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DESDE ULTRAMAR

México no reconocerá una Cataluña independiente

Marcos Marín Amezcua
jueves 12 de octubre de 2017, 18:55h

Mi encabezado merece considerarse con toda seriedad. El comunicado número 379 de la Secretaría de Relaciones Exteriores del gobierno de México, del 10 de octubre de 2017 señala claramante: "si a pesar del diálogo político, el gobierno Catalán declara unilateralmente la independencia, el gobierno de México, en apego al derecho internacional, no reconocerá a Cataluña como un Estado independiente".

No es cosa menor ni anecdótica, porque México es el primer socio de España en la América hispana. Es su puerta a la región y España es un socio estratégico para México en Europa. No es el pronunciamiento de un país pequeño ni de nula importancia en el contexto español y para el mercado catalán de toda la vida. De toda. Hablamos de México, país receptor de más de 700 mil españoles desde la crisis de 2008 (muchos de ellos, catalanes) y con cifras diversas y nada claras en ese rubro, y que en él habitan otros tantos, algunos llegados sí, a los refugiados de la Guerra Civil, que entraron al país americano como españoles, aún naciendo en Cataluña, que es España.

Claro que el desconocimiento de México a la declaración unilateral de Puigdemont solo suma al silencio de otros países y al mismo tono empleado desde París, donde Macrón ha rechazado la postura de Puigdemont y la intervención de la Unión Europea concediendo así que es un tema interno español, pues el baturrillo del desaseado resultado del 1 de octubre nadie lo ha reconocido por ser un referéndum que no tenía ni pies ni cabeza. A mí me encanta Cataluña, pero no rompiendo España.

El pronunciamiento citado al inicio de esta entrega, hecho en el pleno del Senado mexicano ante el que comparecía el ministro Videgaray para exponer la actuación anual del gobierno al que representa, remachado después con el comunicado que menciono, no ha caído de sorpresa. Hay una sintonía estupenda entre Ciudad de México y Madrid. No hay pues, que sorprenderse, pues el tema catalán es seguido atentamente en México y me queda claro que la apuesta es posicionarse sobre un referéndum ilegal conforme a la ley española y a la inoncebible intentona de desgajar España de forma tan unilateral y tan burda, que es condenable, por ir pisoteando la opinión de los millones de españoles y catalanes en concreto, que no desean ese desgajamiento.

Al señor Puigdemont le podríamos aplicar algunas frases mexicanas. Una de ellas: “para eso me gustabas” con voz en tono de decepción. Es que luego de liarse y enrollarse en un discurso sin pies ni cabeza ante su parlamento, cuajado de medias verdades y de chantajes, que solo confunde y deforma la realidad que se sabe por todos, como para pretender manipularla, es que solo puedo afirmar que ha hecho el más absoluto ridículo al proclamar una independencia que deja en suspenso, que apoya en un referéndum desaseado, que ignora el “no” y el silencio de la mayoría y que no cuadra con la legalidad imperante. Y así, sin sustento ni legitimidad alguna, evidencia una carencia de ideas que es pasmosa. ¿Busca obtener con todo el circo que se ha montado, más recursos de Madrid en una negociación posterior, calculada? ¡Vaya tipo buscándola a costa de la unidad y la paz interior de España!

En su mensaje que prometía ser la madre de todas las batallas, uno de retórica formidable y planteamientos que guiaran al pueblo catalán por su líder redivivo, apuntando toda una señora declaración digna de ser recordada y un reto de frente a Madrid, a España entera y al mundo, en un “cuando Puigdemont camina, el mundo tiembla”; y no obstante que enlista las bondades de Cataluña construyendo la Transición, constatando que su participación valiosa bien puede ser el argumento para exigirle quedarse en España, a renglón seguido se lanza al vacío proclamando la independencia que dejada en suspenso, de momento suena muy folklórica. De opereta. Se quedó chiquito el dragón que prometía ser quitándonos el aliento y subyugándonos a propios y extraños, escupiendo al final solo dos ínfimas fumarolas de nada frente al resoplido de fuego que sus bufidos previos ilusionaban, pero que jamás llegó y fueron una gracejada antes que un rugido impropio del sofión que adelantaba que sería. Muy decepcionante, desde luego.

Carece tal acto efectuado desde la más alta tribuna catalana, siquiera de las formas más elementales y del halo fundacional de las naciones que bien sabemos en América. Basada en un referéndum ilegal, sin sustento para desgajarse de España y basado en una consulta sin padrón ni reglas ciertas, sin votación masiva, un pucherazo en toda regla y sin un sustento legal; desconocido por el orden mundial que se lo ha dicho a Puigdemont por activa y por pasiva, necesar entonces solo conduce a ninguna parte. Resulta además un actuar tan confuso que permite dudar de la salud mental del sujeto. Como para preguntarle de manera socarrona: “Oye Carles ¿te pasa esto, seguido?”

Lo de la independencia proclamada es un acto tonto. No es ni audaz ni glorioso. Y en efecto, sí, que haya referéndum, pero uno legal –el del primero de octubre no lo era y pretendía ser vinculante– con reglas y padrones ciertos, no impuesto y donde el “no” valga por igual. Si algo sabemos los mexicanos es el pucherazo en las elecciones priistas. Por eso no se puede estar con Puigdemont y es aborrecible su proceder.

Los Estados ponen candados, límites, en sus leyes fundamentales para no escindirse. Ergo, es claro y loable que España los tiene y no admite que surja una declaración unilateral de independencia y que proceda. Yo no la admitiría para mi país. Sin las vías legales a cubrir, de existir, entonces no puedo simpatizar con estas actuaciones tan vergonzosas. Por eso aplaudo el discurso de la diputada Arrimadas respondiendo al de Puigdemont. Su elocuencia lo desviste sin miramiento alguno. Enhorabuena. La declaración formal unilateral de independencia supone colocarse al filo de la ley. Y reafirmar la unidad de España en este 12 de octubre, su día nacional, es significativo y lo remarco.

Se le ha exigido a Puigdemont que deponga sus pretensiones, para entonces sí dialogar y no negociar la ley, sino los justos reclamos catalanes que puedan argüirse en el marco de aquella. Se niega a deponer su soberbia actitud. Con eso nos confirma lo que ya constatamos: al otro lado del Atlántico hemos confirmado de nuevo que Puigdemont va de engañabobos. Cuando de Cataluña se le van las empresas de gran calado, Puigdemont deberia de hacer cuentas antes que hacer planes.

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