El billón de dólares de China
Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
domingo 27 de enero de 2008, 20:10h
Las reservas en divisas de China superaban al empezar el año los 1,4 billones de dólares, de modo que el billón y medio está a la vista. Al fin de 2001, cuando China ingresó en la OMC, eran sólo de 200.000 millones de dólares y al inicio de 2007, eran de 1,06 billones. Es decir, el pasado año las reservas chinas aumentaron 1.000 millones de dólares al día. La cifra actual de reservas duplica el stock acumulado de inversión extranjera. Aunque su composición es un secreto de estado, se supone que el 70% están en dólares. Así que China dispone de más de un billón de dólares, la mayor parte en bonos del tesoro norteamericano.
En mayo pasado Stephen Roach, director de Morgan Stanley para Asia, dijo ante el Círculo de Economía, en Sitges: "De noche no puedo dormir. Y si supieran lo que yo se, tampoco dormirían. Y lo que se es que Estados Unidos están a punto de imponer sanciones económicas a China. Este Congreso, a diferencia de los anteriores lo hará. Si Bush opone su veto, hay votos suficientes para neutralizarlo. Sería un error estratégico. Este es el principal riesgo para la economía mundial". Si sancionáramos a nuestro principal prestamista, siguió Roach, China nos prestaría menos y podría deshacerse de sus dólares. La divisa americana se hundiría, subirían los tipos de interés y el resultado serían una recesión en Estados Unidos y en el mundo entero.
Desde 2006 está sobre la mesa del Congreso, en Washington, el proyecto de ley de los Senadores Schumer y Graham, que prevé la imposición a las importaciones chinas de un arancel del 27,5%, cifra en la que estimaban entonces infravalorado el yuan. Una ley semejante vulneraría las normas de la OMC.
Ya que Estados Unidos está al borde de la recesión sería suicida provocar a China a que la precipitara desprendiéndose de sus dólares. Por otra parte, desde el verano de 2005, en que el yuan se desvinculó del dólar, aquél se ha apreciado en relación a éste en un 12%, de modo que su infravaloración se ha reducido de forma sensible. Además, los intereses de las empresas americanas en China, tanto de las que producen allí como de las que compran productos chinos, los intereses de los consumidores americanos y el factor deflacionista que suponen los bajos precios de las mercancías chinas, se verían comprometidos. "El proteccionismo acabaría con la prosperidad global de las últimas décadas", sentencia Greenspan. Muchas razones, pues, aconsejan prudencia a Estados Unidos.
China, por su parte, no tiene ningún interés en contribuir a una recesión en Estados Unidos, y en el mundo entero, que perjudicara su estrategia de desarrollo económico y que pusiera en entredicho la globalización, de la que es el principal beneficiario. Las advertencias, meses atrás, en el sentido de que China pudiera utilizar la liquidación de sus reservas como baza negociadora frente a Estados Unidos no era más que una llamada a la cordura dirigida a los sectores proteccionistas americanos. Cada punto que caiga el PIB de Estados Unidos provocará la reducción del 6% en la exportación de China y entre el 0,2 y el 0,5% de su PIB, según el Banco Mundial. Aunque el pasado año China exportó a la Unión Europea, por primera vez, más que a Estados Unidos, el mercado norteamericano sigue siendo vital para ella. Sus enormes reservas en dólares se verían devaluadas por una caída precipitada de éste. De continuar la revalorización del euro respecto al dólar la economía europea sufriría, con lo que el principal mercado de exportación de China acabaría contrayéndose. Y China está interesada en proyectar, dentro de su estrategia de "emergencia pacífica", una imagen de potencia responsable, como hizo al no devaluar cuando lo hacían sus vecinos durante la crisis financiera asiática de la segunda mitad de los noventa (evitando con ello, según el Banco Mundial, que una crisis regional se transformara en mundial), o en relación a las armas nucleares en Corea del Norte. La mejor forma de demostrar responsabilidad en este momento sería que China estimulara su demanda interna, consintiendo una mayor revaluación del yuan (incluso frente al euro), contribuyendo a tirar de la economía mundial en un momento en que otras locomotoras desfallecen.
Henrry Kissinger, al hablar de la disuasión nuclear, apelaba a la mitología griega: los dioses ataron a los titanes por el rabo para evitar que uno pudiera arrojar al otro al abismo. Bien puede decirse que en el terreno de la economía global Estados Unidos y China disponen de armas nucleares: el mercado por parte americana, las reservas en dólares por parte china. El sentido común, que ha prevalecido durante más de medio siglo, ha hecho de las armas nucleares meros instrumentos de disuasión: nadie puede utilizarlas porque sabe que equivaldría a su propia destrucción. Son armas que existen para no ser utilizadas. Es de suponer que el mismo sentido común se impondrá en relación a esas armas nucleares económicas. Lo contrario sería el suicidio colectivo.
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Ex-embajador de España en China y Rusia
Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.
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