Una oportunidad para el ferrocarril
domingo 06 de julio de 2008, 18:36h
El precio del petróleo no deja de asombrarnos con sus fuertes alzas. No hay dudas que hemos entrado en la era de los hidrocarburos caros que, en la visión del Departamento de Energía de los Estados Unidos y de la Agencia Internacional de Energía será el escenario más probable en las próximas décadas. El mundo consume diariamente 85 millones de barriles de petróleo, de los cuales nada menos que 44 millones corresponden al transporte. Por este motivo, si el petróleo se cotiza hoy 10 veces más caro que en la década pasada no debe sorprender que se revalorice ahora la importancia del transporte público (subterráneos, buses articulados y trenes urbanos) así como también la del ferrocarril, ya que su eficiencia en el uso de combustible es muy superior al automóvil o al camión. Al mismo tiempo, son muchos los países que están considerando los esfuerzos que deberán realizar para abatir las emisiones de dióxido de carbono, principal causante del calentamiento global, que se discutirán el año próximo en el ámbito de las Naciones Unidas, para definir los compromisos posteriores al 2012 del Protocolo de Kyoto. El transporte jugará así un rol crucial ya que ofrece grandes posibilidades para impulsar alternativas, como las del tren que aseguran menos emisiones contaminantes y ahorro de un petróleo que se encarece permanentemente.
En Argentina el ferrocarril , que fue tan importante a fines del siglo XIX y principios del XX, ha venido decayendo por muchos años, y hoy transporta apenas el 7 por ciento de las cargas, mientras que el camión transporta más del 90 por ciento. La modernización ferroviaria podría contribuir ahora a preservar la competitividad productiva, sobre el cual se ciernen perspectivas de debilitamiento por el alza del precio del petróleo. El modelo a imitar es Canadá y los Estados Unidos, países con fuerte agricultura y con similitud geográfica, donde el ferrocarril transporta el 36 por ciento de las cargas, es decir proporcionalmente más de cinco veces del volumen argentino. La modernización de la red ferroviaria, apuntaría así a compensar los efectos negativos que el aumento del petróleo tiene sobre los costos agrícolas. Esto es relevante para áreas productivas del interior del país, alejadas de los puertos; en estas zonas los mayores costos de transporte tendrán devastadores efectos sobre la rentabilidad de explotaciones agropecuarias que han prosperado en los últimos años. Además, el ferrocarril apenas transporta el 5 por ciento de los contenedores, ya que los puertos carecen de accesos adecuados. El tren podría contribuir a la competitividad productiva mediante una mayor participación en el transporte de gráneles y contenedores. La política de transporte debería orientarse hacia la modernización de nuestro decadente ferrocarril de cargas, que hoy transporta mucho menos que hace una década. Esta demorada modernización ferroviaria no podrá ignorar al ferrocarril de pasajeros de larga distancia ni tampoco a los urbanos. La decadencia aquí es notoria por la disminuida calidad del servicio por la ausencia de inversiones en renovación y mantenimiento. En el área metropolitana el ferrocarril transporta hoy mucho menos pasajeros que en 1999, a pesar que la población aumentó. Nuestra extensión territorial y la importancia de la agricultura exigen mejorar el ferrocarril de cargas y además el desarrollo tecnológicamente asociado del tren de pasajeros, estimulando así una industria ferroviaria propia.
Cuatro naciones lideran la modernización ferroviaria (Japón, Francia, Alemania y España) con el súper veloz tren bala. Estas naciones tienen ingresos per cápita entre 5 y 8 veces superiores al nuestro y una densidad demográfica que asegura la rentabilidad de estas tecnologías de punta, pensemos que con apenas 2/3 de nuestro territorio tienen 8 veces más población. Pero lo más importante es que avanzan hacia la modernidad después de haber consolidado previamente un ferrocarril bien desarrollado y mantenido, o sea lo contrario que nuestro caso. Por eso es errónea la decisión oficial de avanzar en una costosa operación, con un muy caro financiamiento, para contar con un tren-bala entre la ciudad de Buenos Aires y Rosario. Estamos a tiempo en Argentina, de entrar en la modernidad ferroviaria con inversiones sensatas y de muy alta rentabilidad económica, y que además preserven el medio ambiente, atiendan los requerimientos de la producción y las necesidades de la gente que merece viajar decentemente todos los días.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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