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DESDE ULTRAMAR

México. Testimonios lejanos del terremoto

Marcos Marín Amezcua
jueves 19 de octubre de 2017, 19:54h

Cumplimos justo un mes desde el terremoto del 19 de septiembre. A mí me parece que transcurrieron siglos desde aquella aciaga jornada, pero no, apenas fue un mes y pasaron tantas cosas, hay tantas afectaciones y los damnificados en espera de que se canalicen sus demandas, que tardaremos en reparar y tantos temas pendientes –desde la demolición de edificios afectados como alzar de nuevo el patrimonio histórico afectado– que suman una eternidad y apenas ha pasado un mes que ha parecido un tiempo eterno.

Pongo el acento en los amigos mexicanos del exterior, que desde la lejanía conocieron las primeras informaciones de lo acontecido en México aquel infausto día, y he solicitado a algunos que me contaran sus primeras impresiones con la carga emotiva que la distancia suma, cuando la patria está lejos.

Generosos, han accedido y obsequiado sus valiosas y sentidas palabras agradecidas por mí a cada uno, que nos transmiten sentimientos genuinos, emotivos, cautivadores. Las reproduzco para su conocimiento. A través de ellas nos acercamos a ese otro entresijo, el del sentir de los compatriotas que en el extranjero vivían angustiosos primeros momentos desde que conocieron los alarmantes y fatales sucesos del 19 de septiembre de 2017.

Así, mi amiga Luz de León desde Japón, apunta: “Me enteré por Facebook, eran las 8 a.m. del miércoles hora en Japón, en México las 6 p.m. del martes 19. Cuando estaba por salir a trabajar, al conectarme a la red, vi que tenía como 50 mensajes. Pensé alguien se fue de vacaciones o compartió alguna anécdota divertida. Cuál sería mi sorpresa al ver lo que había pasado en la Ciudad de México. Familiares y amigos diciendo que estaban bien, pero que la cuidad era un caos. Me quedé helada y sentada en la cama reviviendo los horrores vividos en Kumamoto un año y medio atrás. Pensando en mi familia. De inmediato contacté a mi hermana por whats up y me informó que todos estaban bien y que el teléfono de casa de mi madre no funcionaba. Le hice mucho hincapié en que estuvieran alerta por una posible réplica. Ya que aquí tuvimos al día siguiente un terremoto más fuerte en su momento. Ese día 19 de septiembre después de colgar con mi hermana de inmediato me comuniqué al Centro Internacional de la ciudad e Kumamoto ya que estábamos esperando respuesta del gobierno de la prefectura para poder iniciar una campaña de donación para las víctimas del primer terremoto sucedido días antes en Oaxaca y Chiapas. ¡Quién iba a pensar que ocurriría otro terremoto! Es horrible pensar en que tu familia y amigos están pasando por la misma experiencia de un terremoto. Sentí la necesidad todavía más apremiante de hacer algo por mi gente. Así que con la ayuda de otros mexicanos hemos estado haciendo la colecta, bailando en la calle, pidiendo en los festivales locales, a amigos, conocidos. En la escuela católica donde va mi hija este fin de semana, se pondrán unas urnas para pedir donaciones. La reacción de los japoneses al pedirles su apoyo ha sido siempre positiva, la gente de Kumamoto me ha dicho que nosotros recibimos mucha ayuda y ahora es tiempo de regresarla”.

Desde el Golfo Pérsico, mi amiga Cristina me dijo: De hecho, yo estaba en Canadá porque acompañé a mi hija a mudarse de piso en la universidad. Me enteré por Facebook, por el muro de una amiga que ponía algo similar a "tembló en la Ciudad de México, se sintió horrible”. Después de leer lo anterior, comencé a leer más comentarios al respecto y las noticias. Mi reacción fue sentir un hueco en el estómago; de nuevo se trataba del septiembre 19 e inmediatamente recordé lo que había sido de ese día muchos años antes (la fatal coincidencia del terremoto del 19 de septiembre de 1985). Cuando se me salieron las lágrimas fue al leer en el muro de una amiga: 'Están buscando entre los escombros a mano limpia; se necesitan guantes y mucha ayuda'.

Un mes después aquí seguimos. Muchos pensamos que tuvimos la fortuna de contar con una suerte de segunda oportunidad de vivir. Y así lo consideramos. Estoy cierto que así es. Las heridas perdurarán por mucho tiempo y el recuerdo nos será imborrable.

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