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BIOGRAFÍA

José María Lara: Manolete. “Yo me mando”

domingo 15 de octubre de 2017, 18:24h
José María Lara: Manolete. “Yo me mando”

Edición de Antonio J. Pradel. Prólogo de Orson Welles. Bellaterra. Barcelona, 2017. 117 páginas. 16 €.

Por Carlos Abella

Se cumple este año 2017 el centenario del nacimiento en Córdoba en 1917 de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, y setenta de su muerte en Linares, Jaén, el 28 de agosto de 1947.

Con este motivo, el mundo de la tauromaquia ha realizado un esfuerzo de divulgación y de evocación de una de las personalidades españolas del siglo XX, relevante por su trascendencia social y por la brutal impresión que en toda España y en el mundo causó su muerte por las heridas causadas por el toro “Islero” de la ganadería de Eduardo Miura.

Manolete. “Yo me mando” es un libro escrito en 1977 por el fotógrafo bilbaíno José María Lara (1913- 1999), con motivo del 30 aniversario de la muerte del torero, pero que no fue publicado entonces, y lo ha sido ahora gracias a la valiente y generosa política de promoción de literatura taurina de la editorial barcelonesa Edicions Bellaterra, que tiene acreditada una extensa edición de libros sobre tauromaquia, básicos para entender la historia del toreo, de sus principales protagonistas, y ensayos sobre la raíz cultural de su significado.

Lara tuvo el privilegio de estar cerca de “Manolete” durante varios años de su vida y sobre todo cerca de su intimidad como hombre y de aspectos de su vida que no tenían directamente que ver con sus actuaciones en los ruedos. Y por ello, la historia le debe las históricas imágenes de su estancia en Lisboa y Estoril con Lupe Sino, antes de partir para México, y de sus estancias en el pequeño pueblecito alcarreño de Fuentelaencina, donde el torero y Lupe Sino acreditaban a su cámara la honda raíz erótica de su relación, en las que -entre otras- “Manolete” besa el pie de su novia, y ella posa bellísima sentada sobre el cuello del torero al que abraza tiernamente y las que se pasean juntos -ella en bañador - y él a pecho descubierto camino de una charca donde el torero aprendió a nadar. Imágenes estas últimas que tuvieron tal impacto en su época que la censura “protegió” los desnudos y tentadores muslos de Lupe Sino con una falda que le llegaba hasta la rodilla. Hace años pude comprobar esa y otras manipulaciones en el magnífico archivo fotográfico de la Agencia EFE.

Pero este libro aporta a la historia del toreo algunas otras revelaciones que tienen trascendencia, como que en el último año de su vida profesional, José Flores “Camará”, el hombre que era inseparable desde sus comienzos, ya no era su apoderado, afirmación que se sostiene en varias páginas y que se apoya -según él- en la errática rendición de cuentas anual, que el apoderado hacía al torero. También aporta aspectos relacionados con la herencia de “Manolete” y sobre quiénes fueron los albaceas que gestionaron su fortuna, que fueron Álvaro Domecq -por petición de la madre del torero, Doña Angustias-, y un familiar cercano.

Lara acredita delicadeza al defender la figura de Lupe Sino, a la que la familia y el entorno del torero consideraban una “indeseable” y nociva para “Manolete” y a la que -siempre según su testimonio- obligaron a ir al notario después de la muerte del torero para dar fe de no haberse quedado con ningún bien (pág.89).

El libro añade un dato de especial relevancia al relatar en las páginas 105 y 106 la visita que “Manolete” hizo al Dr. Gregorio Marañón en 1947, en el Hotel Cristina de San Sebastián, pocas semanas antes de su muerte en Linares el 28 de agosto, para que revisara su estado físico. Y Lara relata que “Marañón le prohibió expresamente que continuara toreando”, porque “apreciaba que su estado cerebral no era normal debido a una gran depresión nerviosa” y porque ello afectaba a sus reflejos, “que habían perdido la rapidez normal en la respuesta”.

Manolete rechazó el consejo diciéndole que tenía que continuar al menos hasta terminar con los compromisos de más responsabilidad durante los 10 -12 días, que son los contratos que aún le quedaban por cumplir para satisfacer el empeño de “Camará” de que toreara ese último año unas cuarenta corridas antes de retirarse. Y concluye Lara revelando que “la víspera de su salida para Santander se pasó la noche de juerga con Lola Flores, Manolo Caracol y algún otro amigo en el bar Txoco de San Sebastián”.

El dato coincide con que “Manolete” toreó en Santander el 6 y el 26 de agosto de 1947, en cualquiera de las dos fechas, días antes de su última tarde en Linares. Cierra Lara el testimonio de esta visita, anotando que el Dr. Marañón ignoraba en ese momento los problemas familiares y sentimentales de Manolete, distanciado de Lupe Sino desde su regreso de México, hecho del que doy fe y que me reveló Manuel Flores, hijo de “Camará”, en la entrevista que en el año 2001 le hice en su finca en la sierra norte de Sevilla.

En conclusión, este es un libro muy importante para conocer mejor la vida de “Manolete” y para mejor interpretar la situación en la que el torero abordó sus últimos compromisos profesionales, y especialmente en el que encontró la muerte que le hizo legendario. El encarte central con 60 fotografías nos muestra la imagen del torero en su peripecia vital dentro y fuera de los ruedos, con personalidades del mundo como el boxeador Joe Louis, el cómico “Cantinflas”, o el actor Cary Grant. La edición se enriquece con un prólogo de Orson Welles y el cuidado de Antonio J. Pradel. Libro, pues imprescindible para la biblioteca de quien quiera conocer a una de las personalidades más atractivas de nuestro siglo XX.

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