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TIRO CON ARCO

Los ‘hackers’ rusos

Dani Villagrasa Beltrán
lunes 20 de noviembre de 2017, 20:24h
Actualizado el: 20/11/2017 22:32h
El estado de propaganda y agitación que promueven determinados nuevos medios de comunicación ha dejado el debate social cada vez más intransitable. Se borran los claroscuros como se borra la imagen de Santi Vila del autoproclamado como ‘Govern legítimo’, dejando, eso sí, sus piernas, en el apresurado photoshopeo. Sólo los más convencidos hablan, con altavoces cada vez más invasivos, omnipresentes. Y no hablan más que a su tribu. Y los ciudadanos, cada vez más, lo que demandan es eso: pertenencia a una tribu. Cualquier cosa que se aparta de las grandes tendencias de opinión se considera una blasfemia.

Habrán sido los ‘hackers’ rusos, pero los usuarios de cualquier altavoz social, se llame Facebook, Twitter, Whatsapp o Instagram, por citar los más mayoritarios, han compartido todas y cada una de las informaciones sesgadas, de las falacias intolerables, de las mentiras más palmarias. Cosas que no aguantan ni el más distraído vistazo crítico han llegado torrencialmente a los ciudadanos gracias a su propia colaboración. Las redes sociales se están convirtiendo en un canal de uniformización mental. Se reacciona, y se reacciona con violencia, para mantener prietas las filas en cualquier debate social donde, a lo sumo, se permiten dos, acaso tres opiniones, eso sí, repetidas hasta la saciedad, viralizadas, escandalosamente monocromáticas. Esto es viejo como el mundo, pero en estos momentos se encuentra en su máximo apogeo, con cada ciudadano en disposición de un aparato de propaganda en su bolsillo. Sólo así puede explicarse que un movimiento político como el ‘procès’, que tan sonoramente ha fracasado en sus objetivos, siga en pie y se presente a unas elecciones.

Los cándidos de la democracia dirán que es positivo que la sociedad se implique más en el terreno político, pero la verdad es que sigue participando como siempre. Hace de bulto, de masa, de turbamulta. Repite ideas que le vienen de lejos, pensando que son las suyas. Sirve a intereses que desconoce.

Habrán sido los ‘hackers’ rusos los que han elegido los mensajes más movilizadores, las argucias retóricas más probadas y los que se han asegurado de que llegaban a cada teléfono y cada pantalla de cada ciudadano la matraca del paraíso catalán y la mesetaria, autoritaria España. Los mismos de Le Pen, de Donald Trump y del Brexit. Habrán sido los ‘hackers’ rusos, sí, pero con la colaboración inestimable de la ciudadanía que, me consta, sufre en sus propias carnes el campo de odio que también ayuda a sembrar.

La imprenta expandió el conocimiento, pero también el fanatismo y las hogueras donde se quemó a los herejes. Hace falta un Castellio para la nueva era de internet.
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