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NOVELA

Salman Rushdie: La decadencia de Nerón Golden

domingo 10 de diciembre de 2017, 16:58h
Salman Rushdie: La decadencia de Nerón Golden

Traducción de Javier Calvo. Seix Barral. Barcelona, 2017. 528 páginas. 21'90 €. Libro electrónico: 12'34 €. El escritor británico regresa a la novela con una historia que nos sumerge en la Norteamérica de los últimos años, incluida la llegada de Trump a la Casa Blanca. Crítica e ironía a ritmo de "thriller" de la mano de uno de los grandes de la narrativa actual. Por Paulo García Conde

La nueva obra de Salman Rushdie (Bombay, 1947), autor de otras anteriores tan conocidas (y, en cierto modo, celebradas) como Los versos satánicos o Hijos de la medianoche, se titula La decadencia de Nerón Golden. El título, no obstante, es algo tramposo, puesto que sin saber todavía quién es el citado hombre, la historia girará en torno a su figura para hablar de una decadencia más grande, más atroz y mucho más comprometida. La decadencia de una sociedad y de su cultura: la estadounidense. Aunque tratada de tal manera que muchas otras naciones podrían (o, quizás, deberían) sentirse identificadas. Cuanto menos, aludidas.

Nerón Golden es un magnate millonario que huye de su tierra natal con sus tres hijos y aterriza en el Nueva York que celebra la toma de posesión de Obama como presidente de los Estados Unidos. Aunque el país que han dejado atrás se supone secreto, pronto el lector descubre que es la India. Lo que tardará un poco más en conocer serán los hechos oscuros (en su totalidad) que han llevado a esta peculiar familia a querer borrar su pasado y reiniciarse en el suelo donde todos los sueños pueden cumplirse si hay suficiente dinero de por medio. Los hijos de Nerón son Petya, Apu y D (todos ellos seudónimos derivados, al igual que el de su padre, de antiguos nombres romanos). Cada uno tiene una personalidad especial, única, excéntrica. Y esto hará las delicias de René, un joven aprendiz de cineasta que ve en la llegada de sus nuevos vecinos su gran proyecto audiovisual.

Es precisamente René, hijo de un tranquilo matrimonio de profesores universitarios de origen belga afincado en un barrio residencial prominente, quien narra esta historia de decadencia. Aunque algunas voces críticas se han apresurado a comparar a este personaje con el fabuloso Nick Carraway de la extraordinaria El gran Gatsby, de Frrancis S. Fitzgerald, es necesario desmentir tal similitud.. Todo, o casi todo, en su narración parece no irreal, pero sí artificial. El objetivo de este narrador es siempre desarrollar su gran proyecto, su gran tratamiento cinematográfico, centrado en los avatares de esta extraña familia y también en los secretos que la envuelven y que poco a poco se van desvelando. Y a pesar de que el propio René termina involucrado en los hechos de manera activa, su voz nunca llega a deshacerse de esa capa de artificio que la caracteriza. En lo que cuenta todo puede ser verdad y, al mismo tiempo, arte. Y el arte no siempre es verdad, aunque de alguna manera siempre haga referencia a ella.

Lo que sí es cierto es que Rushdie aprovecha este argumento para sacar brillo a la fusta de la ironía y repartir a diestro y siniestro, sin mucho reparo. Pocos temas de controversia en la actualidad quedan sin citar. Y va más allá, porque los personajes que él pone a caminar se mojan. Hay opiniones y veredictos sobre la identidad de género, sobre el ocaso de Obama y la aparición de un bufón peligroso apodado el Jóker (y descrito con pelo color verde, aunque si se cambia esta tonalidad por una más anaranjada resulta muy sencillo entender de qué personaje real está hablando), sobre las mafias y la corrupción en el ámbito de las grandes empresas, sobre la ignorancia y la agresividad con que se encara cualquier asunto o debate, sobre todo parapetados tras las redes sociales, en torno a las grandes y pequeñas cuestiones religiosas y espirituales…

Se habla de muchas cuestiones, por las que el autor no solo quiere pasar de puntillas, sino dejar una impronta. Y ese, probablemente, sea uno de los aciertos principales de la novela. Aunque pueda desmerecer el desarrollo de la historia principal, de lo que concierne a la familia Golden, hay una intención clara y potente de querer hacer algo más que un retrato satírico e hiperbolizado de la sociedad contemporánea. Hay un ansia poco disimulada por querer meter varios dedos en distintas llagas.

De ahí que el título sea bastante engañoso. Lo que le ocurre a Nerón Golden importa, desde luego, pero no es lo principal. Incluso es más relevante, más determinante, lo que le sucede a los personajes que lo rodean. Personajes con vida propia que, aunque parezcan estar atados a lo que el magnate dicte, dan sus propios pasos con gran autonomía. Nerón es ese césar que cree ostentar el poder y al que la vida se encarga de demostrarle paso a paso lo contrario. Un emperador fácilmente hechizado por una joven, hermosa y calculadora cortesana rusa (Rushdie no se corta en utilizar estereotipos, aunque se excede de manera denigrante en lo referido a aquellos femeninos), incapaz de encaminar a sus hijos por los senderos que él cree convenientes, y burlado incluso por el propio narrador, el joven cineasta de cobardías e inseguridades que dejan en peor lugar al envejecido soberano.

Aunque la estructura elegida pueda parecerse, de manera lejana, a un thriller, el autor se permite muchas libertades que hacen pensar más bien en una historia de ficción con su propio ritmo interno, con sus propias e inimitables reglas. Cumple los requisitos mínimos para que la tensión no decaiga de manera peligrosa, y para avanzar la trama lo suficiente como para que el lector no abandone decepcionado la lectura, pero se hace muchas concesiones. Un ejemplo es el catálogo ilimitado de referencias cinematográficas. Si se evitasen estas alusiones, el libro podría contar fácilmente con cuarenta páginas menos. Pero el narrador es un cineasta en ciernes, no lo olvidemos; y el escritor fragua así su propio salvoconducto. Otro ejemplo es la mención recurrente de relatos de la mitología clásica, en un intento (esto ya no resulta tan novedoso) por comparar las antiguas tragedias griegas con las tragedias del presente.

La decadencia de Nerón Golden se convierte en una historia con mucho de fábula y mucho de retrato realista. Es una combinación que durante muchos pasajes de la novela funciona de manera letal, aunque el tono y las intenciones se puedan relajar por momentos. Salman Rushdie ha querido abordar acontecimientos tan recientes que por momentos resulta sorprendente encontrarse con ellos tratados ya en una novela. Esto podría señalarse como otro acierto, ya que la realidad avanza a pasos agigantados y es importante no dejar de agitar la fusta ante la misma. A pesar de que sus efectos puedan no tener mucho trascendencia.

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