www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Incertidumbre en Cataluña (2ª parte)

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 04 de enero de 2018, 20:30h
Actualizado el: 04 de enero de 2018, 20:36h
La incertidumbre planea sobre Cataluña después de las elecciones.

Las elecciones, que se creyó que serían el genial resultado de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, no han cumplido la función de integrar a los partidos independentistas en el orden constitucional, como esperaba el Gobierno, y también, el Partido socialista, cuando apoyaron en el Senado ese artículo, el 27 de octubre de 2017.

El debate entre los independentistas -especialmente el que protagoniza Carles Puigdemont desde Bruselas-, con las formaciones que aprobaron la propuesta del artículo 155, sigue teniendo las mismas características de irracionalidad, falta de realismo y provocación que tenían antes de su aprobación.

Basta una prueba, el mensaje de Año Nuevo que Puigdemont emitió desde Bélgica para Cataluña. Visto lo que Puigdemont hizo cuando se aprobó el artículo 155, desde cualquier análisis lógico, el discurso del fantasmal presidente de la República catalana no servía más que para mover a risa, dada la comicidad del personaje, que lo mismo podía afirmar que él era Napoleón, una obsesión típica de los locos en las viñetas de los tebeos de hace unos años. Puigdemont no sólo justificaba hechos y decisiones suyas que están desmentidas en documentos escritos y filmados por múltiples televisiones, sino que describió una Cataluña que no existe más que en su fantasía ideológica. En su discurso de Año Nuevo no tuvo palabra alguna para los problemas verdaderos de Cataluña: la amenaza yihadista (cruelmente visible tras los atentados en Barcelona), la negativa deriva política de la economía catalana, y la profunda división existente en el pueblo catalán. Carles Puigdemont echó las culpas al “Estado español” de que no hubiese habido diálogo para que el pueblo catalán llegase naturalmente a la República que él representaba. Se dirigió a sus oyentes con una impostada e hilarante postura de infantil Jefe del Estado de comedia, ocultando que ni siquiera había logrado el primer puesto en las pasadas elecciones (la señora Arrimadas fue la más votada, con unas propuestas diametralmente contrarias a Puigdemont).

El problema para Cataluña y España no es Puigdemont, sino porqué este político de pacotilla sigue teniendo tantos adeptos en una región culta y desarrollada como es Cataluña. Es una parecida extrañeza que surgió cuando los muy sofisticados alemanes se entregaron a un personaje como Hitler, al que muchos definieron como loco, a falta de otra explicación para los desatinos y horrores que llegaron con él. Yo he encontrado respuesta en el libro de Elie Kedourie, Nacionalismo, que tradujo en 1993 mi buen amigo Juan José Solozábal. En esa sugerente y magistral obra, Kedourie analiza la influencia del romanticismo en la aparición del nacionalismo: “donde los románticos buscaban una existencia enaltecida, transformada y sobrehumana, que pudiese acabar con la vida tal como es realmente vivida; el nacionalismo es la expresión política de este deseo.”

Creo que el relativo fracaso de la aplicación del artículo 155 se debe a que no fue acompañado de un esfuerzo intelectual y cultural que deshiciese los prejuicios y las fantasías ideológicas que habían extendido los independentistas catalanes, a lo largo de años, y con fabulosas cantidades de dinero para su difusión. La enmienda que el grupo parlamentario socialista consiguió aprobar en el Senado durante el debate del 155, por el que los medios de comunicación públicos catalanes quedaban al margen de la acción estatal, en mi opinión, fue un error, fundamentalmente porque desconoció, o simuló desconocer, que las irracionales demandas de una parte de la sociedad catalana habían surgido merced a la sistemática acción de los medios de comunicación, periodistas, artistas, profesores, y todo tipo de intelectuales orgánicos del independentismo.

Pero lo importante fue que los defensores de la Constitución, en otras palabras, del Estado democrático, nunca estuvieron unidos; carecieron, por lo tanto, de un discurso común; rehuyeron hacer un debate público y parlamentario con profundidad y contundencia; prescindieron de la sociedad civil y de los muchos que pensaban y escribían sobre la grave desviación de la opinión pública catalana; en suma, no hubo nunca un cálculo del tiempo político más allá de sus intereses electorales. De esas carencias, escribiré el próximo artículo, empezando por el debate en el Senado, ahora que el Tribunal Constitucional quiere establecer criterios para la aprobación del artículo 155.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios