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TRIBUNA

Deseos

domingo 03 de diciembre de 2017, 19:39h

El pensamiento como el deseo no delinquen. Se delinque con hechos y acciones tanto consumados como a medio consumar. En una democracia nadie está en la cárcel por sus ideas. Sí se está por el modo con que alguien pretende hacer valer su opinión. ETA pretendía conseguir la independencia de Euskal Herría mediante pistolas y bombas. Su destino es la prisión. Reconozco el derecho del pueblo a cambiar gobiernos, pero estos cambios no pueden realizarse mediante incendios, asaltos y bombas, decía el líder indio Nehru. Si quien al imponer su pensamiento o su deseo comete una vulneración de la ley o una alteración del orden constitucional, tendrá que ocupar el banquillo de los acusados ante el juez y probablemente dará con sus huesos en la cárcel.

Para decidir el destino del prófugo Puigdemont, los jueces belgas han preguntado a los jueces de aquí cómo son las prisiones españolas. Quizás los magistrados de Bélgica se imaginan aquéllas como las mazmorras en las que estuvo preso el Conde de Montecristo o las cárceles turcas descritas en El Expreso de medianoche. El sistema penitenciario español suele ser igual de inhóspito y estresante que la casa de Gran Hermano. Los españoles se preguntan cómo es posible que quienes han violado la Constitución y el propio Estatuto de Autonomía poniendo patas arriba la convivencia democrática con las graves consecuencias, especialmente económicas, derivadas de su actuación, puedan salir de la cárcel con solo manifestar con la boca pequeña que acatan el artículo 155 por imperativo legal.

Marta Rovira se inventó el cuento de que el Gobierno de Rajoy amenazó con sacar el Ejército a la calle y reprimir con tiros y muertes el movimiento independentista. Lo que realmente manifestó con su inventiva esta Anita, la fantástica del procés fue su deseo de que los hechos hubieran ocurrido tal y como ella los imaginó. Sintió una gran decepción cuando no avistó los blindados de la División Acorazada Brunete avanzar por Las Ramblas. Pataleó de rabia porque ni siquiera se ordenó desplegar a la Legión por el puerto y el aeropuerto de Barcelona. ¡Qué desengaño sintió al no hallar rastro alguno de la cabra legionaria! Entre los propios golpistas circulaba el comentario Si Rajoy saca los tanques a la calle, pierde y nosotros ganamos. ¡Deseaban tanto emular al héroe de la plaza de Tiananmen! Otro deseo del independentismo es ver colgados a los líderes de los partidos constitucionalistas. Así lo han simulado unos bárbaros colgando muñecos de un puente sobre una carretera. Al respecto, Marta Rovira no ha dicho esta boca es mía. Solo nos queda imaginar cuál es su deseo.

Viene siendo habitual entre los separatistas catalanes el desbarajuste entre el deseo y la realidad, que unido a su otra seña de identidad: el victimismo, da como resultado definitorio de su esencia la cobardía. Toda su historia está pensada con el deseo y con los pies. Y es que cobarde es el individuo que en el momento del peligro piensa con los pies.

raulmayoral.es

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