www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIIENT EXPRESS

Armenia cumple cien años

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
lunes 01 de enero de 2018, 20:44h

Este año que comienza se celebra el centenario de la República de Armenia. El país es joven, pero el pueblo es muy antiguo. En el British Museum se conserva una tablilla babilonia del año 600 antes de Cristo -tiene más de veintiséis siglos- que ya muestra el territorio de Armenia justo encima de Babilonia, que aparece en el centro. Un siglo antes de nuestra era, el reino de Tigran II El Grande (140 A.C.-55 A.C.) se extendía desde el Caspio hasta el Mediterráneo y medía su poder con los partos, los seléucidas y la mismísima Roma, al frente de cuyos ejércitos marchó nada menos que Pompeyo (106 A.C.- 48 A.C.). La República tuvo que emplear a sus mejores comandantes para luchar contra Armenia y, cuando finalmente hicieron la paz, Tigran continuó en el trono como aliado de Roma. El reino de los armenios se convirtió al cristianismo en 301, es decir, antes del Edicto de Milán (313) en virtud del cual Constantino el Grande terminaba las persecuciones contra los cristianos.

El cristianismo floreció entre los armenios. Como me recordaba un amigo, desde entonces Armenia ha tenido una relación muy especial con la cruz. Desde los dos brazos que la forman, se pueden trazar todas las letras del alfabeto que ideó Mesrop Mashtots (362-440) en el año 405. Con él, se inauguró un tiempo luminoso de la cultura armenia. El viajero puede admirar en Matenadaran, la institución que atesora los manuscritos antiguos y que cuenta con más de quince siglos de vida, los libros que Armenia ha dado a la civilización universal durante más de mil quinientos años. Es el paraíso de cualquier lector, de cualquier bibliófilo y de todo humanista. Estos tesoros han sobrevivido a las guerras, las invasiones, los terremotos y hasta al Genocidio Armenio. Cuando vayan, maravíllense ante los evangelios de Echmiadzin (989) y Mugni (1060) y piensen que, mientras los monjes los transcribían, otros monjes en Santo Domingo de Silos y San Millán de la Cogolla anotaban las primeras palabras del español y el euskera. También por aquel entonces, en Al-Andalus, los poetas cultos introducían unos versos en romance para rematar sus moaxajas.

Cuando Mesrop Mashtots inventó el alfabeto, las primeras palabras escritas fueron: “Para conocer la sabiduría y la educación, para recibir las palabras del entendimiento”. Tal vez por eso, los armenios admiran la inteligencia. Uno de los deportes nacionales es el ajedrez -de aquí era el gran Tigran Petrosian (1929-1984)- y la lista de campeones, maestros y grandes maestros me parece interminable. Algo similar ocurre con los músicos. A fuerza de conocer armenios, yo ya doy por supuesto que todos tocan algún instrumento, componen, cantan o bailan, salvo que me demuestren lo contrario. Recuerdo una fiesta en que, como de la nada, sacaron unos tambores y comenzaron a bailar como si el mundo se fuese a terminar aquella noche y la salvación del universo dependiese de seguir girando, saltando y agitando los brazos para celebrar la vida.

Junto a la vida, los armenios han atravesado desiertos de muerte. Ya he escrito otras veces sobre el Genocidio Armenio y sobre el acto de justicia histórica que sería su reconocimiento por parte de España. Además, en este año se celebran cien años de vida de la República de Armenia, que significó para muchos armenios la salvación de una muerte cierta. En su corta vida, antes de quedar integrada en la Unión Soviética, la República Democrática de Armenia (1918-1920) logró derrotar a los ejércitos otomanos en tres batallas épicas: Sardarapat, Abaran y Karakilisa. La joven Armenia tuvo que enfrentarse a vecinos hostiles, a una crisis de refugiados que excedía las capacidades del nuevo Estado -más de 300.000 armenios escaparon del territorio otomano- y a la propia inestabilidad de la región tras la I Guerra Mundial: los soviets en Rusia, Azerbaiyán y Georgia, los revolucionarios turcos, etc. A la República no le quedó otro remedio que integrarse en la URSS. Quedaron sin resolver cuestiones como la de Karabaj.

Sin embargo, Armenia nunca desapareció como República. Tras la destrucción de la URSS, ganó la independencia y logró salir adelante en circunstancias dificilísimas. Este año celebra su primer centenario.

Así que ahí sigue Armenia con sus músicos, sus poetas, sus iglesias y sus libros. Se alza entre montañas exportando pescado a pesar de no tener costa, invirtiendo en educación y desarrollo tecnológico en centros como el Tumo Center for Creative Technologies y preservando la historia y el recuerdo del Genocidio Armenio en el memorial de Tsitsernakaberd. Continúan esculpiendo “khachkars” -las esculturas de piedra de lacerías y grecas maravillosas- y celebrando cada año una de mis fiestas favoritas: Vardavar, en la que todo el mundo se cala con cubos de agua. Yo la he vivido -me empaparon por primera vez según esperaba para cruzar la calle- y es un espectáculo.

Por eso este año 2018 los amigos de Armenia, quienes admiramos su cultura, su arte y su historia y confiamos mucho en su futuro, estamos de enhorabuena. La República de Armenia cumple cien años. Esta primera columna de 2018 lo celebra.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (14)    No(0)

+
0 comentarios