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EL DESAFÍO SOBERANISTA CATALÁN MARCA LA AGENDA DE LOS PARTIDOS

2017: el golpe catalán amarga la consolidación del crecimiento económico

2017: el golpe catalán amarga la consolidación del crecimiento económico
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(Foto: Efe)
sábado 30 de diciembre de 2017, 17:02h
Rajoy presume del éxito económico, Cataluña impulsa el triunfo de Cs, el PSOE pasa del 'no es no' a apoyar el 155 y Podemos pierde fuelle. Por Javier Cámara

Definitivamente, 2017 no ha sido un buen año para el PP, que ha terminado con su peor resultado electoral de la historia en Cataluña, pero en el que el partido que sustenta el Gobierno, además, ha tenido de sortear malos momentos como consecuencia de los casos de corrupción.

Así, a los pobrísimos resultados en las pasadas elecciones del 21 de diciembre en Cataluña, en el que el PP de Xavier Albiol tan solo consiguió 4 escaños, hay que sumar fotografías como la de Mariano Rajoy declarando como testigo en el juicio de Gürtel, la del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, entrando en prisión por el caso Lezo o la de Pedro Antonio Sánchez, que tuvo que dimitir como presidente de Murcia por sus problemas con la justicia.

No terminan ahí los problemas que hacen que el PP pida un 2018 más tranquilo y con mejores noticias porque tampoco hay que olvidar la apertura de juicio contra el PP y varios trabajadores del partido por el borrado de los discos duros de los ordenadores de Luis Bárcenas. El nombre del extesorero ha seguido ligado a la corrupción y al PP, sobre todo en junio, cuando hubo de comparecer en la comisión de investigación sobre la supuesta financiación irregular del PP.

Todo esto mientras Mariano Rajoy, que se las prometía felices en febrero cuando fue ratificado como líder del partido en el congreso nacional del PP, tenía que hacer frente al desafío independentista catalán con el artículo 155 de la Constitución. La aplicación de este artículo, a la vista de los resultados en Cataluña, no parece haber favorecido la imagen del partido.

De esta forma, por todo ello el PP vive sus horas más bajas en Cataluña y, por extensión, en el resto de España. Sólo la economía le ha salvado. Como dijo este viernes el propio presidente del Gobierno, lo mejor del año 2017 ha sido la consolidación de la recuperación económica, “que cada vez se nota más en la vida de los ciudadanos”.

Tras destacar que la economía española va a crecer este año por encima del 3% por tercer año consecutivo, en tanto que será el cuarto en el que lo haga por encima de la media de la zona del euro, que se ha recuperado el nivel de PIB previo a la crisis y dos terceras partes del empleo perdido, que se han recuperado 2 millones de puestos de trabajo con el horizonte de llegar a los 20 millones de ocupados a finales de 2019 y que el objetivo es situar la tasa de paro en el 11% en 2020, Rajoy sigue temiendo la inestabilidad política en Cataluña.

Así, el partido de Rajoy espera que los buenos resultados de la economía española y la recuperación de la crisis saquen al partido de la mala racha, el CIS le da 5 puntos menos que a comienzos de año, siempre y cuando el ascenso de Ciudadanos, que sigue creciendo en la franja electoral del centro-derecha, se lo permita.

“Subidón” de Cs

Ha sido una de las noticias del año. A pesar de que su victoria –histórica– en Cataluña no permitirá a Inés Arrimadas formar Gobierno, ya que la suma de los escaños del bloque independentista consiguió mayoría absoluta, la formación que lidera Albert Rivera se ha convertido en una de las sensaciones de la arena política durante 2017 por su notable ascenso en las encuestas sobre intención de voto.

Ciudadanos también comenzó el año con la reelección de Rivera y con algunas dudas sobre el ideario político de la formación, que pasó de una definición socialdemócrata a la de un partido de centro, liberal y progresista. Los resultados dan por bueno un cambio que, si el PP no lo impide, seguirá teniendo su reflejo en próximos compromisos electorales.

Hay que recordar que, salvo imprevistos por la situación en Cataluña y cómo esto pueda repercutir en el resto de España, en 2019 habrá autonómicas, municipales y europeas, y que en 2020 esperan las elecciones generales.

En lo puramente programático, el pacto de investidura con el PP se ha visto empañado por la cuestión catalana. Además, tampoco se ha cumplido todo lo que la formación naranja habría deseado, aun así, ha logrado sacar adelante iniciativas muy importantes para ellos como la ley de autónomos, el complemento salarial, la ampliación del permiso de paternidad o la bajada del IVA cultural.

Esperaban también un giro “social” a los Presupuestos de 2017 con la exención del pago del IRPF para los "mileuristas", rebajas impositivas para las familias con discapacidad o mayores a cargo, o ayudas para los que tengan hijos de 0 a 3 años son algunas de estas iniciativas, pero, una vez más, el desafío soberanista ha obligado a posponerlos.

Pero no ha sido tan malo el procés para Ciudadanos, que ha disparado sus expectativas electorales tanto en Cataluña, como se ha visto el pasado 21D, como a nivel nacional. La última encuesta del CIS revela que la formación de Rivera crece tres puntos, hasta el 17,5%de los votos, muy cerca ya de Podemos.

Con la regeneración democrática, concretamente en la limitación de mandatos del presidente del Gobierno, mantiene ahora Cs su principal desencuentro en el pacto suscrito. Pero el último aviso a Rajoy ha sido el de este mismo viernes, en el que le recuerda que si no cumple los preacuerdos presupuestarios ya pactados, como la equiparación salarial de los policías nacionales, su partido no apoyará los Presupuestos Generales del Estado para 2018.

Del ‘no es no’ al 155

Por su parte, el PSOE cerró el año de forma muy distinta a como lo empezó. Pedro Sánchez ha mantenido un perfil de segunda fila y tan solo dando algunos discursos en la campaña para apoyar a Miquel Iceta en Cataluña, quizá para suavizar el exceso de titulares que acumuló en la primera mitad de 2017. Aun así, la polarización entre el líder y Susana Díaz ha sido una constante desde entonces.

De empezar el año sin cargo a ganar unas primarias a su eterna rival Susana Díaz, y del “no es no” y reconocer una España plurinacional a terminar apoyando a Rajoy en la aplicación del 155 en Cataluña.

Cataluña tampoco ha ido bien al PSOE porque, si bien han conseguido un escaño más que en las elecciones anteriores, en las que tuvieron el peor dato de su historia con 16 escaños, Iceta ha quedado muy por debajo de las expectativas y de lo que vaticinaban la mayoría de las encuestas.

Así, toque de atención para el secretario general del PSOE, que mantiene su proyecto de “perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado” en el marco de una reforma constitucional federal. Una idea que no comparte la presidenta andaluza, que consideró tras el Congreso Nacional la plurinacionalidad como un “error histórico”.

Desde entonces, constantes llamadas de Susana Díaz a que no se menosprecie a comunidades como la andaluza cuando se habla de derechos y fiscalidad especial para otras regiones.

El caso es que Sánchez ganó las primarias de manera abrumadora y recuperó las riendas del PSOE siete meses después de su dimisión. No parece que la calma llegara a Ferraz, donde se mantiene la tensión entre los partidarios de Sánchez y Díaz.

Y como al resto de partido, los acontecimientos en Cataluña cambiaron los planes de Sánchez para postularse como la auténtica alternativa de izquierdas al Gobierno de Rajoy hasta el punto de apoyar al Gobierno en la aplicación del artículo 155, circunstancia que mereció el reconocimiento del propio Rajoy.

Consiguió a cambio el compromiso de Rajoy para abrir la reforma constitucional una vez que se cerrara la comisión de estudio sobre el Estado autonómico, que fue impulsada por el PSOE como vía de diálogo para el problema catalán.

Podemos pierde fuelle

El año 2017 tampoco fue bueno para Podemos y Cataluña también le pasó factura. Su decepcionante resultado el 21-D le dejó sin la llave que buscaba en Cataluña y con muchas dudas sobre su credibilidad en el resto de España. Lo que sigue teniendo es una total falta de autocrítica.

Cataluña frustró unos planes que pasaban por afianzar su relación con el PSOE, redoblar su apuesta contra la corrupción y prepararse para las elecciones locales de 2019. Tampoco las diferencias internas, las purgas de los críticos y las constantes denuncias de abuso de poder del líder, Pablo Iglesias, han ayudado a la formación morada a consolidar su posición como referente de la izquierda española.

Podemos ha visto caer su apoyo electoral en las elecciones del 21D, pero también en las encuestas a nivel nacional. Pese a haber ganado las generales en Cataluña, Xavier Doménech, perdió tres escaños en las elecciones catalanas respecto a 2015 y con ellos muchas de sus posibilidades de ser el partido decisivo que esperaban.

En febrero, la asamblea de Vistalegre II dio todo el control a Iglesias relegando a un segundo plano a Íñigo Errejón, que fue sustituido como portavoz en el Congreso por Irene Montero.

De esta asamblea también salió entre gritos de unidad un Podemos más radical y se hizo importante el secretario de Organización, Pablo Echenique, en detrimento de los “errejonistas”.

Otra que se vio relegada por decir que Podemos tenía que haber hablado más para España y "no sólo a los independentistas" fue Carolina Bescansa. En nada quedó su intento de lograr armonía entre Iglesias y Errejón.

Podemos intentó recuperar la calle apoyándose en las denuncias contra la corrupción. Sonado fue su famoso “tramabús”, en el que se podían ver las caras de José María Aznar, Felipe González, Jordi Pujol, Rodrigo Rato, Luis Bárcenas, Esperanza Aguirre, Miguel Blesa, Arturo Fernández o Gerardo Díaz Ferrán.

Pero el partido ha dado la sensación de estar desgastado y hasta sus socios de IU, con Alberto Garzón a la cabeza, han reclamado una mayor visibilidad para intentar ganar terreno entre el electorado de izquierdas. Unidos Podemos intentó curar las heridas abiertas con el PSOE, pero tampoco lo consiguieron.

La moción de censura a Rajoy no sirvió para nada. Buscaron el apoyo del PSOE, pero bastante tenían los socialistas en esos momentos con dirimir quién sería su secretario general. Quizá se despertó algo la ilusión por ese pacto de izquierdas cuando en agosto lograron entrar por primera vez en un gobierno de coalición con el PSOE de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, pero tampoco se ha logrado en otras plazas.

Y mucho menos en Madrid, donde Manuela Carmena ya tiene bastante con intentar poner orden en las filas de Ahora Madrid y frenar la crisis con IU en el Ayuntamiento, y en Barcelona, con una Ada Colau que ha roto sus pactos con el PSC.

Pese a los intentos de acercamiento de Echenique, este mismo viernes, el PSOE ha dejado claro que su relación con Podemos ya no es la de “socio preferente” y ha admitido, además, que no solo no tiene “ninguna sociedad” con el partido de Pablo Iglesias, sino "más bien algún problema" derivado de la crisis territorial en Cataluña.

La colaboración de Podemos con el PSOE en el Congreso no ha pasado de meros pactos puntuales. De hecho, no han entrado en la comisión sobre el modelo territorial que fue impulsada por los socialistas porque no comulgan con el 155, que han recurrido ante el Tribunal Constitucional. Y es precisamente esto y su posición en general con la cuestión catalana lo que ha hecho que parezcan “cómplices” de los independentistas.

Tampoco han ayudado los problemas de Iglesias con el líder de Podem, Albano Dante Fachín, que se vio obligado a dimitir, con la corriente Anticapitalistas encabezada por Miguel Urbán, Teresa Rodríguez y José María González 'Kichi'. Muchas guerras internas y muy poca autocrítica. Veremos lo que depara 2018.
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