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NOVELA

Sergio Ramírez: Ya nadie llora por mí

domingo 19 de noviembre de 2017, 19:02h
Sergio Ramírez: Ya nadie llora por mí

Alfaguara. Barcelona, 2017. 360 páginas. 18, 90 €. El escritor nicaragüense, recién galardonado con el Premio Cervantes, retoma a una de sus más logradas criaturas, el otrora inspector de Policía Dolores Morales y hoy detective privado, para sumergirnos en una Nicaragua donde el sueño sandinista hace tiempo que murió. Por Carmen R. Santos

A Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942) acaba de concedérsele el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras en español, siendo así el primer escritor nicaragüense y centroamericano que lo consigue. Merecido reconocimiento -que se suma a otros, como el Premio Iberoamericano de las Letras José Donoso o el Carlos Fuentes-, a un autor -encuadrado en la generación surgida después del célebre boom-, que practica una literatura comprometida, atenta a los problemas de su país, sin dejar de lado la exigencia estética, pues refleja, como bien ha señalado el jurado del Cervantes, “la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte”.

Dos intereses, dos pasiones, son las que han jalonado la trayectoria de Ramírez. Él mismo lo apunta en Oficios compartidos, donde se pregunta por la compatibilidad de política y literatura. En su caso, ha desarrollado las dos, aunque, finalmente, la segunda, su vocación literaria, le ha ganado la partida al quehacer político. En este, sin embargo, alcanzó puestos de responsabilidad, llegando a ser vicepresidente de su nación entre 1985 y 1990, en un primer Gobierno tras la caída de Somoza, presidido por líder sandinista Daniel Ortega.

Tras graduarse como doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de León, se une al grupo opositor “Los Doce”, que tiene entre sus miembros a representantes de distintos sectores sociales que apoyan al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y su objetivo de derrocar la dictadura de los Somoza. Desencantado hace tiempo del giro que iba tomando la revolución sandinista, Sergio Ramírez cuestiona hoy a Ortega, presidente de Nicaragua, y la deriva autoritaria de su mandato, en el que Rosario Murillo fue siempre más que la primera dama, y hoy ya tiene poder oficial como vicepresidenta.

Precisamente la Nicaragua de ahora mismo, la de Ortega y Murillo, es el marco de la novela policiaca Ya nadie llora por mí, un género muy adecuado para esa inmersión en la realidad, con esta fórmula en la más oscura realidad, que pretende Ramírez. El propio escritor señaló en cierta ocasión que “la investigación policial, en la medida en que se va completando, llega a convertirse en una verdadera parábola sobre el poder, que ha sido siempre el elemento invasivo y perverso de la historia y de la realidad, esa mano de pintura negra indeleble que todo lo oscurece”, y ha llamado la atención sobre la singularidad de la novela policiaca en Latinoamérica: “Se diferencia mucho de la anglosajona en que la usamos para contar las anormalidades de la realidad social y política, porque en América Latina sucede lo contrario al mundo anglosajón, donde sí existen cuerpos de policía, jueces y fiscales en los que se puede confiar”.

No es la primera vez que Sergio Ramírez aborda la novela negra. Lo hizo en 2008 con El cielo llora por mí -publicada también por Alfaguara, su sello habitual-, donde creó al inspector Dolores Morales -repárese en el nombre-, quien, junto a su compañero el subinspector Bert Dixon, Lord Dixon -ametrallado finalmente por sicarios-, se enfrenta a poderosos cárteles de la droga y, naturalmente, a la corrupción del poder y de los poderosos. En Ya nadie llora por mí retoma al personaje, que desde hace años no trabaja en la Policía -adonde pasó después de su actividad guerrillera con los sandinistas-, sino como detective privado. Se encarga sobre todo de asuntos de infidelidades y tiene su agencia, nada boyante, en un centro comercial en plena decadencia de Managua. Para recordaros, o presentarnos, a Dolores Morales, su “padre” lo hace mediante el guiño de iniciar la novela con unas páginas como si fueran de Wikipedia, donde sintetiza datos sobre su figura.

Parece, sin embargo, que la suerte del investigador va a cambiar con un caso inusual en su agencia. Miguel Soto Colmenares, uno de los hombres más ricos del país, le invita a desayunar. Su hijastra, Marcela, ha desaparecido. ¿Secuestro? ¿Huida voluntaria? El potentado Soto le dará una suculenta suma si la encuentra. Manos a la obra se pondrá rápidamente Morales -tiene tres días de plazo-, con la inestimable colaboración de su ayudante, Sofía Smith -personaje muy logrado-, y de Lord Dixon, que le habla al oído desde el más allá. En sus pesquisas se van destapando turbias tramas, las cloacas de las alturas, donde ambiciones desmedidas, dinero, sexo, corrupción… se entremezclan.

No es casual que varias citas del shakespereano Macbeth se consignen en la novela, pieza en la que, como es sabido, el ansia de poder de su protagonista, y quizá más aún de su esposa, lo domina todo. La primera cita se refiere al momento en que el bosque empieza a moverse. Y, curiosamente, al comienzo, aparece Dolores Morales conduciendo por una vía donde “las estructuras metálicas de los árboles de la vida mandados a sembrar por la primera dama poblaban el camellón central y los espaldones de la carretera formando un bosque inmenso y extraño”.

Un estilo tan ágil como potente, en el que descuella la ironía y un extraordinario manejo del diálogo, no es el menor aliciente para disfrutar de esta novela de Sergio Ramírez, donde demuestra todo lo que puede entrañar el noir.

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