan secesionista, algunos apelamos a la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución. No hizo falta porque el lendakari aceptó la vía del 168 de la Constitución y aceptó defender su posición en el Congreso de los Diputados. Fue literalmente revolcado, también respetado, y se terminó el asunto. Vale la pena recordarlo y dedicar a Ibarreche el elogio porque hizo lo que no ha querido hacer Puigdemont: someterse a la Constitución, apostar fuerte y perder.

Ya entonces se hacía necesario desarrollar, a través de una ley orgánica, el artículo 155, en el que se generaliza y no se concreta. El 25 de octubre del año 2003, hace 14 años, publiqué en La Razón, el diario que tuve el honor de fundar, un artículo titulado El desarrollo del 155. Lo reproduzco íntegramente a continuación sin modificar ni una coma:

“Para que la crisis, si se produce, no le coja al Gobierno de turno en porretas, in púribus, en pelota picada, en cueros vivos, con el rabel al aire y el bálano oscilante, mejor sería que desde hoy mismo los políticos del PP y del PSOE se pusieran a negociar el desarrollo del artículo 155.

Dice así este artículo, de gran actualidad ahora que Ibarreche ha puesto en marcha el plan garante de que los etarras no asesinarán a los peneuvistas: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

¿En qué consisten esas medidas necesarias para que Atucha deje de cachondearse por lo fino del Tribunal Supremo? ¿Cómo se aplicarán para que Ibarreche abandone Ajuria Enea, se recluya en su casa y espere sentencia del Tribunal Constitucional? ¿Cómo se articula, en fin, la aplicación del Estado de Derecho en materia tan vidriosa como esta? Si no queremos que la excelente declaración, ayer, del Gobierno se quede en agua de borrajas, hay que aprobar una ley orgánica que desarrolle el artículo 155 de la Constitución. Y el tiempo apremia”.

Hasta aquí lo que publiqué en el año 2003. Catorce años después, algunos de nuestros políticos, que se distinguen no solo por la corrupción sino por la mediocridad, no han sido capaces de desarrollar el artículo 155, que Mariano Rajoy debió aplicar hace muchos meses y que parece dispuesto a descargar ahora sobre las espaldas de Puigdemont, a peser de las vaguedades que son lógicas en el texto constitucional pero que se pudieron y debieron precisar hace muchos años. La política seria consiste en prevenir no en curar. Y lo que ha ocurrido en Cataluña deriva de la incapacidad para prever de un sector de nuestra clase política.