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TRIBUNA

Cataluña, un dictamen liberal

sábado 25 de noviembre de 2017, 20:38h

Una de las cuestiones que más desasosiego produce a quien firma esta columna es el trato que han dado algunos medios de comunicación extranjeros de gran prestigio y resonancia a la crisis de Cataluña. Es imperdonable la dejación que ha hecho nuestro gobierno en lo que se ha denominado, de forma bastante elocuente, la batalla de la opinión exterior. Como muestra, el deplorable “plasma” que le atizó el ministro Dastis a la BBC: parecía, por hacer un símil relacionado con Bélgica, un general sudamericano de un cuento de Tintín.

El gran reproche de estos medios extranjeros es el de la falta de comprensión, pluralismo, tolerancia, o incluso democracia que ha mostrado el gobierno de España con respecto de Cataluña.

Desde luego, desde la ortodoxia liberal nada hay más natural que votar. El liberalismo, entre otras cosas, implica pluralismo. La pregunta que hay que hacerse es si estamos ante un choque de valores legítimos que debe resolverse votando. ¿Existiría, por tanto, una legitimidad en la reclamación de independencia de Cataluña y una legitimidad por parte del gobierno de España para negarla? En tal caso, estaríamos ante una colisión de valores u objetivos legítimos que debe encauzarse democráticamente.

Analicemos si se incurre en un determinismo. Es decir, un intento desde arriba de imponer una conducta uniforme en su población, y que, por tanto, es una muestra inequívoca de totalitarismo. Nada hay más repugnante para un liberal que el que le impongan una conducta.

Durante la crisis que hemos vivido, el gobierno de Cataluña se ha arrogado la representación de, valga la redundancia, Cataluña. Todo ello, pese a no tener un apoyo mayoritario claro. Se ha saltado todos los procedimientos, tanto internos (el Estatut) como semi-externos (la Constitución) o externos del todo (tratados y toda la legislación de la UE). Hubo alguna sesión del Parlament que más pareció el Reichstag cuando lo presidía Goering que un parlamento de la Europa del siglo XXI.

El Govern ha dividido la sociedad catalana en un “nosotros” y “ellos” más propio de Podemos que de alguien que se considera democrático. Ha alentado manifestaciones de uno solo de los bandos. Ha usado los medios de comunicación públicos de forma bochornosa. Ha incitado a un casi linchamiento de la Guardia Civil. Ha tolerado persecuciones personales (Coixet, Serrat y alguno más) muy desagradables. Y finalmente ha utilizado fondos públicos -que pagamos todos los españoles- de forma discrecional sin ningún tipo de intervención, ni recato.

Con respecto de la actuación del gobierno de España el gran reproche ha sido su lentitud en actuar, que llevó a la desastrosa gestión del día del pseudo referéndum del uno de octubre. Caer en la provocación fue inútil y deterioró la imagen de nuestro país, aunque no estaría mal comparar la actuación de algunos antidisturbios en otros lugares para poner este reproche en un contexto menos histérico. Pero por lo demás, si algo se les puede reprochar es la pasividad más que la acción.

El dictamen es obvio. Los independentistas no actuaron de forma legítima, no hay colisión de valores. Puigdemont y Forcadell tuvieron una actuación que sólo se puede calificar de totalitaria.

Además, Isaiah Berlin arguyó que los valores también hay que evaluarlos en función del momento histórico. Hoy en una Europa que debería cabalgar hacia una mayor unidad es un completo anacronismo hablar de la secesión de una región. Además Cataluña goza hoy de una prosperidad y un autogobierno como jamás lo ha disfrutado en su historia. Clamar que es un pueblo sojuzgado y encadenado es una fantasía, peor una farsa que sólo interesa a unos cuantos.

Al hilo de lo anterior, habría que analizar las razones por las que se ha montado todo este lío. Habría que aplicar la pregunta que se hizo Vargas Llosa en Conversaciones en la Catedral: ¿Cuándo se j….ó el Perú?

Sospecho que la actual crisis tiene mucho que ver con la decadencia de CiU, hoy PDeCAT. Y esta decadencia no es estructural; no hay cambio socioeconómico esencial en Cataluña que motive el actual “sprint” secesionista. El motivo es circunstancial, el enorme desprestigio que sufre la derecha nacionalista catalana por la corrupción, y su correlativo, las ansias de ERC de convertirse en la nueva CiU, en la fuerza hegemónica en Cataluña.

Hago una rápida digresión sobre la educación en Cataluña. Supongo que algo ha contribuido, pero no creo que de forma sustancial. Nuestra educación no tiene el prestigio, ni la calidad como para cambiar actitudes mentales, y si no habría que recordar como estallaron los regímenes soviéticos tras muchas décadas de lavado de cerebro, o de forma más tenue, las generaciones de españoles que estudiaron el FEN y demás disciplinas imperiales sin que afectara el talante natural (y democrático) de los españoles que hizo posible la Transición.

Creo, y termino, que la causa de esta crisis no es otra que un intento de los señoritos (que lo son) de Convergencia para tapar sus vergüenzas e intentar recuperar el espacio político que han perdido con la corrupción. Las huidas hacia adelante suelen ser nefastas en todos los ámbitos, y hacen mucho daño a las sociedades (o a las empresas) que las sufren. El castigo a los totalitarios debe ser ejemplar.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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