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La Guerra de la imagen y del papel

sábado 28 de octubre de 2017, 20:35h
Tras la declaración ayer viernes de la república catalana, consumando un golpe de estado en que setenta votos han pretendido liquidar la Constitución española, el Estatuto de Cataluña y quinientos y pico años de historia, lo que ha seguido ha sido una guerra de imágenes y de papel.
Los héroes de la independencia no parece que hayan imitado los pasos dramáticos de Jefferson, Franklin y Washington en Filadelfia ni los del general San Martín cruzando los Andes, o los de Sucre en Ayacucho, ni los de "los Mil de Garibaldi": más bien, han procurado ocultarse en el anonimato de un voto secreto, con el ojo puesto en el Código Penal, en lugar de la Historia y la épica. Patético. No deben tener muy claro el resultado, y han preferido continuar con la interpretación de su ópera buffa en las escalinatas del Palau de la Generalitat. Sigue la farsa, pues.
El Gobierno de la nación, por su parte, ha hecho sus deberes con orden y rapidez, publicando en el BOE las medidas del artículo 155 a que le había facultado la aprobación del Senado. A diferencia del sainete nacional-populista, ha hecho gala de cierta dignidad austera. Bien está. Sin embargo, hasta ahora, no hay más que una guerra de papel. Imprescindible, si, pero de papel.
No tiene razón práctica el portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo asegurando que, como el ex-president Puigdemont ha sido destituido, ya "no tiene poder". Todavía no sabemos de lo que es capaz, en el terreno de la realidad. Por ahora, lo único que nos ha dicho es que no acata su destitución y que encabezará una "oposición democrática" a la aplicación del artículo 155. Ilegal, desde luego, pero eso no significa que no pueda ser efectiva. Y ese es el reto del Gobierno: tener la ley resulta imprescindible. Sin embargo, no es suficiente: la ley hay que hacerla cumplir. Hay que imponerla. Y no es seguro que la Vice-Presidenta -encargada del operativo en cuestión- distinga bien la realidad. Conoce bien las leyes, desde luego, pero es discutible que respete los hechos, porque el 1º de octubre no lo hizo. Y retomar el poder, para desalojar a los golpistas, exige atender a los hechos y superarlos en la práctica con un operativo eficiente que, reduciendo los costes de enfrentamiento, asegure, por encima de todo, que se alcanzan los objetivos. Con efectividad. La literatura jurídica, que con tanta soltura manejan los ministros abogados del estado, sería recomendable que la complementaran con algún librito sobre la realidad del poder: por ejemplo, el que escribió Curzio Malaparte hará pronto un siglo.
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