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RELATOS

Colum McCann: Trece formas de mirar

domingo 17 de diciembre de 2017, 16:25h
Colum McCann: Trece formas de mirar

Traducción de Marta Alcaraz. Seix Barral. Barcelona. 2017. 248 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 11, 39 €.

Por Daniel González Irala

Poco antes de entregar a la imprenta este sugestivo libro de cuentos, Colum McCann -escritor irlandés formado junto a grandes narradores como Frank McCourt y con un largo periplo de premios nacionales e internacionales a sus espaldas-, sufrió un puñetazo que lo dejó inconsciente al defender a una mujer que estaba siendo atacada por su pareja. Este hecho sería puramente casual, si no fuera porque afecta a una escritura que, por ejemplo, en “Tratado” -uno de los relatos incluido en el volumen-, se vuelve catártica en tanto en cuanto reconstruye cómo una monja se entera de que un guerrillero latinoamericano que la secuestró y violó se ha convertido en un mediador de paz. Respecto a este cuento podríamos estar hablando, por lo medido de las frases y atmósferas, de un relato de terror debido al horror que narra, tan presente en Beverly -su protagonista-, como en su hermano Ian, que al reencontrarse con ella tras largos años siente que “las palabras se le escapan como si fueran lento aire perforado que le sale de los pulmones”.

Formado por una nouvelle y tres esplendorosos y bellos cuentos, el libro ya en esta primera pieza parece nacer de un aliento poético resquebrajado. En “Trece formas de mirar” se alude no solo metafóricamente a Faulkner como partidario de un pasado que retuerce el presente en principio de tono jocoso, desde la voz en monólogo interior (recurso muy practicado igualmente por su compatriota James Joyce) de un juez que juega, gracias a la investigación poético-policial (“los poetas, igual que los policías saben que la verdad cuesta: no pasa por casualidad, sino que nace del cincel y del trabajo, es fruto del tiempo, la distancia y el deslome”), a fundir y confundir las identidades de Eileen, Sally o Mendelssohn y Quinner, entre otros, montando así un rompecabezas alambicado y estructuralmente deudor de Wallace Stevens en torno a otro puñetazo. En cada uno de los capítulos de este relato más largo escrito antes del suceso, se va formando un poema de este autor norteamericano de la generación de T.S. Eliot sobre la palabra “mirlo”, que va cambiando, alterándose en el fondo y la forma, asentándose.

“Donde estás, ¿qué hora es” es un relato más breve, dividido también en trece partes que juegan a la metaficción del porqué de un cuento. El narrador debe escribir uno para un periódico y parte de la historia de Sandi, una marine afgana que en una noche fría de fin de año llama por teléfono. Obsesionarse con los motivos, inventados o no, de alguien acostumbrado a los disparos y la guerra que puede hacer que toda su vida dé la vuelta, provoca en el lector un ejercicio parecido al de los relatos del italiano Dino Buzzati, un encuentro con el ingenio y el saber hacer.

“Shjol”, que significa "huérfano" o "viudo" en ruso y que fue escogido para su publicación en The Best American Short Stories 2015, narra la adopción de Tomas por parte del matrimonio formado por la melancólica traductora dublinesa Rebecca y su marido, de andares chaplinescos, Alan. Tomas sufre una malformación genética de cuyas secuelas le ha costado salir; cuando su madre decide llevarlo al mar para que aprenda a nadar, Tomas disfruta de los farallones o isletas, pero un suceso imprevisto hará que a Rebecca “un horno de pena se le encienda dentro”.

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