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El cambio climático no es un cuento chino

domingo 31 de diciembre de 2017, 09:47h
La Tierra, desde que se formó hace 4.500 millones de años, ha evolucionado en sucesivas eras climáticas. Ha soportado eras de glaciación de miles de años, otras de desertificación y múltiples procesos de degradación ecológica como la deforestación y la consiguiente destrucción de la fauna y la flora. Hace 65 millones de años, por ejemplo, un meteorito gigante cayó sobre la península del Yucatán y, además de provocar la extinción de los dinosaurios, hizo desaparecer buena parte de la vida de nuestro planeta al ocultarse la luz del sol por las cenizas y gases que saturaron la atmósfera. También las erupciones volcánicas han provocado catástrofes en el medio ambiente y el nivel del mar ha oscilado inundando kilómetros de costa y destruyendo todo a su paso.

Los cambios climáticos, por lo tanto, se han producido de forma natural, por la propia evolución de la Tierra mucho antes de que el hombre apareciera en el este de África hace 2 millones de años y que, además, no empezó a contaminar hasta hace 200 cuando se inició la revolución industrial. Pero desde entonces hasta hoy, el "homo sapiens" ha contribuido a contaminar la atmósfera, los océanos y el suelo con los gases de efecto invernadero,los vertidos tóxicos en los ríos y los mares y muchos otros atentados al medio ambiente.

Ya el cambio climático no obedece a efectos naturales de la evolución de nuestro planeta sino a la contaminación producida por la mano del hombre. Este año que termina ha sido el mejor ejemplo. La costa este norteamericana y las islas del Caribe han sufrido descomunales tormentas que han arrasado ciudades enteras provocando innumerables víctimas y cuantiosas pérdidas económicas. Las inundaciones asesinas también se han cebado con Filipinas hace unos días y con algunos países suramericanos y del sureste asiático hace unos meses. Y los polos se derriten a un ritmo vertiginoso originando la consiguiente subida del nivel del mar. Los expertos calculan que a este paso, en dos o tres décadas desaparecerán pueblos enteros de la costa.

En 2017, España ha sufrido la mayor sequía de su historia y el verano con temperaturas extremas se ha prolongado hasta finales de otoño. Muchos pueblos de Galicia, la región española con mayores índices de lluvia, sufren restricciones de agua. Y todas las cuencas hidrográficas de la península se encuentran en sus niveles mínimos. Las pérdidas económicas de algunos agricultores se cuentan por millones. Mientras, las grandes ciudades se hacen irrespirables envueltas en espesas nubes de gases venenosos.

No se trata de parar el progreso del mundo como pretenden algunos de los ecologistas más radicales. Se trata de que los Gobiernos tomen conciencia del riesgo y apliquen medidas como multar a las industrias más contaminantes, promocionar las energías alternativas y promover la fabricación y venta de coches eléctricos reduciendo impuestos.

Como suele ocurrir, se trata de un problema político de difícil solución, al menos de momento. Al menos mientras personajes como el presidente de la mayor potencia del mundo se mantengan en el poder. Como muestra, el último tuit de Donald Trump:"el cambio climático -dice- es un cuento chino". Y no se refiere, precisamente, a que China y Estados Unidos se encuentran entre los países más contaminantes del mundo. Se refiere a que las industrias norteamericanas van a seguir envenenando el aire a discreción sin que el hombre del copete naranja haga nada por impedirlo. O peor, retirando a Estados Unidos de las cumbres del clima que a trancas y barrancas se comprometen a intentar reducir la contaminación que amenaza al planeta.


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