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TIRO CON ARCO

Entrevista a Josep Pla

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 22 de octubre de 2017, 19:05h
Actualizado el: 20 de noviembre de 2017, 22:45h
Los que bien me conocen están hartos de que se la cite.

Josep Pla pasa por ser el mejor prosista en lengua catalana y, sin embargo, sigue siendo una figura incómoda para el catalanismo. Más que próximo a los movimientos del nacionalismo catalán en su juventud, también hay estudios que lo sitúan como espía del bando sublevado durante la Guerra Civil. La burguesía catalana lo tenía claro ante la revolución anarquista: venga la dictadura y que nos devuelvan nuestras empresas. Al parecer, Pla hizo de informador en la frontera con Francia. Realizó méritos con una crónica de la entrada de las tropas nacionales en una Cataluña que pintaba devastada. Después, arrinconó sus elegantes sombreros ingleses y se caló una enroscada boina payesa, para siempre. Pasó aquellas cuatro décadas escribiendo en soledad bajo el auspicio de la editorial Destino. Ahora, mientras nos comenzamos a aburrir del pulso catalán al régimen del 78, que ya se ha decidido a aplicar el famoso 155, me acuerdo, otra vez, de la entrevista al gran escritor. La hizo Soler Serrano y estaba planteada como desagravio a la literatura catalana, en los albores de la Transición.

Soler Serrano pregunta y Pla cuca los ojos, con la sabiduría que aprendió de los payeses. José Vergés, su editor, se dedicó a intentar que el escritor ampurdanés no llegara demasiado ahumado por los vapores del alcohol a la entrevista que le restituía como gran escritor catalán. Lo consiguió a medias.

Ha tenido un gran éxito en Internet esa entrevista. Entre las gentes de mi generación y aledaños. Desde la humildad, lanzo una hipótesis: todo el mundo ha creído oír hablar a su abuelo. Los abuelos, tan callados. De repente Pla, tan culto, tan inteligente, tan rústico como los abuelos que dejaron los españoles en el pueblo, camino de la ciudad, le cuenta todo a Soler Serrano como si estuviera en un café de Palafrugell.

Desatado, Pla tiene las maneras de un abuelo. Habla de literatura con humildad -yo he intentado siempre poner los adjetivos detrás de los sustantivos- y habla de política. Prefigura el brexit, cuando dice que la “Little England, un país sin cuidado de nada” es una obra de los intelectuales -¡y cita a Bernard Shaw y Chesterton y Wells!-. Habla sobre el miedo a la inflación de Alemania, tan vigente, sobre la pasividad de Francia e Italia, país que adoraba, y también sobre Cataluña. Cree que hay que desengañarse: España es el mercado de Cataluña. El catalán es un español “cien por cien” y le han dicho que tiene que ser otra cosa, sostiene, en su cálculo.

Es conocida su frase: ¿Sabe usted la condición para ser feliz? No ser envidioso. Pero todavía más esa exhortación al realismo: Y esto, ¿quién lo paga?
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