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Vicente Zabala, un sabio del toro

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Un castizo de Madrid. Un personaje del foro, tocado con terno aseado, de los que se cubrían con la palpusa ladeada, gustaba de babosa de seda inmaculada, chupa impoluta, corbata carmesí con escudo del Madrid, calcos italianos de Elda y picantes con austeras ligas. Conocedor de las más famosas tabernas del centro. Paseante dominguero del Rastro, habitual de los Austrias y fiel al Retiro.

Amante de la comida casera sabrosa y abundante, fiel de la cuchara. Sobre todo, gran degustador de marisco. Dotado de una muñeca diestra para pelar langostinos. Me enseñó a comer percebes, en una época que el marisco sabía a marisco, no a plástico. Admirador constante del espectáculo teatral. Sobre todo de la revista musical, el género más divertido en el cual nos educamos los de la generación de Zabala. Ahí estaba la claque, para atestiguarlo. Sin ayuda estatal, ni subvención económica, la revista llenaba los locales. Y tenía que ser así, porque el gasto era cuantioso; orquesta, ballet, coristas, vedetes, súper vedetes y actores cómicos geniales, así como vestuario, plumas, decorados, publicidad y otros gastos, que salían de la taquilla. Es decir, se hacía teatro pensando en el público.

Y ahí estaba Vicente Zabala, tarareando las canciones del género lírico, que se sabía de memoria. ¡Revista y zarzuela, lo más grande! Además de eso, era el tío más gracioso que paseaba por Madrid para solaz de sus amigos. Además de eso, el que más sabía de toros, Luis María Anson, que no se le escapaba ni una, le nombró crítico de toros de su “ABC” y ahí han quedado sus críticas y sus crónicas. Notario de la actualidad en sus estupendos relatos. Acompañarle a una corrida, era un espectáculo. Se adelantaba con precisión exacta a las decisiones del toro o las habilidades del torero y no fallaba una. Un mal día, se le ocurrió irse a Colombia, invitado a criticar la feria de Cali y pasó, lo que nunca pasa; que se caiga un avión. Como él hubiera dicho; una cosa que no tiene gracia. Anson más que un amigo, un hermano, se preocupó, en compañía de sus hijos, en irle a buscar y traerlo a Madrid. Vicente no pintaba nada en Colombia.

Irrepetible personaje. Se esforzaba en hacer felices a los que le rodeaban. Con una vis cómica cercana a los escenarios; imitaba las voces de los reventas, del cura en el púlpito, del baboso intelectual orgánico. Era un lujo para los que tuvimos la suerte de gozar su amistad.
Peñuca, su viuda, mientras pinta paisajes inventados, le recuerda con una interminable sonrisa llena de ternura. Sus hijos han resultado, como Vicente soñaba que fueran. El mayor Vicente, en “ABC”, es uno de los mejores críticos taurinos del mundo. Víctor, ex matador de toros, nunca perdió el contacto con el mundo del toro y le va de cine y Verónica exquisita periodista, es directora de una revista de actualidad.
Él, que tanta preocupación tenía por el porvenir de sus hijos, ahí están triunfando como locos ¿era lo que tú querías, no? Pues eso.

Lo recordaré siempre. No he vuelto a los toros, no encuentro a nadie que me lo sepa explicar. Madrid no me parece tan divertido. El marisco no es lo que era. Para viajar procuro utilizar el AVE y no el avión, hasta cuando voy a Nueva York.
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