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AUTOBIOGRAFÍA

Juan Goytisolo: Autobiografía

domingo 26 de noviembre de 2017, 18:09h
Juan Goytisolo: Autobiografía

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017. 528 páginas. 22,50 €. Libro electrónico: 14,24 €.

Por Francisco Estévez

¿Cuánto de oportunidad y de oculto significado tiene esta nueva edición de la Autobiografía de Juan Goytisolo? Para contestar con exactitud el atento lector debe revisar con atención la conveniencia de agregar a los dos volúmenes conocidos de memorias, Coto vedado (1985) y En los reinos de taifa (1986), un apéndice de seis textos posteriores y ya editados que poseen clara y relevante materia autobiográfica. Además, se debe valorar uno por uno dichos artículos. El valor unitario que desprenden y el sentido al incorporarlos a los dos volúmenes de memorias contemplados como vigentes hasta ahora. Pareciera cicatero regatear la decisión autorial a Juan Goytisolo, de excelente prosa autobiográfica, por no mencionar sus otras escrituras del yo (como pueden ser las autoficciones presentes en Paisaje después de una batalla (1982), La saga de los Marx (1993), El sitio de los sitios (1995), Las semanas del jardín. Un círculo de lectores (1982), Carajicomedia (2000) o Telón de boca (2003) donde el autor construye una imagen de sí misma a caballo entre la ficción y la realidad).

Pero cualquier selección, aumento y ordenación de material autobibliográfico implica cambios sustanciales en un orbe de tan especial y sensible escritura. Hablar de uno mismo, en definitiva, es crear una imagen analógica que falsea, en muchas ocasiones, la realidad. Como objeto literario, toda autobiografía implica un sujeto retratado que, a su vez, es quien crea la imagen. Se dispone de la distorsión entre la historia, lo comprobable documentalmente, los lapsus de memoria, intencionales o no, la selección de recuerdos, los intereses del narrador, los ocultamientos, la mayor o menor sinceridad del escritor. Ya Gadamer atendió estos particulares en los análisis sobre la escritura como discurso de la alteridad en Verdad y método (1960).

Con los añadidos presentes, esta nueva ordenación sintáctica permite aclarar el sentido final de las páginas autobiográficas del autor y su lectura en conjunto transmite con singular acierto la poderosa escritura de Juan Goytisolo. La creación de identidad sistemática basada, curiosamente, en renuncias, por ejemplo, a la lengua catalana tras la muerte de su madre, a la propia tierra (el desarraigo visto como un don precioso), el amargo desvivirse, la autodidacta formación de una cultura desordenada. El modélico arranque en párrafo genial donde traza e ironiza las genealogías propias y el presunto blasón forjado por su padre en Coto vedado (1985) y hasta la invocación final de la traición implícita que tiene reordenar a posteriori cualquier memoria o la petición de silencio que cierra En los reinos de taifa (1986) supusieron un revuelo en la España festiva que mediaba los años 80 tanto por el planteamiento, las presuntas veladuras del texto y la talla del autor.

En el primer volumen de memorias alternaban las páginas de infancia, los “años de vertical saludo e imperial lenguaje”, con otras de sincopada frecuencia, páginas de letra en cursiva que descansan la historia en rellanos reflexivos donde el autor no escamotea matiz alguno a toda la cuestión teórica de la autobiografía. Vale destacar uno de ellos que condensa buena parte de la poética de esta Autobiografía y, más allá incluso, las claves para revelar el firme aliento escritural del catalán: “Imperceptiblemente, los signos se acumulan. De forma insidiosa, irregulares, dispersos, como espaciados adrede para dificultar su lectura. No el simple deterioro físico, verificado apenas en lo cotidiano. El esfuerzo mayor exigido por cada uno de los actos y pequeños rituales del día, ni siquiera la contrariada sorpresa, instintiva rebelión derrotada del brusco enfrentamiento a la marchita juventud de tu fotografía: la irrupción más bien, en un momento de vaga felicidad irresponsable, de ese corte inopinado, brutal, que desbarata previsiones y cálculos y te abandona inerme a la conciencia de una irremediable caducidad”.

Los seis textos de apéndice se integran con acierto al feliz proyecto autobiográfico que el escritor ideara. El apéndice se abre con el estupendo capítulo del “bargueño o armario secreto de mi infancia”, en clara alusión cervantina, primero, y galdosiana, después. Allí desgrana el crucial valor en las horas tiernas de algunas lecturas íntimas. Continúa el retrato del París de los años 50 y el grupo de amistades intelectuales bajo la excusa del análisis de la figura de Guy Debord. Tras él, una encomiable defensa del papel de ciertas librerías valientes (Librarie des Éditions Espagnoles) y editoriales (Ruedo Ibérico) en los años más duros de la dictadura, y unas notas importantes sobre la relación íntima con los grandes escritores latinoamericanos contemporáneos.

Pero destaca el capítulo final. Como en toda buena autobiografía la pregunta subyacente entre líneas siempre es la misma: ¿Es la realidad o el efecto de realidad lo verdadero? Y, a todo esto, de qué lado cae la belleza artística, ese espectáculo capaz de levitarnos por su propia naturaleza. Quien deseé mayor exégesis acuda solicito al capítulo “Goytisolo, el héroe maldito de Xemáa-El Fná” del reciente libro La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción, (Pálido Fuego, 2017) de Manuel Alberca, el gran especialista en escritura memorialista, para quien Autobiografía representa “eslabón literario” a su obra madura.

La idea de finalizar su escritura autobiográfica el año 1963 respondía en aquel momento al sentido de comenzar su obra madura como escritor tras completar su identidad. Ahora, se comprende mejor el nuevo significado que con mayor penetración descubre el límite del género, crucial, que es dónde situar el punto final de la escritura al no poder llegar el propio autor a narrar su propia muerte. La lógica invita a pensar en un cierre capaz de representar una muerte simbólica.

La presencia central de Monique Lange, su esposa, en todas las memorias, concluye ahora con broche de oro en capítulo de sentido homenaje (“Ella”, de modesto pero poderoso título) en las últimas páginas de Autobiografía. La expiación de la culpa en pos de encontrar cauce idóneo a la expresión del ser y al recto pulso y trazado de su escritura. Ajustar cuentas con uno mismo si es de mano de Juan Goytisolo, desde sus propias contradicciones y exponerlas sin maquillajes, convierte Autobiografía en una obra fundamental del género en nuestra literatura.

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