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Las razones del laicismo de Zapatero

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 09 de julio de 2008, 01:15h
Durante toda la pasada Legislatura se especuló sobre las razones del discurso laicista de Zapatero. Nadie entendía el porqué de una ofensiva aparentemente gratuita, del empecinamiento en crear otro modelo de familia o de organizar una religión "de Estado" en la enseñanza. Ni su necesidad de denunciar el carácter reaccionario de una Iglesia que en nada se parecía a la caricatura franquista.

Así, como la gente no podía entender tales empeños, a Zapatero le tildaron de provocador. Incluso, recordando a los laicistas históricos confesos, le endosaron en la Masonería. Porque había que explicar lo inexplicable. Un líder político que aspiraba a la reelección se empecinaba en buscar el rechazo implacable de casi media España.

Muy iluminado debía ser un dirigente, se decía en esos cuatro años previos al 9-M, para tanta ofensa gratuita, aunque le saliera electoralmente rentable la agitación instintiva del anticlericalismo. Por eso se dijo, después de su victoria, que Zapatero suavizaría el tono, y se pondría en hombre de Estado, en reconciliador frente a la crispación.

Gran sorpresa, pues ha sucedido todo lo contrario. En medio de preocupaciones intensas sobre la desaceleración, estancamiento, recesión, frenazo... o crisis de un enorme número de españoles; en medio de la creciente inquietud sobre la descomposición institucional del Estado vía Estatutos de Autonomía; con el terrorismo de Eta como amenaza recuperada, Zapatero ha vuelto a su leit motiv obsesivo: la laicidad.

El mensaje parece claro: derrotado y convulsionado el PP, el siguiente objetivo es el desmontaje social de la Iglesia, como si ésta fuera la única competencia que le queda al proyecto de Zapatero, que obviamente no es socialista (a juzgar por sus buenas migas con el gran capital) sino de transformación, o ingeniería, social.

Si Zapatero considera a la Iglesia su enemiga no puede ser por otra razón que la de sustituirla en su papel de estructuración social, que es, aunque le pese, el propio de la tradición fundacional del moderno Occidente.

Es un misionero contra los antiguos misioneros. Es un evangelizador que tropieza con los Evangelios. Es un competidor, siendo, en el fondo, un imitador. Ha compuesto su propia secta de moral laica, poco distante, en el fondo, de la formulación de la moral religiosa, si descontamos la parafernalia abortista-eutanásica, que es más provocación que creencia (y por eso la vende como derechos, no como deseos). Repasemos: la paz perpetua (véase "démonos fraternalmente la paz"); la alianza de civilizaciones (léase ecumenismo); la ayuda al Tercer Mundo (tradúzcase como Misión); la lucha contra el cambio climático (dígase salvación); los 400 euros (entiéndase como caridad) y así sucesivamente.

¿Qué le molesta tanto a Zapatero de la Iglesia, siendo él como es un predicador, aparentemente alejado de la contingencia terrenal de la economía, de la gestión, de la Nación?

Toda institución dirigida por humanos es falible. La Iglesia, en su dirección jerárquica, lo es. Puede creerse o no en ella, en su origen o en el mismo Dios. Pero es difícil que de ella puedan molestar los principios morales hace ya mucho tiempo relacionados con la defensa del hombre, de la libertad y de la vida.

Sólo cabe una conclusión. A Zapatero le molesta tanto la Iglesia porque le gustaría tener una para él.

De haber sido más inteligente, Zapatero debería haber perseguido el Papado, que ésa sí es una institución a la altura de sus grandes proyectos universales. No eligió bien, y se quedó con un obispado laico, en esta España de nuestros pecados.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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