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NOVELA

Betina González: América alucinada

domingo 29 de octubre de 2017, 19:38h
Betina González: América alucinada

Tusquets. Barcelona. 2017. 251 páginas. 17,10 €. Libro electrónico:11,39 €.

Por Daniel González Irala

La escritora y profesora bonaerense Betina González, tras llevarse el Premio Tusquets de Novela por Las poseídas, vuelve a la carga con una distópica y postapocalíptica historia donde los ambientes y seres enrarecidos se plasman de manera gráfica y poderosa sobre la mente de sus personajes dejándolos ya desde su inicio atormentados y maltrechos para siempre. Como ocurre con la buena literatura, ese sentido del nudo, de que algo se está moviendo o está respirando, se hace en este caso desasosegante e incierto conforme vamos pasando las páginas. Este malabarismo del que sale airosa a pesar del tono largo utilizado (o quizás por él) se debe posiblemente a la influencia en su modo de hacer de Clarice Lispector, novelista brasileña que ahondaba en este tipo de problemáticas psíquicas tan connaturales a dicha literatura. Por otro lado, ella misma en alguna entrevista ha dejado ver su admiración por Jonathan Franzen, escritor que quedó desolado ante la complicada muerte de David Foster Wallace.

La fábula o anécdota parte de la voz continuamente interrumpida de tres personajes: Vik, un japonés que no puede hacer su vida normal (jugar un campeonato de ping-pong) porque está amedrentado ante la presencia de una mujer primero en uno de los armarios de su casa, después en el clóset; Berenice, que pierde a su madre a temprana edad, lo que le hace comprender a su juguete Barbie como alguien ya avejentado de antemano; y Berilia, una anciana que vivió el hippismo y a la que no se le ocurre mejor idea que montar un club de caza donde se matará a ciervos, no sin tener que purgar las lógicas culpas.

Lo que ha servido de inspiración a González para armar este oprimente puzle o rompecabezas que no se cierra, probablemente hayan sido también sus vivencias en Estados Unidos; cuenta que allí, mientras estudiaba un doctorado, se encontró con alumnos que no sabían lo que era el FMI y esta manera de ver y vivir el capitalismo salvaje por el que el sur del continente americano siempre se resintió, le debió cuanto menos chocar.

Se insiste igualmente en la nota final de lo importante que ha resultado ser la documentación previa para la escritura posterior. En este sentido se aportan gran cantidad de fuentes bibliográficas y cinematográficas gracias a las que le ha sido posible construir realidades y personajes tan complejos.

Esa sensación de movimiento de la que hablábamos es como otro personaje más, ese a través del que se injerencian unos postulados que a partir de la peripecia de Berilia nos hacen cuestionar modas, usos y costumbres como son las consecuencias del consumo de drogas psicotrópicas (en este sentido el personaje de Müller hace de moralista) obtenidas a partir de plantas de autocultivo, o la vida en los bosques, hospitales o comunas tan propias de los libros de Thoreau. Entendemos, pues, que estas vías de escape nacen según Müller en el seno de un sistema que, sin admitirlas, las metabolizan desde su inicio.

Así lo cuenta: “Te aseguro que esos energúmenos que predican la vuelta a la naturaleza, la deserción de los deberes cívicos y la vida alucinada en los bosques no han pasado nunca por ninguna privación. Son un grupo de chicos sobrealimentados”.

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